María Isabel Carrascosa Coll

Austeridad

Hace unos días el Congreso de la República recibió la iniciativa que contiene el presupuesto para el 2012, el cual tendría que ser aprobado a finales de noviembre.

El presidente Álvaro Colom dice que no es suficiente. El señor presidente no es el único; son muchos los que abogan por un Estado más “grande”, más “fuerte” y más costoso para los guatemaltecos. Es por eso que hay quienes consideran que propuestas como la ley Antievasión II son parte de la solución.

Se arguye que con un presupuesto pobre carecemos de infraestructura y tenemos educación deficiente y salud precaria. Sin embargo, muy pocas veces se cuestiona la forma en que se gastan esos “pocos” recursos que tenemos. Cuando uno trabaja para el Estado se da cuenta de que estos pocos recursos no son bien invertidos. Un ejemplo que me es familiar y con el que me enfrento yo todos los días: el Congreso de la República.

¿Sabía usted que en el Congreso se gastan miles de quetzales en agua pura, porque en lugar de comprar garrafones se compran botellitas de agua? ¿Sabía usted que en el Congreso, al igual que en todas las dependencias estatales, se compran licencias de programas de computación como Windows office, en lugar de utilizar licencias de programas de software libres, como en países desarrollados? ¿Sabía usted que en el Congreso, en lugar de tener personal encargado del servicio web, subcontratan a una empresa, que además presta un pésimo servicio?

Hace poco una de las secretarias del Congreso me comentó que a un diputado le gustaba tener en su despacho quesos y jamones finos. Con mucha naturalidad, me dijo que seguro era lo que estaba acostumbrado a comer en su casa… En su casa que coma caviar, pero —por supuesto— estos quesos y jamones son a cuenta de los ciudadanos.

Son un sinfín de cuestiones pequeñas en las que nadie pone el dedo, porque no son las estafas millonarias sino los abusos del día a día, pero que al sumarlos son representativos y, además, son la materialización de una actitud que late en la administración pública: la falta de austeridad.

Yo espero un próximo Gobierno austero, en el que se maximicen y prioricen los recursos, en el que las autoridades en forma de cascada obliguen al personal a reducir, reciclar y reusar, que se eliminen los gastos superfluos e innecesarios. Espero un Gobierno en el que se hagan presupuestos y se planifiquen los gastos. Creo que los ciudadanos debemos apoyar las iniciativas que fomenten la transparencia y la rendición de cuentas. Es nuestra obligación exigir antes de que se amplíe el presupuesto y mediante préstamos nos endeuden hasta la eternidad. ¡Que dejen de comer finos quesos y jamones! 


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