Karina García Ruano

Mesas de monólogos

Durante las últimas semanas he seguido los medios de información en noticias, entrevistas y programas de análisis con diferentes personajes políticos que tomarán los puestos en el gobierno y legislativo a partir de enero.

Entre la diversidad de actores, carteras y temas se repite el vocablo “diálogo”. Si uno sacara conclusión de todo lo que escucha de los políticos, todo se arregla con esta palabrita. Desde ministerio de ambiente hasta lo fiscal, además de alcaldías, comisiones legislativas y todo lo que quepa en medio. Y de todas las formas y técnicas para llevarlo a cabo, parece que la favorita son las mesas de diálogo. Sin embargo, dos cabos quedan sueltos: cómo se hace y en qué se traduce.

Paso a los ejemplos. Entrevistados de diferentes sectores de la Mesa de Desarrollo Rural difieren en todo lo que han “dialogado” en la mesa instituida con este fin durante ya tres diferentes gobiernos, menos en una cosa: no ha servido de nada más que para polarizar sus posturas y para reducir la credibilidad en los actores, las instituciones y la misma mesa. Otros participantes de otras mesas confirman el patrón que poco a poco va convirtiéndose en parte del sistema: los integrantes llegan a pelearse (aun los que representan el mismo sector), nadie confía en nadie, al final no concluyen en algo significativo y no se traduce en nada concreto. Dicho de otra forma, son más bien mesas de monólogos apagafuegos sin ninguna trascendencia. En sus palabras, se usan sólo para “dorar la píldora” y “bajar el mosh”. Nada más. De esta manera, lo único que se está logrando es desprestigiar el significado y el poder de esta actividad que si se respetara y practicara efectivamente, sería equivalente a gobernabilidad y no de todo lo contrario como hasta ahora.

Los nuevos gestores, gobernantes y legisladores que asuman en enero deben entender que ya no se puede seguir manoseando el término diálogo y que sus interlocutores ya no se tragan el cuento de que “tenemos voz y voto” y que con eso basta. Sí es un avance que se tenga ambos, las recientes elecciones, incremento en organización social y movilización de sociedad civil son un avance en ese sentido. Pero ya no es suficiente. Ahora se necesita pasar de tener voz a que se escuchen esas voces. A que se vea en decisiones concretas que así es. Si los gobernantes entrantes quieren tener aunque sea una poca de gobernabilidad van a tener que aprender a dialogar y más importante aun, a negociar genuinamente. Ídem para las élites económicas. Aunque sea a goteros y a regañadientes. El tema minería, el agujero fiscal, la seguridad alimentaria y el desarrollo rural (entre otros) los esperan en la puerta. Igual que la presión de los pobladores locales y los ojos de los actores internacionales, la prensa y academia que cada vez cierra filas para exigir compromiso y bienestar. El monólogo sirve solo para montajes y escenarios de teatro. La realidad requiere mucho más.


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