Todavía la recuerdo aquel día, unos 20 años atrás, cuando pálida y temblorosa se subió a la cima de un árbol, venciendo su propio miedo, sólo para darme alcance y ayudarme a bajar salvo y sano.
Ay, cuánto voy a extrañarla en las noches, cuando al regresar a casa, no la encuentre dormida en el sofá, esperando a que yo aparezca. Y con voz pastosa diciéndome su reclamo de siempre -Menos mal que eres hijo único, no soportaría pasar por esto otra vez.
A mi padre nunca lo conocí y tampoco me hace falta. Mi madre me contó que se amaron con locura. Me dijo que los mejores años de su vida los pasó al lado de ese fulano. También me contó que un día, antes de que yo naciera, él se fue lejos a buscar a un hermano, y ya nunca regresó. Nadie sabe lo que pasó. Unos dicen que murió, en un accidente de tránsito.
Dicen que los hombres no deben llorar, pero qué carajos. Yo lloro porque he perdido a la única mujer que amaré en mi vida. No tengo más familia. Mi abuela emigró cuando mi madre era bebé. Vino como todos, cargando la tristeza de su partida y guardando en silencio la esperanza de un mejor mañana. Mi madre se crió aquí, hizo hasta la secundaria, pero luego mi abuelita enfermó gravemente y murió. Mamá tuvo que emplearse en una fábrica, la misma donde estuvo trabajando hasta la semana pasada.
Lloro porque no volveré a ver a mi madre, porque perdí a mi única familia. Pero no me siento solo. Tengo a mi lado a alguien que me apoya, que me comprende, que me ofrece su hombro cuando lo necesito, que me abraza con ternura y pasión, que alegra mis días y calienta mis noches. Alguien que está cuando lo necesito. Ese alguien se llama Alfredo y es mi compañero desde hace tres años.
Algunos piensan que soy enfermo o degenerado, por amar a otro hombre. Pero para mí, él es mi ángel, mi guardián, la persona con la que comparto alegrías y tristezas. Lo amo de la misma forma en que amó mi madre a aquel hombre que la preñó.
No entiendo por qué el mismo sentimiento tan puro y legítimo entre un hombre y una mujer, no puede ser igualmente comprendido entre dos personas del mismo sexo. La esencia es la misma, solamente que viene en otro envase.









