Al final del encuentro, la victoria contra el Racing de Santander toma un segundo plano si lo comparamos con el significado que lleva dicha camisola. Estas camisas blancas eran portadas orgullosamente por todos los jugadores y simplemente decían ¨Por la Paz¨. Claro que al empezar el encuentro se las cambiaron ya que debían jugar con su tradicional camiseta azulgrana, porque estos jugadores naturalmente pertenecían al equipo del Futbol Club Barcelona. Jugando en la ciudad condal y siendo fieles a su centenaria tradición, se habían convertido en la única institución deportiva profesional del mundo que por medio de este acto simbólico, le hacía saber al mundo su repudio y rechazo a la Guerra de Irak, la cual había dado inicio solo tres días antes y posteriormente sería calificada de ilegal por la Naciones Unidas.
Y es que a lo largo de sus 112 años de historia, el ¨Barsa¨, como popularmente se le conoce, se ha caracterizado por su total compromiso con las causas justas y solidarias. Durante cuatro décadas fue víctima de la persecución del franquismo en España por defender la cultura y lengua catalana. Algunas piedras de la Sierra de Guadarrama en Castilla seguramente recuerdan aquel 6 de agosto de 1936 cuando Josep Sunyol, en ese entonces presidente del club, cayó abatido por una ráfaga de un pelotón de fusilamiento franquista, que lo halló culpable de ser un nacionalista catalán. También pueden dar fe las miles de personas que durante esas décadas acudían al viejo campo de ¨Les Corts¨ y luego al monumental Camp Nou , los cuales eran los únicos lugares en donde podían ondear la ¨senyera¨ la tradicional bandera catalana y en donde podían hablar en su lengua materna.
Cuando la democracia retornó a España, el Barsa siguió fiel a sus valores universales de justicia y solidaridad, como lo demuestran el acto de protesta mencionado al principio de este artículo y su total compromiso y apoyo económico a UNICEF, institución que vela por la promoción de los niños y la protección de sus derechos.
Si bien el Barsa es reconocido mundialmente como el representante de la catalanidad, siempre me ha llamado la atención el hecho que al mismo tiempo promocione la universalidad. Fundado por un suizo de Basilea, prácticamente reinventada por un holandés de Ámsterdam (quien se negó a principios del 74 a bautizar a su hijo como Jorge y tuvo que inscribirlo en Holanda como Jordi) y llevada de la mano de un humilde argentino de Rosario a cumbres impensadas de gloria deportiva. Esta magnifica institución recibe en su seno con los mismos derechos y obligaciones a socios de todo el planeta, sin distinción de raza, etnia, religión o condición social.
Por eso, el Barsa es mi pasión y por eso es més (más) que un club.









