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¿Punto de quiebre? (el efecto Transurbano)
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¿Punto de quiebre? (el efecto Transurbano)

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Tipo de Nota: 
Opinión
20 02 18

Desde que comenzó el año 2018, ya se rumoraba que se avecinaban nuevos casos de corrupción que iban a generar efectos similares a los ocurridos en el 2015, cuando se empezó a desmantelar las redes clientelares y de corrupción ligadas al Partido Patriota.

Este inicio, ligado a un actor político principal, determinó el destino de las siguientes revelaciones, las cuales fueron tomando forma y dimensión en un período de tiempo de casi tres años. Esto fue aprovechado por los detractores del trabajo de la Cicig y del MP para levantar una de las mayores falacias con las que se pretendió expulsar en agosto del año pasado al comisionado Iván Velásquez.

El martes 13 de febrero, sin embargo, esta falacia empezó a caer por su propio peso: ese día se capturó al expresidente Álvaro Colom y a casi todo su gabinete de gobierno de ese entonces, incluidos personajes de reconocida trayectoria intelectual como Alberto Fuentes Knight y Luis Ferraté, ministros de Finanzas y de Medio Ambiente, respectivamente, del gobierno de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). Las redes sociales reaccionaron de manera diversa: algunos celebraban las capturas mientras otros manifestaban asombro y profunda consternación. La opinión generalizada, sin embargo, fue que la lógica del «para cuándo otros actores que no fueran de derecha» cayó en descrédito inmediatamente. Los enemigos de la Cicig tienen un argumento menos que esgrimir, y ahora hay quienes empiezan a creer que la lucha contra la corrupción es una agenda que va en serio.

Lamentablemente, estos avances en la investigación criminal y en la captura de personajes que en otro contexto serían intocables acentuó la crisis institucional que vive Guatemala desde que en agosto del año pasado se evidenció todo un #PactoDeCorruptos, etiqueta que simplemente quiere señalar que prácticamente todos los factores de poder real —formal e informal— se están alineando lentamente para detener las investigaciones. Los cada vez más amenazantes discursos del asediado alcalde capitalino Álvaro Arzú, la elección de Arzú junior como presidente del Congreso, el atentado contra la fiscal de Derechos Humanos, Sonia Montes, y los cabildeos por aprobar la denominada ley mordaza son indicios preocupantes de que existe toda una conspiración política para detener y revertir las investigaciones y los juicios a los implicados. Los enemigos del cambio siguen maquinando fuerte y claro contra el proceso de cambio.

Mientras esta conspiración avanza, los aliados políticos del cambio son cada vez más escasos. Las recientes capturas apuntan a debilitar tanto a la UNE como a la incipiente opción del Movimiento Semilla. La necesidad de una renovación de la clase política es ahora una prioridad vital, especialmente porque la otra gran amenaza proviene del proceso electoral. ¿Lograremos elegir a un actor político aliado del cambio o, por el contrario, elegiremos a otro peor que Jimmy Morales? La ausencia marcada de opciones viables es realmente preocupante.

Indudablemente, quienes creemos en un cambio necesitamos inventar una estrategia renovada que nos permita superar tantos problemas y encontrar la vía para transitar a ese anhelado punto de no retorno.

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