Gabriela Carrera

Revolución y siempre un dinosaurio

El 20 de Octubre es siempre un momento para hacer cuentas en el país. De la Revolución de 1944 ya quedó muy poco, tal vez una nostalgia por lo que pudo haber sido y la democracia en la que estaríamos viviendo hoy en día.

Lejos estamos de tener un lúcido Juan Jacobo Árbenz que sabía muy bien que lo que necesitaba Guatemala era un plan económico que trascendiera su período gubernamental.  Estaba seguro, como estamos muchos ahora, que la ganancia sigue quedando en pocas manos y el trabajo en muchas espaldas.

Las críticas al gobierno de Árbenz y sus políticas “comunistas” son aún discutidas y en varios casos, mal comprendidas. Todos tienen algo que decir en contra de la Reforma Agraria que impulsó, pero si revisamos qué tierras serían expropiadas (sólo aquellos terrenos no cultivados que fueran superiores a 272 hectáreas en  fincas aún más grandes, la tierra ociosa que estuviera entre 90 y 272 hectáreas sólo si menos de dos tercios del resto de la finca estaban cultivadas, mientras que las fincas menores de 90 hectáreas no serían tocadas), y cómo serían entregadas a campesinos, tendríamos menos prejuicios a la hora de satanizar a Árbenz.

Estaríamos orgullosos de alguien que pensaba que la Reforma Agraria era solo un elemento de un plan mucho más abarcador. Guatemala necesitaba en ese momento, toda una estrategia de vías  de comunicación que pusiera precios razonables a los productos agrícolas para transportarlos a los puertos marítimos de dónde saldrían al mercado mundial y que permitiera que se potencializara el mercado interno en Guatemala. Para ese entonces solo existía una red ferroviaria en el país y era estadounidense, así como tres de los puertos más importantes del país. Al único cliente que le hacía precio especial la empresa “Ferrocarriles de Centroamérica” era a la United Fruit Company.  Eso es puro apoyo entre paisanos.

Este 20 de Octubre, el Grupo Integeneracional cumplió tres años. Trabajamos un pequeño comunicado que pueden ustedes leer en el Facebook del grupo. En él, Juan Carlos Pensamiento compartió con nosotros la manera en la que él comprendía ese famoso cuento de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”. La manera en cómo Pensamiento nos presenta a una Guatemala con el calzón abajo, y la monstruosidad de una realidad que nos sigue despertando cada día, no puede ser más exacta. El  monstruo no es más que la suma de políticos corruptos, de una élite económica nacional que no logra comprender que sus éxitos son parte de la desgracia nacional, de  la violencia estructural que ha cobrado dimensiones escalofriantes personificadas en la cantidad de niños desnutridos… Y el monstruo es tan antiguo en Guatemala que se ha convertido en un dinosaurio que no hemos logrado convertir en fósil y en historia.

Hay tareas pendientes, y aunque el plan de Árbenz ya no encaja con la situación actual del país, bien valdría que recuperáramos un poco de la dignidad que tenemos como herencia de ese tiempo. Dignidad que nos permitiría plantear un Estado que estuviera al servicio de su población.   


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