Lo más seguro es que esta discusión que se ha llevado a los campos económicos, políticos, sociológicos o antropológicos debería pronto ser reiniciada al menos en el tema de los fondos de pensiones a partir de la disciplina que debe ser tenida como primaria, los estudios actuariales.
Y es que algo tan sencillo (conceptualmente hablando por supuesto) como es procurar la existencia de un equilibrio entre ingresos, inversiones, rendimientos y gastos, se ha visto contaminado alrededor del mundo con aparentes concepciones ideológicas, y la crisis o serie de crisis actuales ha dado lugar para mostrar la fragilidad de los distintos sistemas a ambos lados del Atlántico y a ambos lados del Ecuador.
No dejan tampoco de estar expuestos estos sistemas a manejos corruptos, quizás porque reúnen dos características singulares: la cantidad tan grande de dinero que se maneja y el tiempo tan distanciado para su ejecución que hacen pensar que si hubo culpables de cualquier desfalco o mal manejo no va a haber memoria o acción oportuna de castigo que los alcance.
Pero no todo se limita a los fondos de pensiones, la eficiencia o incluso la existencia misma de los sistemas de salud y educación forman parte de esta imagen objetivo de Estado del bienestar que depende del sitio del planeta donde nos ubiquemos a observar el fenómeno tiene distintos matices. En aquellos con una tradición de Estado fuerte, eficiente recaudación y calidad de gasto y administración pública, las preocupaciones se enfocan en la calidad de los servicios más allá que en su cobertura y este parece ser el caso europeo; en el caso norteamericano aún la discusión de cobertura puede ser relevante más que nada en función de cómo se abre o cierra el grifo de ingresos fiscales.
Los impuestos al final de cuentas deben ser considerados como el precio en monetario que se paga por la feliz y sana convivencia social; los miembros de una sociedad que no tienen una mínima certeza sobre el final de su vida productiva, o que por otra parte ven como en nuestro medio la carga que soportan en los sistemas de salud se triplica (impuestos para salud pública + pago laboral al seguro social + pago de seguro privado o consulta médica privada) o se duplica en educación (impuestos para educación pública + pago de colegios o educación privada) creo que estarían conformes y convencidos de pagar si la eficiencia del Estado les permitiera hacer el pago a un solo y robusto nivel. Concluyo con una frase ya sentenciada con anterioridad “para la reforma fiscal, hay que trabajar antes la reforma del Estado” y finalmente recordemos también una vez más a la pequeña Mafalda, cuando hincada para rezar antes de dormir dice algo como “te pido que mejores el estado de la situación”; luego duda un momento y dice “¿o será que lo que debe mejorar es la situación del Estado?”.









