No saben por qué se llevaron a Manuel, a lo mejor como garantía de que no los van a denunciar.
“Nos dejaron sin nada” dice Nidia. Ella también temió por su vida, perdió la cuenta de cuantos hombre eran en su miedo de que pudieran violarla, gracias a Dios no fue así. Nidia tiene apenas 17 años y ya vive un hecho de violencia que sin duda marcará su vida.
Su hermano solo tiene 18 años, ella dice que es un estudiante ejemplar, hasta se llevaron su mochila con sus útiles, y se pregunta para qué les puede servir a sus secuestradores.
Como cualquier guatemalteco víctima de violencia, la familia de Manuel debe obtener justicia, debe ser resarcido por tal vejamen, a pesar de que esa noche del secuestro fue el día del amor, el 14 de febrero de 1984.
Hoy don Manuel tiene 82 años, su rostro está lleno de arrugas y su piel es frágil. A pesar de que su cuerpo ya se ha encorvado aún tiene la fortaleza para andar y luchar por recuperar los restos de su hijo.
Don Manuel y Nidia se sintieron esperanzados el pasado martes cuando los antropólogos de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala anunciaron que habían logrado identificar a dos víctimas que aparecen en el Diario Militar. Ese documento histórico que lista a 183 personas que habrían sido desaparecidas y asesinadas y en los años ochenta, la época más cruenta de la guerra.
Manuel aparece como el número X65 en el Diario Militar, allí dice que tenía el alias de Moisés y que era miembro del Ejército Guerrillero de los Pobres, EGP, una de las cuatro organizaciones guerrilleras. La familia dice que Manuel no era guerrillero pero sí líder estudiantil.
El Diario Militar contenía varios códigos que significaban muerte como 120V, 300 o “se fue con Pancho”. A la par de la ficha asignada a Manuel aparece el número 300 y la fecha de 06-03-84, habrían pasado 21 días entre su captura y su asesinato.
Nidia me explicó que su hermano estaba a punto de graduarse, que quería ser médico pero como era de escasos recursos, como hasta hoy, habían pensado hacer una panadería y estaban construyendo un horno en su casa, “ese proyecto se quedó allí, el horno nunca se terminó” me dijo.
A las y los detenidos-desaparecidos de la época no les dieron ni la oportunidad de tener un juicio justo que determinara si habían o no cometido algún delito. Hoy esa posibilidad sí la tienen aquellos que son acusados de crímenes de lesa humanidad.
Los hallazgos de la FAFG evidencian de una forma clara la política y los procedimientos que el Estado y sus autoridades ejercían entonces. Aquí no hay vuelta de hoja, este hallazgo se convierte en evidencia irrefutable de la forma de operar entre los cuerpos de seguridad de entonces contra la población civil, especialmente contra líderes sindicales y estudiantiles, entre otros.
Espero que don Manuel pueda encontrar pronto a su hijo y tener un lugar a donde llevarle flores, hablarle y poder ver con sus ojos cansados la justicia que tanto espera.









