Juan Carlos Llorca

Amanecer en Dallas

Anoche llegué muy tarde. Tan cansado estaba que me dormí en el taxi que me trajo al hotel. No hubo violaciones ni atracos que lamentar.

Volví a planchar mis camisas. Anoche planché una que compré ayer. Me había olvidado lo mucho que me gusta planchar. La ropa, tarados.

Desperté al alba y lo primero que veo desde mi ventana es uno de esos freeways clásicos de las películas de Estados Unidos. Cientos de carros cada segundo, en ambas direcciones.

He de confesar que casi vomito durante el desayuno, no porque descubrí con un poco de horror que no son mentiras que primero se acaba el mundo que estos gringos no servir gravy con todas las comidas. No, estaba de verdad nervioso. Estoy nervioso, de verdad.

Pero esta mañana más. No sabía qué iba a hacer, adónde iba a ir, qué me esperaba. No sabía siquiera la dirección de la AP. Resulta que es a media cuadra de acá. Se puede ir a pie. Y, claro, fui andando a mi primer día de trabajo.

James, mi jefe, me esperaba con un montón de papeles oficiales que llenar y una vez hecho eso, una conferencia de telefónica con los colegas de Texas. El resto del día las cosas pasaron bastante bien, buscando a unos familiares de un agente del ICE asesinado en México.

Lo siento si no hay mucho que contar. Trabajo, trabajo, trabajo. Me tiene impresionado que haya una pista de patinaje sobre hielo en un mall acá cerca de la oficina. Es pueblerino, ya lo sé. Pero me hace ilusión ir a romperme las nalgas uno de estos días.

Al final las cosas salen siempre de una forma distinta a como uno las planea. Y, seguramente, encontrar paz no es lo que me toca ahora. Hace tres años Sarah me dijo: “But you have to consider you are going through a period of great upheaval in your life”. Y tenía razón.  Tres años más tarde, el drama continúa con toda la fuerza.

Es otro drama, un drama nuevo y como todos los dramas que recién comienzan está lleno de posibilidades. Está todo por hacer y eso me llena de ilusión por el descubrimiento y temor por los riesgos que conlleva la empresa.

Pero ahora ya estoy metido en el baile (me gusta, por cierto) y tengo que moverme.

Ya les contaré. Ahora voy a planchar unas camisas.

J.

17 de febrero, 2011.


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