Itziar Sagone

Un suspiro

Comienza un nuevo año, un año lleno de controversias pero sobre todo de ilusiones. De política, esta vez no quiero hablar, no hace falta, ya todos lo hacen. Me gustaría más escribir del amor, de la esperanza.

Este año ha comenzado para mí con el anuncio de un nuevo miembro del planeta Tierra, un niño que nacerá en septiembre –según mis cálculos–, un niño que no es mío, he de aclarar, pero que me ha hecho reflexionar sobre la vida y especialmente, sobre la amistad y el ser mujer.

Las mujeres mías estamos solas, en el mejor sentido de la palabra. Solas en la toma de decisiones, solas en la ejecución de nuestras vidas. Hemos decidido hacer sin esperar a que nos den permiso, hemos procurado nuestras vidas sin importar el costo de ello. Le damos la espalda a las situaciones que nos disminuyen, a pesar de lo complejo que implica estar solas. Para nosotras levantarnos cada mañana a hacer lo nuestro es un regalo y un conflicto. El simple hecho de saber que de nosotras depende alimentarnos y alimentar a nuestros hijos es una fortuna, por pesado que se nos vuelva a veces.

Al correr de los años, Guatemala, la mujercita morena que nos acuna, nos ha enseñado a todas que aunque cuesta, la vida es bella. Los amaneceres en esta tierra son mágicos, llenos de energía, colmados de trabajo y cosas por hacer. Por aquí han pasado grandes mujeres que nos han abierto la brecha, mujeres como Rina Lazo, Alaide Foppa, Magaly Rey Rosa, Iduvina Hernández, Ana María Cofiño, Lucía Escobar o Rosa Chávez,  tantas más que han hecho de su vida un ejemplo, un viaje. Mujeres que nos han enseñado a ser sinceras, a saber discernir. A tomar nuestras propias decisiones con las implicaciones que esto representa.

Hoy quiero darle la bienvenida no solo a este, sino a cientos de niños que han estado o estarán en el discernimiento de sus madres. Quiero darle la bienvenida a un nuevo futuro en el que paso a paso, como lo hacemos las mujeres, las cosas se van poniendo en su sitio. A un futuro que hemos diseñado a partir de nuestras lágrimas, responsabilidades y decisiones.  Le doy la bienvenida a un nuevo mañana lleno de alegría y bienaventuranza. Quiero dar las gracias también a esta Madre, la Madre Tierra, la Madre Protectora, por qué no a la Guadalupita o a la esposa de Maximón, por mantener nuestra energía íntegra, pura, llena de amor y fortaleza para seguir luchando por el derecho a decidir, a ser mujer y madre.


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