Estuardo Tercero Muxi

¿Qué es manejar bien una epidemia?

Esta es hoy en día una de las preguntas mas difíciles de responder. Con la pandemia actual vemos escenarios muy distintos en todo el mundo. Y uno se rasca la cabeza pensando en cuál es la mejor manera de hacer las cosas frente a un enemigo invisible y desconocido.

Obviamente, hoy sabemos que no son los recursos económicos ni el número de camas, de hospitales o de ventiladores de que el sistema de salud disponga. Tampoco se puede decir que las normas sanitarias estrictas sean efectivas frente a un virus respiratorio. Es más: pareciera que les ha ido peor a países en Europa y al gigante económico del mundo, Estados Unidos, con todas sus normas y todos sus controles sanitarios. El país más poderoso sencillamente se desplomó y está arrodillado frente a un diminuto pero eficaz guerrero.

Pero veamos la situación actual de Guatemala: unas mil pruebas corridas y 38 diagnósticos por detección de antígeno por PCR (reacción en cadena de la polimerasa) en un país con más de 17 millones de habitantes, con diferencias socioculturales y geográficas enormes.

Esto puede ser un logro, y podríamos decir que el Gobierno y el Ministerio de Salud han realizado una encomiable labor de contención. Pero la pregunta que se desprende de esto es: ¿cuál es el siguiente paso?

1. Es posible que, con todos nuestros vecinos con casos que van subiendo cada día, nos estemos rodeando de un virus que nada más esperará a que abramos las fronteras para luego azotarnos como víctimas indefensas.

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Hemos ganado algo que es valioso en estos casos: tiempo.

2. También es posible que el virus ya esté circulando y que no nos hayamos dado cuenta de esto. Muchas personas y muchos médicos no encuentran cómo hacer la prueba de covid-19 a sus pacientes. Recelan de hacérsela, pues de salir positiva serían estigmatizados inmediatamente. Y si el caso es clínicamente leve, simplemente se pasa sin saber si fue covid-19, influenza (otro de los tantos coronavirus) o cualquiera de las infecciones de vías aéreas respiratorias que por lo regular se curan de forma natural. Para detectar estas infecciones pasadas se necesita una prueba que mide anticuerpos en la sangre y que hoy en día no está disponible en la mayor parte de los países.

Pese a todo, hemos ganado algo que es valioso en estos casos: tiempo. Esto nos dará un tiempo para que obtengamos mayor información sobre el virus (el agente), su comportamiento en distintas poblaciones (huésped) y sus variables sociales, culturales y climatológicas (ambiente). Es información cardinal para tomar acciones preventivas próximas.

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Viendo la forma acelerada en que están trabajando los científicos, es posible que en un futuro cercano dispongamos de pruebas más rápidas y baratas, de algún fármaco que sea ampliamente disponible, eficaz y seguro, o que a mediano plazo se tenga una vacuna (la veo lejos en el horizonte).

Podríamos decir que el Gobierno y el Ministerio de Salud han realizado una encomiable labor de contención.

El Ministerio de Salud debe empezar a planificar estos escenarios y a divulgarlos para educar a su población. No podemos estar encerrados por siempre.

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Una cosa sí es importante en todo esto: la población debe cooperar en las medidas de prevención de la transmisión. Esto implica un cambio de cultura tan sencillo como el uso de mascarillas, lavarse bien las manos o que, si usted está con catarro, no vaya a su trabajo para no contagiar a más gente y para que, por otro lado, no sea sancionado por sus patronos.

Estas últimas son medidas simples que, implementadas a largo plazo, evitarán no solo el covid-19, sino todas las epidemias respiratorias que sin duda nos visitarán en un futuro no muy lejano.


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