Nace, entonces, con una inspiración de acción política, de protesta, que luego se arropa con el jolgorio y la chispa de la picardía política estudiantil. Con el correr del tiempo, a la actividad que de manera intermitente se realiza durante el último siglo, se le suman un periódico anual, varios boletines previos, un himno de guerra, una velada artística, un convite y elección de rey o reina fea, entre otros elementos que han mantenido con vida la tradición popular-estudiantil de más larga data en Guatemala: la centenaria Huelga de Dolores.
Año con año, en especial en el período de auge represivo, la población guatemalteca encontró en la Huelga de Dolores y sus medios de expresión, probablemente el único espacio de denuncia y un espectáculo, de calidad, gratuito.
Quizá no hay en el mundo otra entidad que, como la Huelga de Dolores, haya ganado dos excomuniones de la iglesia católica. Igualmente, ha sido atacada en la vísperas de su preparación del desfile, jueves de dolores en 1962 (fueron ejecutados los estudiantes César Funes, Noel López Toledo y Jorge Gálvez Galindo), así como en 1992 (fue ejecutado el estudiante Julio Qu Quim). En ambas ocasiones el ataque provino de patrullas militares. En 1992 los responsables fueron identificados, procesados y, sospechosamente, absueltos. La persecución de las fuerzas de seguridad ha sido tal que en 1971, durante el gobierno de Carlos Arana Osorio, todas las imprentas de la ciudad capital fueron cateadas en busca de la impresión del periódico No Nos Tientes, mismo que se imprimió en Honduras y entró al país en los lomos de varias mulas. La represión, acrecentada durante el gobierno de Romeo Lucas García, impuso el empleo de la capucha para todas y todos los participantes, tradición que se mantiene hasta hoy día como símbolo de la actividad huelguera.
Lamentablemente, al igual que ha sucedido con la dirección de la AEU, la gestión del honorable comité de huelga de dolores ha devenido en la realización de actividades de pillaje económico para beneficio de quienes dirigen el comité y se asocian con la entidad estudiantil, merecedora de mejores recuerdos.
De esa cuenta, la Huelga tiene dolores, no los producidos por la persecución, la tortura, la desaparición forzada, la ejecución extrajudicial o el exilio. No. Esos dolores corresponden a otra naturaleza y se alivian con la memoria, la verdad y la justicia. La Huelga, en cambio, tiene dolores, producidos por la ambición y la corrupción de los no honorables que integran el comité de huelga y que utilizan a la Universidad de San Carlos y a la actividad estudiantil para delinquir.
La tradición huelguera honra nombres como los de Epaminodas Quintana, Joaquín y José Barnoya, Miguel Ángel Asturias, Juan Luis Molina Loza, Mario López Larrave, Oliverio Castañeda de León y Gilberto Escribá, entre otros. La desvergüenza actual cubre con capucha las cabezas de quienes se subieron al no tan honorable comité de huelga de dolores, tras haber montado en octubre 2010 la farsa de elección para la AEU.
Calidad de contenido y denuncia política en la Huelga de Dolores van de la mano con altura moral y honradez a toda prueba de la dirigencia estudiantil. Ambas cosas, hoy día, tristemente ausentes por completo en esta cuaresma y, por lo tanto, causa inevitable de los dolores de la Huelga.









