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Tipo de Nota: 
Opinión
4 04 18

Tiempo aproximado de lectura: 3 mins

Se vació el incordio, se secó la buba. Se cerró la llaga con sus largos bordes inflamados y el paciente cree que ha sanado.

Se acabó la tos seca y estridente. Queda solo el murmullo húmedo que barbulla en el fondo del pecho, y el enfermo vuelve a la rutina esperando contra esperanza: quizá se mejore solo. Se fue el dolor que marcaba la migraña, la urticaria que corría por la piel, el ardor de la gastritis y la sed de la diabetes.

Ya no duele la ciática, quizá porque el nervio ha muerto. Ya no se hinchan los pies del paciente, siempre que pase todo el día en cama. El cerebro enfermo perdona a la víctima: no ...

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