Iduvina Hernández

En la PDH, más que reelección, rendición de cuentas

En el transcurso de la semana que concluye, la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de la República, dio el banderazo de salida a la designación del nuevo o nueva titular de la Procuraduría de Derechos Humanos –PDH.

Quien resulte designado o designada, habrá de conducir los destinos de la entidad por los próximos cinco años, luego de una década en manos de Sergio Morales.

Según informaciones de prensa así como indicios por acciones políticas, mediáticas y movimientos de cabildeo en el Congreso, Morales tiene toda la intención de correr, figurativamente hablando, para lograr un tercer período como Procurador. Intención que choca frontalmente con el manifiesto fracaso de su labor en la etapa final de su primer mandato y la totalidad del segundo.

Enfocado en construir un aparato institucional correspondiente con su ego y ambición de culto a la personalidad, Morales ha generado una práctica y cultura organizacional en la PDH, basado en el nepotismo, el compadrazgo, la compra de voluntades y la corrupción. Todas ellas, prácticas inaceptables en el ejercicio de cualquier función pública o privada y menos aún en una instancia llamada a velar por la protección de las libertades y garantías más importantes para cualquier sociedad: la tutela de los Derechos Humanos.

Cegado por el hambre de poder y protagonismo, el titular de la PDH ha confundido la acción educativa en Derechos Humanos, por el desplegado de su figura en vallas gigantescas llamando al voto en época electoral o promoviendo, cuando ya finaliza su segundo período, una agenda de derechos humanos que no ha sido presentada. En cambio, guarda silencio vergonzante cuando las libertades y garantías son vulneradas, a menos que con la declaración que emita pueda obtener réditos en favor de su interés.

De allí que, mientras en el Congreso se fraguaba modificaciones a la Ley de Acceso a la Información Pública, encaminadas a cercenar el objeto de dicha norma, la PDH y su titular guardaron silencio y permanecieron ajenos a la acción que logró, por el momento, detener dicha pretensión. De igual forma, a una semana de que se ha cometido un abusivo acto de censura, al impedir la realización de un programa de radio que cuestionaba el contenido y motivaciones de una campaña publicitaria, la PDH sigue muda y sin moverse. Como muda ha permanecido en numerosas acciones que vulneran las garantías que debe tutelar.

Si a lo anterior se suman las denuncias que han realizado diversas personas que han estado vinculadas a la entidad, relativas al uso abusivo de los recursos, así como el riesgo de sufrir acoso sexual y hostigamiento laboral, el cuadro no pinta positivo para que la sociedad acepte un tercer período en la PDH. Como tampoco es aceptable que la Comisión de Derechos Humanos del legislativo, actúe con opacidad y mueva las piezas favoreciendo las intenciones del actual titular por reelegirse o la de cualquier candidatura que no reúna las cualidades idóneas para dicha posición.

En el tintero ha permanecido la investigación al respecto del secuestro y golpiza a la exesposa del actual titular de la PDH, pese a señalamientos, en voz baja, de un eventual involucramiento o compromiso de este con dicho atropello. Como en silencio han permanecido las razones por las cuales varias agencias de cooperación han cancelado sus respaldos a la entidad. Silencio que también acompañó al acto que llevó a la mutilación del primer informe de hallazgos en el archivo histórico de la Policía Nacional, cuando este fue conducido por el actual Procurador.

De manera que, estando a las puertas de que el proceso de designación de la terna avance, es menester que previo a conocer la eventual candidatura de su actual comisionado, la sala legislativa de Derechos Humanos haga una evaluación exhaustiva de la gestión de Sergio Morales y le obligue a rendir cuentas ante la sociedad, por un desempeño mediocre y plagado de irregularidades.


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