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Un presidente a la fuerza
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Un presidente a la fuerza

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Opinión
14 09 18

Con paso de fantoche petulante, Jimmy Morales se desplaza de un punto a otro para hablar de sus decisiones.

Se siente fuerte. Se cree fuerte. Ha escuchado los cantos de sirena que le prodigan sectores del empresariado, la rosca de militares retirados que lo rodean y la mal llamada prensa que depende del corruptor de la política Ángel González.

Sin embargo, la realidad es que esa fortaleza es más ficticia que real. Todas y cada una de sus acciones revestidas de autoritarismo son, una a una, las muestras palpables de su profundo índice de debilidad. Al mismo tiempo, las muestras de rechazo aumentan.

El 31 de agosto, el jefe del Ejecutivo anunció con un año de anticipación que no renovaría el convenio suscrito con la ONU para la instalación de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig). El anuncio lo realizó sin el gabinete de gobierno y rodeado de militares y policías en uniforme de campaña. Antes y durante el anuncio, frente a las oficinas de la Cicig se apostaron vehículos militares donados por Estados Unidos. La imagen ha sido cuestionada por el simbolismo amenazante. En esa jornada únicamente lo acompañaban los ministros de Gobernación (Mingob), Relaciones Exteriores (Minex) y Defensa (Mindef).

El lunes 3 de agosto circuló, filtrada por empleados de la Dirección de Migración, dependiente del Mingob, la boleta de salida del país con los datos del titular de la Cicig, Iván Velásquez. Un día después, en un discurso coherente, a diferencia del pronunciado el 31 de agosto, Morales anunció que se había ordenado prohibir el ingreso de Velásquez al país por considerarlo una amenaza a la seguridad nacional. Por lo tanto, afirmó, se solicitaba a António Guterres, secretario general de la ONU, designar al sustituto del comisionado.

Luego de hablar, Morales abandonó el salón. Y Sandra Jovel, titular del Minex, se encargó del trabajo sucio. Pronunció un discurso en el que habló de supuestas ilegalidades cometidas por la Cicig como razón de Estado para terminar la relación con dicha entidad y ordenar prácticamente la expulsión del comisionado, quien había salido en viaje de trabajo. Ya Plaza Pública evidenció las mentiras proferidas por Jovel en su intervención.

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Un día después del anuncio inicial de Morales, la Analytics Digital Research Agency realizó una encuesta cuyos resultados muestran el rechazo a la disposición gubernamental. Según la investigación, el 67 % de los entrevistados creen que el principal problema del país es la corrupción, en tanto que ocho de cada diez lo consideran corrupto. El 64.31 % de los encuestados rechazan la disposición presidencial, mientras el 65 % considera que la principal razón para no renovar el mandato es porque «al Gobierno no le conviene».

Esos resultados se ven reflejados también en el creciente descontento social organizado en contra de la arbitraria medida. En Quetzaltenango, por ejemplo, el gobernante no pudo inaugurar las fiestas de independencia, pues antes de su llegada se hizo manifiesto el rechazo a su presencia. Como resultado, el Gobierno intenta aplicarle la represión al cuerpo docente por una decisión adoptada en conjunto con padres de familia y estudiantes que optaron por mostrar su rechazo a la corrupción y al gobierno que la representa. Similares mensajes de rechazo hay también en otros departamentos.

Desde el lunes 10 ha habido movilizaciones masivas. Las autoridades indígenas de Sololá, la estructura de los 48 cantones de Totonicapán, el Comité de Desarrollo Campesino (Codeca), el estudiantado de la Universidad de San Carlos y organizaciones religiosas de base han dado el tono para mostrar el rechazo nacional.

El miércoles 12, el presidente necesitó rodearse una vez más del Ejército. Esta vez, soldados de la Guardia Presidencial con boinas kaibiles y fusiles de asalto rodearon el palacio legislativo. A los castrenses los acompañaron más de dos mil agentes de la Policía Nacional Civil concentrados en la ciudad capital, en desmedro de la seguridad en los departamentos, de donde fueron trasladados por orden gubernamental.

Debido al rechazo profundo de sus medidas dictatoriales, Jimmy busca sin éxito mostrar fortaleza. En realidad no es un gobernante fuerte, sino, a estas alturas, un presidente a la fuerza.

Todas y cada una de sus acciones revestidas de autoritarismo son, una a una, las muestras palpables de su profundo índice de debilidad.
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