De vez en cuando se articulan ideas, conceptos, argumentos, pensamientos… ¿Pero cómo avistarlos siquiera, reconocerlos y asimilarlos? Intensa época de supuesta muerte de lo escrito en favor de lo audiovisual que sin embargo también trae una inmensa producción, reproducción y distribución de palabras-comodín, frases hechas, eslóganes, clichés. De vez en cuando se ofrecen, claro, argumentos o pensamientos. ¿Pero quién puede (y cómo) digerir, juzgar y distinguir lo valioso, lo auténtico, lo útil, de lo «maquilístico» —masivo, estándar, desechable— o de lo «maquillístico» —vendaje de la fealdad, el dolor, la muerte, la injusticia, simulacro de expresión, inclusión, diálogo, deliberación pública…
¿Para qué, entonces, tanta escritura, y en particular esta escritura? Quisiéramos pensar, claro, que para fomentar el espíritu crítico, para intervenir competentemente en el discurso, para colaborar en la articulación de lo público. Quisiéramos tocar, por supuesto, si eso es posible del todo, las conciencias, las particulares, pero en especial aquélla que podría llamarse general, guatemalteca —equívocamente, desde luego, porque tal conciencia no sería una sola ni sólo guatemalteca… Conciencia matricial, en todo caso (que no «patricial», en un par de malos sentidos), referencia, tejido no necesariamente coherente y deliberado, del que habrían de partir y al que afectarían acciones, reacciones, subversiones. Buscaríase, en resumen, no sólo afectar lo que se dice sino a quiénes leen y escriben.
¿Y cómo inscribir semejante intervención? Es tarea de cierto tipo de escritura, que debiera complicar el discernimiento de autoría y lectura porque no es ése el punto, el mensaje exacto, localizado y con genuino derecho a rúbrica.
(¿Cuánto derecho hay en verdad a una rúbrica cuando, sobre todo en el campo de la opinión, casi sólo circula lo mismo, se recicla lo idéntico, cinco o seis ideas consagradas, tres o cuatro perspectivas, uno o dos horizontes interpretativos?)
El análisis exacto de coyuntura y los diagnósticos del caso ya estarían hechos; circulan en estudios y de vez en cuando se cuela algo de ellos en los medios. Trátase, entonces, de otro nivel o de cierto desnivel, de otro espacio que permita cierta reflexión: meditaciones intempestivas, desazonadas y desasosegadas, en mi caso, de un aprendiz (siempre aprendiz) de pensador, de la sombra de un escribiente, de un escribidor.









