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Libros: escape, prevención y comunidad
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Libros: escape, prevención y comunidad

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Opinión
2 04 18

He tomado la decisión de abrir las puertas de mi librera al público. Creo que los libros existen para ser leídos y que, cuando los escondemos, los traicionamos y quedamos en deuda con la sociedad. En un mundo y tiempo tan oscuros, leer es todo un acto de rebeldía.

Hay varias formas de desafiar los imaginarios hegemónicos. Algunos optan por la participación partidaria, otros emprenden negocios, otros dedican su vida a alguna forma de servicio. Lo más importante, empero, es saber que, sin una comunidad vigorosa, cualquier esfuerzo público o privado se queda en promesa. El Estado y el mercado necesitan de bases deliberadamente articuladas que los hagan relevantes, viables y efectivos: la familia, el vecindario, los parques, las bibliotecas, las plazas… En fin, los comunes.

Estos espacios públicos y las personas que los aprovechan le dan contenido a la política y humanidad a los negocios. Sin aquellos, estos son simples fachadas al servicio de unos pocos. Por eso quiero poner mi granito estableciendo una nueva biblioteca pública en donde quepan los sueños de todos. Y es que, ante la disfuncionalidad del Estado y del mercado, estamos llamados a tomar el control de nuestro propio destino.

El objetivo es habilitar un ambiente que conduzca a la realización personal a través de una triple función. Primero, que ofrezca un escape a la precariedad de nuestras vidas modernas: aisladas, hiperconsumistas y violentas. Segundo, que sirva como herramienta de prevención. Y tercero, que se constituya en el primer ladrillo de un boceto de comunidad que venga desde abajo.

Leer es la mejor política de prevención

Una biblioteca es una salida idónea para los niños y jóvenes ignorados del país, quienes, ante la ausencia de oportunidades, encuentran identidad y pertenencia en las pandillas y en otras estructuras criminales. Es conocida la correlación entre el déficit de ofertas educativas, culturales, artísticas y deportivas y la conducta antisocial, sobre todo en contextos de máxima desigualdad socioeconómica. Recordemos: Guatemala es un país joven —con el 55 % de sus habitantes menores de 25 años y el 70 % menores de 30. Sin embargo, la atención a los más chicos es limitada. De los cerca de ocho millones de niños y niñas en edad escolar, más de la mitad no tienen acceso a escuelas, libros y oportunidades de desarrollo intelectual.

No parece descabellado pensar, pues, que una plaza de lectura, comunión e intercambio nos pueda servir como método efectivo de prevención.

Bienleer, asimismo, desarrolla nuestras habilidades cognitivas, despierta nuestra imaginación, nos equipa para resolver problemas, fortalece la memoria, expande las capacidades de comunicación y nos hace más empáticos (seguramente entre otras cosas).

En fin, la lectura nos hace mejores compañeros y, sí, mejores ciudadanos.

Todo cambia cuando leemos (¿ficción?)

Además de «servir de portal para la lectura en general», leer ficción «te obliga a aprender nuevos mundos, a pensar nuevos pensamientos, a querer mas de la vida» (Neil Gaiman). Y no solo eso: los personajes de ficción, sus orígenes y sus tribulaciones nos sirven como vehículo para discutir los problemas del mundo real. La evolución de la Mujer Maravilla es la evolución del feminismo. El de Astérix es un pueblo en resistencia «ahora y siempre al invasor». Hayao Miyazaki nos introduce desde temprana edad a ideas como el ecologismo o el pacifismo. La narrativa de los X-Men es una punzante crítica a la discriminación. Etcétera, etcétera, etcétera.

De ahí la utilidad de contar con una amplia sección de novelas, historias gráficas y cómics.

Un espacio para ser nosotros mismos

Las bibliotecas no son únicamente repisas con libros empolvados. Son, en esencia, espacios de libertad. Más que en ningún otro sitio, allí podemos jugar, explorar, reflexionar y soñarlo todo. Allí no hay jerarquías, no hay perdedores y ganadores, no hay separación.

Cual templos de transformación espiritual, dan paso a un hábitat propicio para encuentros y complicidades inesperadas. Dice la leyenda que es allí, en los pasillos de una biblioteca, donde secretamente se está tramando la siguiente revolución.

Con unos 500 ejemplares diversos daremos vida a este proyecto. Me siento dichoso, además, de contar con el gentil apoyo de Plaza Pública, que ha ofrecido una generosa donación de materiales y estará contribuyendo de ahora en adelante con una copia de cada libro que publique a través de su editorial. ¡Gracias, amigos!

En este refugio prevalecerán los principios de propiedad mancomunada, gratuidad, laicidad, actualidad, servicio voluntario e inclusión. Ni siquiera el cielo será el límite: bibliotecas móviles, centro de reciclaje, academia cívica... Todo el jazz, como dicen.

El camino más obvio hacia una refundación de todo el aparato estatal empieza con una refundación de nosotros mismos desde la intimidad, seguida por la refundación de nuestros espacios públicos. Resulta especialmente vital que nos reconstituyamos de una vez por todas en una sociedad basada en el servicio, la compasión, la justa reciprocidad y la complementariedad en las relaciones humanas y con la madre naturaleza.

Desde lo poco hasta lo mucho. Desde dentro hacia fuera. Acompáñenme.

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