Cabe preguntarse si quienes han manifestado su intención lo han hecho por convencimiento propio o por rechazo al otro. Al realizar sondeos entre conocidos, salta a la vista que el convencimiento tiene poco asidero, prevalece el sesgo a favor del que cae mejor, del que ya le toca, del que parece estar revestido de mayor autoridad. Sobre criterios tan simplistas, como han sido las decisiones en los anteriores procesos, poco se puede hablar. La idea de ciudadanía es distante. Cuestionamos a los partidos, pero terminamos contribuyendo para que carezcan de contenido y recurran a fórmulas fáciles para convencer.
Ante la repetición de las mismas variables que han prevalecido en las anteriores elecciones, no asoman elementos sorpresivos. La campaña enfrenta dos apuestas claramente distintas: un modelo con tintes reformistas, anclado en un intento de ruptura respecto del modelo económico y social que ha prevalecido, que pone especial atención a brindar respuestas rápidas a los sectores excluidos, y otro basado en un modelo desarrollista, que pretende dar continuidad a la búsqueda de la competitividad, traducido en la atracción de capitales y el desarrollo de infraestructura para la producción. Dos rutas distintas, que al no contar con conectores entre ambos, generan un clima polarizante. Ninguno de los dos partidos ha podido explicar en qué consisten sus buenas intenciones. Dudas, poca apropiación, falta de equipos, o la suma de todos.
¿Cuál de los dos partidos tiene mayores capacidades para gobernar? Esa fue una de las preguntas que me hizo recientemente una periodista. Los dos binomios han tenido alguna responsabilidad en la administración pública; los miembros uno de los binomios, el patriota, han pasado por el Congreso; ambos se han rodeado de personas que han ejercido otras funciones públicas. Todo eso no es suficiente. Conocer del Estado, sus interioridades, el ejercicio presupuestario, las relaciones que ocurren al interior de las instituciones públicas requiere un conjunto de experiencias y capacidades que ninguno de los partidos en contienda reúne en lo individual. Esa constatación no es nueva, pero sí lo es el hecho de que período tras período tengamos por delante a grupos (no equipos) que irresponsablemente saltan a capturar lo poco de Estado que aún nos queda.
No solo se trata de tomar por asalto a las instituciones públicas. Si ello se hace sin conocimiento del medio y sus implicaciones, lo más seguro es terminar jugando a elefante en cristalería.
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