Los recursos derivados del canje se administran localmente bajo la figura del Fondo parala Conservaciónde Bosques Tropicales de Guatemala –FCA. Junto al Consejo Nacional de Áreas Protegidas –CONAP–, la Agencia de los Estados Unidos Para el Desarrollo Internacional –USAID–, The Nature Conservancy –TNC– y Conservación Internacional –CI–; IARNA-URL participa en la conducción del Fondo. A tres años de su constitución y operación formal, vale la pena destacar dos elementos que dan el contexto al FCA y orientan su accionar.
Primero, es importante indicar que mientras mejores capacidades tenemos para estudiar nuestro patrimonio natural y las relaciones reciprocas entre este y nuestra sociedad, más certeza tenemos acerca de lo profundo de la insostenibilidad de nuestro desarrollo. En efecto, la evidencia muestra que nuestro modelo de desarrollo, caracterizado por un privilegio irrestricto a actividades productivas que no han internalizado principios elementales de protección ambiental, ha conducido, entre otros aspectos, a profundizar la brecha de desigualdades entre los guatemaltecos y al incremento de nuestra vulnerabilidad, en buena medida, derivada de la degradación, agotamiento y contaminación de la naturaleza. A este contexto se suman ahora las amenazas inducidas por el cambio climático global.
Segundo, es preciso reconocer que esta realidad se ha fraguado bajo la tenue luz de una débil institucionalidad pública que ha tenido, en consecuencia, profundas dificultades para regular las relaciones entre las dimensiones socioeconómica y ambiental de nuestro sistema país. Estamos pues, frente a un escenario que demanda un cambio radical en las instituciones políticas del país y sobre todo, en la forma en la que estas valoran y protegen el patrimonio natural, base de la vida en todas sus formas y del desarrollo social. Esta valoración política de la naturaleza debe conducir a replantear nuestra institucionalidad ambiental, plataforma sobre la cual, deberán, más temprano que tarde, impulsarse esquemas y procesos de gestión territorial que enfrenten las causas estructurales del deterioro ambiental y reviertan sus trayectorias.
Estos esquemas y procesos de gestión socio ambiental, no solo deben ser ejemplares sino que, en alianzas efectivas con otras iniciativas complementarias y sinérgicas, deben ser capaces de impactar grandes paisajes y masas críticas de ciudadanos que viven dentro y alrededor de espacios naturales excepcionales, y lograr que los progresos alcanzados perduren en el tiempo.
Es bajo este espíritu y expectativa de trabajo que se ha conceptualizado, diseñado y puesto en marcha del Fondo de Conservación de Bosques (FCA). Los recursos financieros disponibles, que resultan escasos frente a la inmensidad y complejidad de los desafíos del desarrollo en nuestro país, se han aplicado procurando mejorar realidades territoriales concretas. Ha sido necesario, en no pocos casos, fortalecer procesos y estructuras sin los cuales, esas mejoras no serían posibles. Trabajando con más de 10 organizaciones en torno de 20 proyectos en los últimos tres años, el FCA busca que los recursos del Fondo, más allá de su dimensión, sean percibidos como gratos y oportunos aportes para encarar grandes desafíos en un país de formidables atributos naturales de beneficio global.









