Lisardo Bolaños Fletes

La PMT y nosotros

Cuando nos encontramos detrás del volante, en alguna de las calles de los municipios de nuestra metrópoli, nos suelen venir a la cabeza una gran cantidad de preguntas.

¿En qué está pensando el policía municipal que está guiando el tráfico? ¿Por qué decide detener durante tanto tiempo esta calle? ¿Acaso no ve la espera que está generando? ¿Acaso sólo sirve para generar más tráfico?

Si queremos realmente resolver el problema del tráfico en la metrópoli, tendríamos que hablar de resolver temas en los cuales la PMT está muy poco relacionada: a) la creciente densidad poblacional de la ciudad y sus alrededores; b) la insuficiente oferta de transporte público de calidad; c) el creciente número de automóviles, muchos de ellos en malas condiciones; d) la infraestructura vial, muy deteriorada en varios sectores, y muchas veces construida de manera deficiente; y, e) la falta de educación vial por parte de los conductores y peatones, lo cual dificulta aún más que el sistema de tránsito funcione, entre otras.

Ante este escenario, con mis alumnos en la Universidad nos hemos preguntado, ¿cuál es el objetivo de la Policía Municipal de Tránsito? Y, una vez identificado, ¿qué puede hacerse para que cumpla de mejor manera su función? Cabe advertir que esta no es una pregunta de tipo legal, sino que va orientada a comprender qué problema, en la práctica, es que terminan resolviendo.

En clase me he aventurado a decir que el gran objetivo que busca la PMT es el ordenamiento vehicular. El problema es que esta misión es difícil (costosa) de medir. ¿Cómo sabemos si la PMT está siendo exitosa en su objetivo? No tenemos mapas satélites que nos den una imagen en tiempo real del flujo vehicular y de dónde se están generando los problemas. Como conductores, apenas podemos ver lo que sucede en nuestro vehículo. Y, por más tecnología que las Municipalidades pongan, no tendrán una visión panorámica y completa de lo que está ocurriendo.

Sin embargo, sí podríamos llegar a saber si logra cumplir con algunas metas puntuales. Por ejemplo, sí podríamos saber el tiempo que tarda en llegar a un accidente para ordenar el tránsito en una arteria principal, o la cantidad de carros descompuestos que han sacado de las vías principales, o la cantidad de infracciones que ha puesto a personas que no utilizan sus pide-vías. Son medidas imperfectas de orden, pero dan una idea aproximada.

Ahora bien, que una entidad pública tenga una misión importante y que no sea fácil de medir es algo común y no es necesariamente algo malo. Otro ejemplo sería los programas de reinserción social: podemos ver que los psicólogos están trabajando con los jóvenes que han cometido crímenes, pero no se puede verificar fácilmente que se están logrando los resultados esperados.

Lo que usualmente recomienda la literatura en estos casos es que, si queremos que los agentes de la PMT cumplan su misión lo mejor posible, debe ponerse mucha atención al desarrollo de estándares profesionales. Es decir, se presta atención a buenas prácticas internacionales desarrolladas para resolver problemas. Así como también se generan mecanismos que permitan desarrollar una fuerte ética profesional.


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