Posteriormente se ha utilizado este término para referirse a todos aquellos aditamentos o situaciones que supuestamente aportan a conseguir esa elegancia y sofisticación, permitiendo en la vorágine consumista que nos arropa en esta época, una distinción personal dentro de los grupos sociales y su correspondiente caja de resonancia en medios.
Desde hace muchos años, los abuelos sentenciaron que aunque la mona se vista de seda, mona se queda; y Nietzsche en Así hablaba Zaratustra nos dejaba claros que solo el feo busca adornos. Pero no solo los monos y los feos promueven el glamur, también los corruptos y esto con disculpas de los glamurosos y glamurosas a quienes puede lucirles y tienen suficientes recursos para pagarse su elegancia y sofisticación si ese fuera el caso.
Ahora nace una cultura que puede haberse hecho popular o masiva desde el “Cartel de los Sapos”, pero que nos trae a la memoria la década de los años treinta durante la prohibición del alcohol en Estados Unidos (si pueden vean la serie de HBO “El imperio del contrabando”), las excentricidades de los dictadores más crueles, la popularidad de la cocaína y el auge de Studio 54 en New York y muchos otros momentos históricos que se corresponden con las nuevas mafias, nuevos lujos, vicios y extravagancias.
Sin lugar a duda, no hay que recorrer mucho espacio o tiempo para recoger nuestra propia experiencia de nuevos glamurosos, la necesidad de mostrar lujos y formas de poder mal entendido es el primer gesto que traiciona y descubre al que está metido en negocios turbios; atrás de eso viene lo caro de los vicios y la pérdida de perspectiva, ya que estas carreras locas parecen para el protagonista que no tendrán final, el problema es que sí tienen y sin discutir cuánto dura la carrera, los finales siempre son abruptos.
Desde las fiestas de los hijos de Trujillo en el marco de la dictadura y el Caribe, hasta las de Berlusconi en el marco de las nuevas democracias y el Mediterráneo, los lujos y despilfarros marcan el paso de las corruptelas y los crímenes; es el hedor que acompaña la gangrena, o sea que hay que ponerle mucho ojo al nivel de glamur al que aspiran las personas, parece existir una relación directamente proporcional entre este nivel y su riesgo de corromperse.
Cuidado ante todo con el chico plástico, como dijo Rubén Blades, “ese que veo por ahí, con la peinilla en la mano y cara de Yo no fui; de los que por tema de conversación, discuten que marca de carro es mejor, de los que prefieren el no comer por las apariencias que hay que tener, andar elegantes y así poder, una chica plástica recoger”; este cerca del cofre o el arma es el peor elemento humano para la sociedad.
¿Y por qué mucha gente sigue persiguiendo lujos y elegancia que casi siempre no le lucen?, quizás sea por lo que enseña el filósofo zacapaneco asentado en El Rancho (don Luis Titus Barrientos) “el dinero le quita a uno hasta lo tonto, ya no digamos lo feo”.









