Álvaro Castellanos

Espacio Público

En Plaza Pública

Buscando bibliografía sobre el tema de derecho o acceso a la información que necesito para desarrollar una consultoría en la materia, me encontré con un interesante libro titulado El Derecho a la Información. Entre el Espacio Público y la Libertad de Expresión, de Guillermo A. Tenorio Cueto (Ed. Porrúa, México, 2009). El título de la obra me llamó de inmediato la atención, pues lo vinculé con lo que entiendo, pretende ser precisamente este medio electrónico de comunicación social denominado Plaza Pública: constituirse justamente en un espacio que permita la más amplia gama de opiniones y de análisis sobre el desarrollo político, cultural, jurídico, económico y social guatemalteco.

Tenorio Cueto parte del principio que tanto el espacio público como la libertad de expresión son consustanciales al derecho a la información y que este derecho es de crítica importancia para entrar en un verdadero sistema democrático moderno. Explora, en primer lugar, el espacio público y sus diversas nociones que existen al respecto, desde “su interpretación racional a partir de una situación de igualdad entre los diversos intérpretes”, hasta la de los medios de comunicación (¿tradicionales?) que pretenden imponerse, acaparando el espectro de esa interpretación racional.

El autor hace un examen que desemboca en el papel que en la actualidad desempeña el principal intérprete del espacio público —ya no el Estado, como ocurría en el pasado reciente, sino los medios masivos de comunicación—, y pone en evidencia los riesgos que corre la sociedad frente al poder de ese intérprete que quiere ser el único.

La noción de “espacio público” como espacio de deliberación democrática no es un concepto nuevo, aunque sí es un concepto moderno. Por supuesto, es lógico vincular esta noción inclusive al “ágora”, aduciendo que la idea de espacio público y las deliberaciones en torno a los aspectos relevantes de la “ciudad” son intrínsecos al hombre y forman parte de su dimensión social. Sin embargo, nociones mucho más recientes sobre lo que constituye un espacio público vienen de filósofos tan recientes y trascendentales como Jürgen Habermas (v.gr: Historia y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública; Gili, Barcelona, 1994). Para este gran filósofo contemporáneo, “la idea de espacio público designa un territorio de nuestra vida social donde puede formarse algo así como una opinión pública”.

Pero recordemos que Tenorio Cueto lo que centralmente busca en su obra, es demostrar los riesgos impuestos sobre cualquier clase de espacio público cuando los medios de comunicación intentan incidir y controlar lo que es o debe ser esa opinión pública. Una pregunta interesante entonces es si un medio de comunicación puede ser realmente, o no, un espacio público. Dicho de otra manera: ¿son complementarios los medios con los espacios o son antinómicos? Esta respuesta puede encontrar, asumo, varias respuestas entre la ética y el utilitarismo periodístico.

Critica el autor que los medios masivos de comunicación alternan con mayor frecuencia su labor fundamental de informar con una nueva tendencia que es la de valorar. La valoración se encuentra presente en todo el proceso de producción a través de los criterios de importancia y son complemento de lo que Mauro Wolf llama la “línea/guía”, las cuales consisten en el énfasis u omisión de determinadas circunstancias en la preparación de las noticias que se presentan al público.

Y así, paran los medios influyendo, moldeando o hasta determinando los contenidos de los reclamos de la opinión pública.

Por ende, una pregunta válida y legítima es si Plaza Pública lo que pretende es revertir, precisamente, esos riesgos derivados del interés monopólico en interpretar lo público por parte de los medios masivos tradicionales de comunicación (radio, televisión, prensa escrita) y como consecuencia, luchar por reconstituir un espacio en sentido racional y original, no manipulado. Casi como reconstituir el ágora de la antigüedad.

Me parece que la respuesta es afirmativa, a pesar de que justamente un medio de comunicación electrónico se está constituyendo al mismo tiempo en un espacio público. Es decir, dándose una yuxtaposición entre medio y espacio, el riesgo de manipulación ciertamente existe y algunos dirían, es aún mayor. Pero todo depende de las personas que dirijan este esfuerzo. Y mientras Plaza Pública siga siendo dirigida por quienes lo hacen, me parece que estamos ante una posible realidad que ni Habermas se representaba como posible hace apenas 20 años.

Y el esfuerzo realmente valdrá la pena si la libertad de expresión independiente e informada es lo que florezca de este proyecto novel que busca constituirse precisamente en todo lo contrario de lo que hoy casi no tenemos: en medio de comunicación social verdaderamente independiente que más que medio, sea espacio. El reto es grande, las tentaciones, enormes.

Pero hay voluntades con convicciones democráticas que han hecho surgir este espacio incipiente. Con esas voluntades nos identificamos.


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