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¿Futuro del comercio o Cacif digital?

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Tipo de Nota: 
Opinión
27 06 18

Read time: 4 mins

El viernes amanecimos con la novedad de que se fundó una gremial empresarial para el comercio en línea. Cuesta creerlo, pero no todo es pacto de corruptos en las noticias.

La noticia sobre la Gremial de Empresas de Comercio Electrónico de Guatemala (Grecom) llama la atención a quienes, como yo, valoramos positivamente la informática para abordar retos en la sociedad contemporánea. Reporta Prensa Libre que hay alrededor de 750 empresas nacionales que trafican 50 millones de dólares estadounidenses anuales en Internet. Pero esto es apenas el 10 % de lo que compran los guatemaltecos por esa vía, agrega.

El resto —460 millones al año, según directivos de la nueva gremial— se va a empresas internacionales. Así que fomentar el crecimiento del comercio electrónico parece sensato: es una forma barata y sin fricción de ampliar la economía.

Sin embargo, el asunto está en los detalles. Porque crear una gremial afiliada a la Cámara de Comercio puede servir para potenciar el comercio en línea o para ahogar el mercadeo digital en el cieno del Cacif.

Empiezo con lo obvio. Revisando la página de la gremial encuentro una directiva con algunas de las empresas más conocidas en comercio electrónico en el país. Habría de esperarse. Pero también encuentro una junta idéntica a la de las demás gremiales empresariales. Ocho miembros y, como de costumbre, solo una mujer. También, como de costumbre, ¡la mujer es la secretaria!

Encuentro un vicepresidente de apellido Briz, igual que el sempiterno presidente de la Cámara de Comercio, a la cual se adscribe la gremial de comercio digital. Me apuro a aclarar: no conozco personalmente a ninguno de los directivos, así que el apellido puede ser mera casualidad y tampoco descalifica como líder. Pero hace tan fácil pensar mal, justo cuando esta semana El Periódico publica una nota sobre clanes familiares en el aparato público. ¿Será el precio de admitir la fundación de la gremial? ¿Es el nexo familiar la única forma de acceder al cenáculo del liderazgo empresarial? Paso revista al resto de los apellidos, que tampoco sugieren diversidad, menos aún movilidad social: Castillo, Bin, García, Porres, Bonilla, Barnéond, Girola.

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Escarbando otro poco, busco la dirección de los servidores de Internet de las empresas representadas en la directiva. Todos usan proveedores de servicio en los Estados Unidos, excepto uno, que radica en Panamá. Es natural. Yo mismo mantengo un sitio web que sirve casi exclusivamente a usuarios en Guatemala y, sin embargo, lo he instalado en los Estados Unidos. La infraestructura, la calidad de las telecomunicaciones y la posibilidad de exigir buen soporte son tan deficientes en Guatemala que quien quiera ofrecer un servicio estable en la red lo hará desde una plataforma internacional. Pero subraya el reto para la gremial. Por supuesto, pueden dedicarse a construir hermosas páginas web coreando juntos: «Tú puedes lograr todo lo que te propones». Será como bailar sobre la cubierta del Titanic. O pueden correr el riesgo de mostrar que los problemas que estorban el comercio digital tienen que ver con mala infraestructura de telecomunicaciones, un marco legal engorroso y una banca que rechaza clientes en vez de darles acceso digital fácil a su identidad y a su dinero. Pueden señalar que las dificultades del comercio electrónico se vinculan con una pobreza que no da para tener dinero. No digamos ya para tener medios de pago virtual.

Hace casi tres décadas comenzaba la explosión del uso de las computadoras personales. Había entonces un programa llamado Professional Write, precursor de cosas como Microsoft Word, ahora tan familiares. Pero tenía una peculiaridad: no era estrictamente un procesador de texto, sino simplemente una máquina de escribir replicada en la pantalla digital. Solo faltaba que hiciera «¡tin!» al llegar al final del renglón. Era perfecto para los que no querían aprender algo nuevo. Pero para quienes buscaban crear un mundo distinto era una rémora. Por eso hoy no es sino un tenue recuerdo, aunque entonces fue líder en ventas.

La moraleja es obvia. Los impulsores de la nueva Grecom enfrentan un dilema. Pueden hacer como el Professional Write y digitalizar el Cacif (o, quizá más precisamente, cacificar lo digital), extender el efecto sofocante de la vieja guardia empresarial también sobre este aspecto nuevo de la economía nacional. O pueden innovar e impulsar desde el comercio electrónico la modernización que tanto nos urge en todos los órdenes. Porque el comercio digital tampoco es independiente de la política. Todo lo contrario. Señores y señora directivos, el futuro está en sus manos.

¿Es el nexo familiar la única forma de acceder al cenáculo del liderazgo empresarial?
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