El asesinato de más de 65 personas en una sociedad que ha asumido la vanguardia de la interculturalidad y la inclusión tiene un significado lamentable, pero a la vez, provocador.
Así como diversos países expresaron su condena ante semejante acción, otros sectores se congratularon. Ceder tanto espacio excede, por mucho, los límites de actuación en muchas sociedades que debaten entre los ajustes presupuestarios a los programas sociales que permitieron la extensión del Estado, pero que deben conciliar a nivel político con las expresiones de un nuevo tipo de conservadurismo, heredero de abolengo de las más renovadas opciones del neoliberalismo.
A pocas semanas de lo sucedido en Oslo, una suerte de pacto entre demócratas y republicanos ha permitido la negociación in extremis del acuerdo que evita que Estados Unidos declare la suspensión de los pagos. Se permite al Gobierno elevar el límite de deuda a cambio de fuertes recortes del gasto público. Indudablemente los grandes ganadores son los grupos más conservadores, para quienes Obama se ha convertido en su principal operador político, solo interesado en que el aparato de su administración funcione bien durante su mandato. De esa forma, se sepulta gran parte de las promesas de campaña. Las demandas de los inmigrantes deberán esperar a otros vientos, que no soplarán hasta dentro de muchos. Se alivia temporalmente una crisis de escandalosas proporciones, pero que tarde o temprano llegará cuando los primeros programas sociales sean recortados y se afecte directamente a los sectores pobres. Como guinda al pastel, el acuerdo no admite la subida de impuestos. Entonces, de dónde recursos si no son de los programas extensivos, como la seguridad social y las subvenciones a segmentos claves de la sociedad norteamericana.
Mientras eso sucede, en Guatemala los mismos sectores del más rancio pensamiento conservador han puesto los huevos en distintos canastos, intentando así un retorno a un escenario social, político y económico donde hay nuevos y poderosos actores, quienes reclaman para sí el ascenso de un pragmatismo sólido, con visión de presente y futuro. Las elecciones serán el sitio para el avance y desplazamiento de unos, y para las negociaciones forzadas para quienes quieran sobrevivir en aguas infestadas.









