En aquel momento, el ministro de Energía y Minas Carlos Meany reveló datos indicando que dichos pozos producían 700 mil barriles diarios de queroseno crudo y que la empresa explotadora inyectaría, –en apoyo a la matriz energética del país–, 770 millones de dólares, lo que significa una bicoca de más de seis mil millones de quetzales.
Los guatemaltecos de a pie sabemos que Guatemala es un país productor de petróleo y más allá de que hay unos doce pozos entre Petén, Fray Bartolomé de las Casas, Chisec y Cobán que generan más de 15 mil barriles diarios de crudo, no sabemos más.
El oleoducto, a flor de tierra, puede verse a la orilla de la carretera cuando se viaja de Chisec a Fray Bartolomé de las Casas y, en todo el trayecto, especialmente cuando se pasa por Raxruhá, puede contrastarse la extrema pobreza asentada alrededor de la enorme cañería. Niños con su barriguita regordeta atascada de lombrices pasan los días mustios y hambrientos sentados sobre la tubería que conduce la riqueza que –cuando menos en parte– legítimamente habría de corresponderles.
¿Sabe alguien cuánto dinero le genera a Guatemala este petróleo? ¿A qué parte de las arcas del erario nacional va a parar? Porque, 15 mil barriles diarios de petróleo a 95 dólares el barril significan un millón 425 mil dólares diarios. Por supuesto, no todo el dinero tendría que ser para el Estado. Hay gastos de inversión, operaciones, salarios, etc. Pero, ¿cuánto significan las regalías para nosotros?
Tuve un amigo a quien hace ochos años le ayudé a llegar al Congreso como diputado. Le pedí como única condición para brindarle mi apoyo “volarle ojo” al tema energético. Recién instalado como “padre (¿?) de la patria” visitó la Laguna del Tigre y volvió terriblemente abatido. Me dijo textualmente: “¡Es un desastre ecológico! ¡Olor a azufre por todos lados, contaminación ambiental, insalubridad… todo se está perdiendo!” No tuve tiempo de preguntarle a qué se refería con todo. Y me consta, comenzó a alzar la voz. Semanas más tarde me contó que en el helicóptero de una empresa lo llevarían a dar un paseo por los pozos y desde ese momento comprendí que aquel amigo no lo sería más. Al volver del dichoso recorrido, el mejor panegirista de la Grecia antigua alabando la divinidad del emperador no se le habría comparado en su oratoria a favor de los empresarios petroleros.
Sabemos por noticias de pasillo que el petróleo de Fray Bartolomé de las Casas es uno de los mejores del mundo. Algo de ello me contaron en Venezuela el año 2007. Pero, si pudiéramos calificar la calidad del crudo por los índices de desarrollo de los lugares de donde es extraído, estaría codificado como uno de los peores. Aquel municipio cada vez está peor en salubridad, mortalidad materno-infantil, desnutrición, analfabetismo, etc.
Un personaje de la vida pública de Alta Verapaz entró en ruta de colisión con mi persona al decir en un foro histórico que “los alemanes habían traído la civilización y la riqueza a la Alta Verapaz porque cuando comenzaron a exportar el café para Europa algunos ranchos comenzaron a tener techo de lámina y no de paja”. Así como se lee fue la paja que dijo. Después de recorrer las vías del oleoducto que bien podría ser nuestra Vía Dolorosa, yo denuncio: Con el petróleo, ni ranchos ni paja.









