Karina García Ruano

De indignaciones y revoluciones

“No es con resignación sino con la capacidad de indignación con que nos reafirmamos para transformar el mundo”, dijo el inspirador pedagogo brasileño Paulo Freire en uno de sus tratados para liberar nuestras sociedades latinoamericanas de la opresión.

Sentirnos indignados es observar lo que pasa a nuestro alrededor y sentirnos tocados, conmovidos y movidos a hacer algo más.

Por una vez en mucho tiempo –y a pesar de nuestros pesares locales que nunca paran–, darle un vistazo a los periódicos del mundo el fin de semana llenaba el vaso de esperanza que a veces uno siente a punto de vaciarse por completo. Miles de personas alrededor del mundo salieron a manifestar su inconformidad a las calles. Más allá de los textos, las fotografías de las notas son “con-movedoras”.  El movimiento social iniciado en Madrid 15M tomó justamente el adjetivo “indignados” para bautizar la movilización que inició con jóvenes en las redes sociales pidiendo más acceso a oportunidades laborales, y se extendió el pasado sábado por un centenar de países. Las quejas y peticiones eran diversas pero con puntos comunes: respuesta de las élites económicas y políticas responsables de la crisis actual, atención a la educación, a los jóvenes, a los grupos más desprovistos en la sociedad.

En nuestro país no se reportó participación masiva, pero quienes asistieron a la Plaza de la Constitución dijeron sentirse “conectados por un mundo mejor” (Plaza Pública, 10/16/11). Otra columnista (Marcela Gereda, elPeriódico, 10/17/11) cita su experiencia recordando la pequeña hija de un vendedor de granizadas llevando un cartel que decía “somos el 99%”. No sólo la imagen descrita mueve, sino el símbolo del cartel que sugiere que somos mayoría. Que “somos”.

Claro que quienes no quieren que nada cambie, que están cómodos en su sitio privilegiado de poder, le apuestan a lo contrario, a mantenernos separados y desesperanzados. Por eso gozan polarizándonos, haciéndonos creer que ser pobres o ricos es estar en bandos contrarios. Pero no ven que la sociedad está girando a un nuevo orden. En esta nueva sociedad de redes, el poder ya no habita en instituciones, sino en la capacidad de organizar y conectar con redes de personas alrededor de ideas, valores y proyectos. Ahí se gestan los verdaderos cambios. Con aquellos que se indignen y se muevan a hacer algo. Usando redes sociales no solo para coleccionar amigos y colgar fotos. También para organizar marchas y ocupar las plazas.

Hace unos días vi una entrevista en CNN con el tema de la “petición de perdón” del gobierno de Guatemala a la familia del expresidente Arbenz en el Día de la Revolución. La nieta del exmandatario manifestó que la familia “está contenta y satisfecha con este acuerdo”. ¡Contenta y satisfecha! Luego de más de cinco décadas en las que se hizo caso omiso a la petición interpuesta a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Luego que por más de medio siglo se ha ocultado y tergiversado la historia. Sin pretender demeritar el que se haya logrado el desagravio, debo confesar que me hubiera encantado en lugar de las declaraciones de “satisfacción”, ver a esa joven encabezar una gran marcha de indignación, reivindicando que los guatemaltecos, y especialmente los jóvenes, no permitiremos que situaciones similares vuelvan a suceder en nuestro país. Nunca más.

“Yo sueño con un país, y con una América Latina donde se organicen muchas marchas, la de los sin tierra, y también la de los que no pueden ir a la escuela, y la marcha de los discriminados, la de los que intentan amar y no pudieron, la marcha de los que intentaron ser y no lo consiguieron”.  P. Freire


Recomendados