Gabriela Carrera

Geografía de la desigualdad

El encontrarse con amigos con los que tan fluidamente se da por hablar de cosas menos cotidianas como el clima, es un regalo de la vida.

En las dos últimas semanas me he agradecido el tomarme un cafecito, sentarme en unas gradas, responder mails poco telegráficos, con varios amigos con los que no compartía así hace bastante. Uno de ellos, me hablaba hace unos días de cómo en Guatemala existía una “geografía del poder” tan marcada. Siempre hay, en varios puntos espaciados de la ciudad, recuerdos de un pasado militar. Ya sea Matamoros, la Guardia de Honor, o el edifico en donde está ahora el Archivo Histórico de Policía Nacional.

Pienso que esa geografía del poder es también una geografía de la desigualdad. Una geografía que va creando memoria, es decir que nos va construyendo también como historia. Mientras voy para mi casa me doy cuenta de que vivo en una montaña, y que por alguna razón (o varias razones injustas) hay también pequeñas montañas que se pueblan para abajo, para donde pasan ríos sucios y siempre se está en peligro para cuando es invierno. Por primera vez, he comido dos veces en diferentes restaurantes de la zona 10, y me he dicho que por donde muchos guatemaltecos caminan, no hay de estos. Pasando por la zona 14 he puesto atención: no hay teléfonos públicos. Me pregunto si quien me dijo que era para que los pobres no entraran a esos lugares, tiene razón.

Me puse a pensar, que para cuando escribo esta página, estamos a las puertas de dizque elegir nuevos funcionarios. Recordé Memorias de Adriano, un libro que leí hace bastantes meses y que discutí largamente con alguien que lo leía al mismo tiempo. Las geografías también cambian con la forma de organizar la política. Pero hay cosas que se siguen manteniendo, en su sentido, como estas líneas: “Roma debería escapar a su cuerpo de piedra; con la palabra estado, la palabra ciudadanía, la palabra república, llegaría a componer una inmortalidad más segura”.

El Estado y los nuevos funcionarios de Guatemala, y la sociedad sobre todo, deberíamos de pensar porqué queremos ser recordados. Tal vez por la lucha por nuestra dignidad, por nuestra historia, por nuestra tierra y nuestro territorio, por nuestros recursos naturales, por las nuevas generaciones y por la vida.

Quien sea que gane, o que pase a segunda vuelta, no apostemos mucho porque ahí esté la clave de la nuestra transformación política. La clave está en nosotros, en tanto que organización social, podamos impulsar un movimiento de resistencia, de protesta y de propuesta. El trabajo comienza ahora, que ya tuvimos nuestro momento de distracción electoral.


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