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Rito y migración: el caso garífuna
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Rito y migración: el caso garífuna

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Opinión
13 05 18

Muchas veces, los científicos sociales que se interesan en el fenómeno religioso y en las prácticas rituales tienden a cuestionar la autenticidad de estas últimas, sobre todo cuando se trata de grupos étnicos que han experimentado un proceso migratorio bastante marcado.

Se tiende a creer que la globalización, la apertura de fronteras y las fluctuaciones de capital destruyen el sentido de la localidad, sobre todo entre los pueblos autóctonos. En general, se cree que la migración transnacional de estas personas a los países desarrollados contribuye a que el grupo pierda sus productos culturales (idioma, música, historia oral, prácticas rituales, etcétera) tradicionales.

Desde las ciencias sociales en general —y desde la antropología en particular— es imprescindible no generalizar ni considerar estas ideas como verdades absolutas. Me parece que el caso garífuna brinda un ejemplo interesante de cómo las prácticas rituales son dinámicas y se adaptan a un contexto migratorio histórico y actual.

Justamente, la historia (etnogénesis) y el presente del pueblo garífuna tienen como punto central el aspecto migratorio. Los garífunas pueden ser considerados como una cultura híbrida nacida del intercambio entre africanos sobrevivientes de la esclavitud e indígenas arahuacos en la isla de San Vicente. Es un pueblo considerado una diáspora: fueron expulsados violentamente por las autoridades británicas en 1791 de dicha isla y dejados a la deriva en las costas atlánticas centroamericanas, particularmente en la isla de Roatán y en el Caribe hondureño. El pasado migratorio del grupo es muy fuerte y sigue estando presente en las prácticas rituales del grupo. Por ejemplo, los garífunas de Guatemala, localizados en Livingston y alrededores, celebran el ritual del Yuruméin, celebración ritual que recrea la llegada de los antepasados garífunas guiados por su líder, Marcos Sánchez Díaz, a las costas de Izabal.

El pasado de la diáspora se manifiesta incluso en los ritos funerarios. Según la cosmología garífuna, tras la muerte, la persona emprenderá un viaje hacia Sairi, la tierra de los ancestros. Curiosamente, el término garífuna Sairi es una referencia directa a la isla de San Vicente. Durante las prácticas funerarias, la familia despide a la persona difunta, que emprenderá un viaje hacia la tierra perdida.

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Desde los años 80, el pueblo garífuna ha experimentado una fuerte migración hacia Estados Unidos. Si bien en Centroamérica hay alrededor de 120,000 garífunas, entre Nueva York y Los Ángeles se estiman 100,000. La migración transnacional del pueblo garífuna es una realidad, y esta se inscribe en las prácticas rituales del grupo sin necesariamente desaparecerlas. En efecto, desde los ochenta, rituales como el dugu y el chugu se han practicado con más frecuencia. Estos se realizan cuando el espíritu de un ancestro lanza hechizos contra un familiar. Esta persona sufre de pesadillas, enfermedades sin explicación médica, dolores o mala suerte. Con la ayuda del buyéi (chamán), la familia organiza las celebraciones dugu y chugu, y justamente los migrantes en Estados Unidos cumplen una función primordial. En efecto, la organización de esta celebración es muy elaborada. Puede durar hasta un año y el financiamiento es primordial. Y es aquí donde los migrantes desempeñan un rol importante. Los migrantes también deben estar presentes durante los rituales. La presencia de toda la familia es una condición esencial para asegurar la eficiencia de dicha práctica ritual y la sanación de la persona afectada. Curiosamente, se dice que estas prácticas rituales son cada vez más frecuentes entre las familias que tienen un familiar en Estados Unidos.

Como vemos, la práctica ritual y la experiencia migratoria del grupo van de la mano. Las remesas ayudan al mantenimiento de ciertas prácticas culturales y religiosas. Por otro lado, la práctica ritual ayuda a mantener la cohesión social del grupo, incluso cuando este se encuentra separado por la distancia.

El caso garífuna es fascinante por su historia y contexto actual. No obstante, sigue siendo uno de los grupos étnicos más olvidados por las instituciones gubernamentales e incluso educativas.

Propongo una bibliografía para todo aquel que se interese en el tema. De estos trabajos he sacado la mayoría de la información:

  • Arrivillaga, A. (2007). «Asentamientos caribes (garífunas) en Centroamérica: de héroes fundadores a espíritus protectores». Boletín de Antropología, 21, 38: 227-252.
  • Arrivillaga, A. (2010). «La diáspora garífuna entre memorias y fronteras». Boletín de Antropología, 24, 41: 84-95.
  • Arrivillaga, A. (2013). Fantasía Garífuna: estudio de sus expresiones culturales, musicales y gastronómicas. Universidad de San Carlos de Guatemala: Dirección General de Investigación.
  • Arrivillaga, A. (2014). «La nación garífuna: una construcción territorial entre las fronteras». Ístmica, 16: 43-58.
  • Arrivillaga, A. (2016). «Marcos Sánchez y la ocupación garífuna de Labula (Livingston, Guatemala)». Boletín de Antropología, 31, 51: 34-53.
  • González, N. (1969). Black Carib Household Structure. A Study of Migration and Modernization. Seattle, University of Washington Press.
  • González, N. (1988). Sojourneys of the Caribbean: Ethnogenesis and Ethnohistory of the Garifuna. Chicago, Universidad de Illinois.
  • Gulick, C. (1976). Exiled from St. Vincent: The Development of Black Carib Culture in Central America Up to 1945. Malta, Progress Press.
  • Hadel, R. (1972). Carib Folk Songs and Carib Culture. Michigan, University Microfilm International.
  • Johnson, P. (2007). Diaspora Conversions: Black Carib Religion and the Recovery of Africa. Berkeley, University of California Press.
La práctica ritual y la experiencia migratoria del grupo van de la mano. Las remesas ayudan al mantenimiento de ciertas prácticas culturales y religiosas.
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