Eso era cuando uno era pequeño, de adulto ya no se comparte. Nadie se imagina prestar su casa a un desconocido para vacaciones, irse al trabajo en el mismo carro que sus vecinos, poner a disposición de los demás el barreno que tiene escondido en un armario de su casa, no digamos comprar un vestido que ya se estrenó alguien más. ¿O sí?
Aunque no lo crea, todas esas situaciones extrañas que le acabo de mencionar son una realidad en Internet: http://us.zilok.com/, http://www.usedcardboardboxes.com/, http://www.airbnb.com/ http://99dresses.com/. Muchas circunstancias han hecho que el esquema de consumo del siglo XXI empiece a cambiar. Las razones son tan diversas como las personas: para algunos son las crisis económicas, el desarrollo de las tecnologías, la necesidad de interacción o las preocupaciones medio ambientales.
Rachel Bostman es escritora y fundadora del movimiento consumo colaborativo, en inglés collaborative consumption. Tal y como explica en su libro, el peor enemigo del movimiento es el rechazo que tienen muchos porque lo identifican con comunismo, socialismo, cooperativas, etc. Sin embargo, no todo en el mundo se puede etiquetar. Esta es una realidad de mercado resultado de un cambio generacional que ha sido posible por la tecnología.
La Internet nos permite regresar al concepto comunitario y poder tener relaciones de intercambio directo, sin intermediarios comerciales, fronterizos o estatales. Esto resulta, en última instancia, en eficiencia en las transacciones. El dinero es carente de significado por sí solo, importa porque es un medio por el cual se realizan transacciones: el precio es el balance entre lo que una persona está dispuesta a dar y la otra a recibir. Lo que se está viendo ahora es un cambio en la escala de valores generalizado. Por eso ahora interesa más tener acceso a las cosas y no su propiedad. Qué prefiere usted: ¿30 discos compactos o cinco gigas de música en su computadora? El buen nombre de una persona en los récords bancarios se traduce en una buena calificación en E-bay. Y aunque pareciera increíble, ahora más que antes el concepto comunitario vuelve a ser relevante.
Sin embargo, todas estas formas de vida no se imponen. Los ejemplos mencionados son espontáneos. El movimiento es sólo una observación de transición del híper consumo del siglo XX al consumo colaborativo del siglo XXI. Al igual que la ley de las tres R: reinventar, reducir y reusar, que mencioné en mi artículo pasado, a nadie se le puede obligar ser verde, ecológicamente amigable o consumir colaborativamente. Parece que esa transición valora al individuo por cómo contribuye al mundo y no por las cosas que posee.









