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La candidata a la presidencia por el partido Valor, Zury Ríos, saluda a los simpatizantes del partido durante el cierre de campaña, en la ex instalaciones del Estadio del Ejército, el 22 de junio. Simone Dalmasso

Zury Ríos y el espejismo del triunfo para la derecha conservadora

Lo más grave de lo sucedido con la candidatura de Zury Ríos es que no solo la superó Mulet, también otros tres candidatos sorpresa.
La bancada Valor fue determinante para que el partido de gobierno tuviera asignaciones extraordinarias para infraestructura y ampliación de presupuestos para programas sociales en el año preelectoral.  
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Zury Ríos y el espejismo del triunfo para la derecha conservadora

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En contraste con la actitud triunfalista que mantuvo durante la campaña, Zury Ríos obtuvo un modesto 6.56% de los votos. Ubicada en la sexta posición de los resultados finales, queda demostrado que sus expectativas fueron un espejismo. Su propuesta no caló en el electorado.  Resultó insuficiente mostrarse como una mujer fuerte,  con carácter para tomar decisiones y representar al conservadurismo. Tuvo más peso haber sido aliada del pacto corrupto que gobierna desde 2019 y la presencia de candidatos polémicos en su partido

Zury Mayté Ríos Sosa consiguió 364,947 votos en las Elecciones Generales del 25 de junio, lo que significa el 6.56% de los votos válidos. Este no fue un escenario previsto por su equipo de campaña ni en sus peores evaluaciones. «Ella será la primera mujer presidenta del país» sostenían, a pesar de que las encuestas publicadas por Prodatos en mayo y junio, a encargo  del medio de comunicación Prensa Libre, la colocaban en cuarta y, luego, en tercera posición, con 9.2 y 9.1% respectivamente, detrás del candidato Edmond Mulet del partido Cabal.

A la candidata no le fue como lo previeron esas mediciones. Mucho menos como lo decían otras, como la difundida a mediados de junio por República GT, el medio del sector empresarial, que la colocaba primera con el 25.5% de los votos. De tener posibilidades para pasar a segunda vuelta cayó a la sexta posición, y a la octava si se consideran los votos nulos y en blanco, que representan el descontento de la población con la oferta y el sistema electoral. 

Lo más grave de lo sucedido con la candidatura de Zury Ríos es que no solo la superó Mulet, también otros tres candidatos sorpresa: Armando Castillo, del partido Visión con Valores (Viva), el oficialista Manuel Conde y Bernardo Arévalo de Semilla, quien trastornó las expectativas del evento electoral al convertirse en el contendiente de Sandra Torres de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) para el balotaje.

Zury Ríos ha sido aspirante a la presidencia desde 2012, aunque esta es la segunda ocasión en la que logra participar en una elección. En 2023, sus resultados no fueron mucho mejores que en 2015, a pesar de que esta vez lo hizo con Valor, su propio partido, y de que selló alianza con el Partido Unionista, con el que comparte la visión de una derecha conservadora centrada en Dios, la familia y el derecho a la vida (provida).

Los dos partidos creyeron que centrar la campaña en la ideología daría resultados exitosos, especialmente en los centros urbanos. Sin embargo, en la capital y los municipios de Guatemala, Zury Ríos obtuvo poco menos de 150,000 votos. En tanto que Semilla sobrepasó por poco los 317,000 sufragios a su favor, según datos registrados por el Tribunal Supremo Electoral al 27 de junio y con el 99.10% de actas procesadas. 

Al comparar con su anterior participación, Zury Ríos solo logró 76,526 votos más. En 2019 no participó por decisión de la CC en aplicación de la prohibición constitucional por su vínculo familiar con el exjefe de facto Efraín Ríos Montt.

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Un partido con poca fuerza

Los integrantes del equipo de campaña de Zury Ríos la veían como una «candidata fuerte» que necesitaba un partido robusto con el cual gobernar. Sin embargo, a Valor le fue difícil reunir candidatos con suficiente convocatoria en algunos lugares. En 74 municipios no postuló, mientras que en otros sumó a personajes con caudal electoral, pero con un perfil cuestionado. En sus listados había nepotismo:  padres, esposas, hijos y sobrinos de caciques políticos que aceptaron participar con Valor o la coalición Valor-Unionista a cambio de espacios privilegiados para sus familiares en alcaldías y primeras casillas a diputaciones. 

Al finalizar el conteo de los votos,  los datos revelaron que esta estrategia no funcionó. El electorado no respaldó candidaturas como la de Rubelio Recinos en Barberena, Santa Rosa y, en ese departamento, no se logró ninguna curul bajo el símbolo de Valor-Unionista. Recinos ha sido  alcalde en esa localidad por cinco periodos,  postulado por diferentes  partidos políticos y, gracias a su influencia como operador político,  ha logrado que su familia tenga  varios cargos. Entre ellos, su esposa, Aracely, quien buscaba regresar al Congreso; y la hija de ambos, María José Recinos Chavarría, quien iba segunda en la lista de diputados del departamento.  

En Totonicapán, Zury Ríos apoyó y recibió el respaldo de Edgar Arévalo Barrios, líder que inició su carrera política con el desaparecido Frente Republicano Guatemalteco (FRG), creado por  Efraín Ríos Montt, padre de la candidata. Arévalo Barrios era visto como un contendiente con altas posibilidades de ganar, pero perdió la alcaldía con casi ocho puntos porcentuales de distancia del candidato de Cabal. A pesar de sus malos resultados, el partido Valor logró suficientes votos para que la hija de Arévalo Barrios sea diputada. 

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En Zacapa tampoco lograron entrar los candidatos Henser e Isaías Martínez, padre e hijo que competían por alcaldía y diputación. Quedaron fuera Gilmar y Florencio Carrascoza, padre e hijo, que iban por alcaldía de Joyabaj y diputación de Quiché y los Moll de Tamahú, municipio de Alta Verapaz. Eduardo Moll buscaba la reelección en la alcaldía y sus dos hijos iban en las primeras casillas para diputados por el departamento.

La planilla municipal de Jutiapa, encabezada por Jaime Martínez Lohayza, quien no pudo participar porque en 2019 lo condenaron por tráfico de influencias, perdió ante Cabal, el partido de Mulet y Vamos, el partido oficial. En este departamento, los votos para Zury Ríos la ubicaron detrás de la UNE, Cabal, Semilla y Vamos. 

Valor y la alianza con Unionista postuló planillas en 266 municipios, el 78% de los 340 municipios, sin embargo, ganó solo en 22. Catorce de estas son solo del partido Valor y las ocho restantes de la coalición Valor-Unionista. Su mayor fuerza de representación está en el departamento de Guatemala, en donde fueron electos seis alcaldes, cinco de los cuales se promovieron solo con el símbolo de Valor: Villa Canales, Fraijanes, Amatitlán, San Miguel Petapa y Villa Nueva. Estas dos últimas las ocuparán Mynor Morales y Mynor Morales Zurita, padre e hijo. El primero fue reelecto, y el hijo, de 25 años, participa por primera ocasión. Orellana, de Amatitlán, logra su cuarto periodo no consecutivo; en  Santa Catarina Pinula fue reelecto Sebastián Siero con la coalición Valor-Unionista. 

En el caso de la capital, la elección no se ha definido. Según el recuento oficial, Ricardo Quiñónez aventaja por 522 votos, pero queda pendiente de resolver el recuento de votos que solicitaron  los partidos Creo y la alianza Winaq, URNG, Semilla.

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Alianzas negativas para Zury Ríos

Gustavo Herrarte, fundador de Social Analytics, una empresa que analiza información para la toma de decisiones, usó los datos, las ciencias aplicadas y la inteligencia artificial, para ponderar la reacción de las audiencias a los mensajes de la candidata, los contenidos noticiosos y de análisis que se hicieron acerca de ella durante la campaña electoral. Los resultados indican que Zury Ríos, como persona pública «era medianamente bien vista por los electores», pero tenía en contra el haberse rodeado de personajes cuestionados por el electorado, describe Herrarte. 

Aunque a lo largo de su campaña, Zury Ríos habló de la pena de muerte y sus detractores resaltaban el hecho de que es hija de un exjefe de facto acusado del genocidio ixil (un tribunal lo dio por culpable, pero la Corte de Constitucionalidad anuló la sentencia), su problema para atraer a  más votantes tuvo que ver más con el desempeño de la bancada Valor en el Congreso y de la gente que incorporó al partido. 

El partido Valor –fundado en 2016 por Zury Ríos– participó en las elecciones de 2019 aunque a ella no le permitieron ser candidata, y logró nueve diputaciones. La bancada no actuó como oposición al partido oficial, sino que fue parte de la alianza multipartidos que respaldó al presidente Alejandro Giammattei. Durante esa legislatura toda la bancada o, en ocasiones,  la mitad de sus integrantes, apoyaron las iniciativas de la alianza y fueron determinantes para que hubiera mayoría para aprobar presupuestos, leyes, decretos y nombramientos  y para postergar la elección de magistrados de las Cortes de Apelaciones y Corte Suprema de Justicia, que debían dejar el puesto en octubre de 2019. 

La bancada Valor fue determinante para que el partido de gobierno tuviera asignaciones extraordinarias para infraestructura y ampliación de presupuestos para programas sociales en el año preelectoral.  A cambio del apoyo, Valor tuvo una silla en la Junta Directiva del Congreso. El electorado no pasó por alto que su partido fue «aliado»  del  «pacto de corruptos», señaló Herrarte, según el análisis de reacciones en redes sociales para el partido y la candidata. 

Otro aspecto que le hizo daño fue sumar a las listas de candidatos a personajes cuestionados. Hizo alianza con Álvaro Arzú Escobar, líder del Unionismo, partido que ha dominado la alcaldía de la ciudad durante dos décadas y que forma parte de la alianza pro gobierno en el Congreso. El Unionismo ha construido una estructura en la ciudad, pero en las últimas dos elecciones ha visto reducido su apoyo en las urnas.

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Le dio espacio a Óscar Platero Trabanino como candidato a diputado, uno de los fundadores de la Fundación contra el Terrorismo. Esta organización es liderada por Ricardo Méndez Ruíz y el abogado Raúl Falla, y ambos en sus redes sociales se dedicaban a  denigrar a operadores de justicia y promover el voto en favor de la candidata, lo que terminó por afectar su imagen en Twitter, una red social en donde abunda la conversación política. 

En las listas de candidatos cuestionados destacó Sandra Jovel, la exministra de Relaciones Exteriores en el gobierno de Jimmy Morales y Enrique Degenhart, el exministro de Gobernación de esa misma administración, a quienes se  señala por su  participación en la campaña de oposición local e internacional contra la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig). De esta lista, Arzú y Jovel lograron ser electos. 

El partido Valor y la coalición Valor-Unionista obtuvieron 12 curules. Dos son del departamento de Guatemala, dos del Listado Nacional y  ocho en otros distritos electorales. El partido apostaba a integrar una bancada representativa, con la que fuera obligatorio negociar o, que le hiciera fácil el camino para gobernar a su candidata presidencial, pero quedó con poco poder en el Legislativo. El partido Vamos, oficialista, ganó 39 curules, la UNE 28 y Semilla, 23.  

Se desconoce si la alianza Valor-Unionista se mantendrá o si cada grupo peleará una representación individual en Jefes de Bloque y en el reparto de comisiones de trabajo.

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Un discurso con poco impacto

El plan de trabajo de Zury Ríos no tuvo mayor impacto en el electorado que siguió la dinámica electoral por redes sociales. Habló de generar 10,000 empleos mensuales, de servir dos tiempos de comida en las escuelas, de canjear impuestos a los empresarios a cambio de construir obra, de certeza jurídica de la tierra, de implementar medidas de seguridad como las del presidente salvadoreño Nayib Bukele y sacar al Ejército a las calles. 

En medio de la campaña ofreció crear una secretaría de atención a los veteranos militares, y confrontó en un video al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, por pedir el indulto del exguerrillero César Montes, sentenciado por la muerte de cinco soldados en Izabal. «Vota arriba y a la derecha» fue una de las últimas publicaciones en redes sociales antes de las votaciones.

Diego Maza, investigador de la Misión de Observación Electoral de Guatemala (MOEGT) y de la Asociación Doses, afirma que este tipo de mensajes se vio como una estrategia para trabajar (reafirmar el apoyo) su voto duro (militares y conservadores)». 

En la tarima, Zury Ríos usó a Dios como parte de su discurso. En los últimos mítines le pedía a las personas que votaran con responsabilidad, con la certeza de que Dios sería el único testigo mientras marcaban las papeletas. Zury Ríos buscaba atraer el voto de los cristianos, pero tenía desventaja ante Sandra Torres, quien hizo mancuerna con un pastor evangélico como candidato a la vicepresidencia. 

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La campaña de Zury Ríos no generó propuestas atractivas para los indecisos, apunta Maza. Ni reducir el costo de las medicinas, ni el ofrecimiento de capturar a los pandilleros extorsionistas tuvo incidencia entre los seguidores de sus cuentas. La MOEGT hizo un monitoreo de redes sociales y concluyó que la candidata no usó las redes sociales a su favor. Le crearon una imagen que la hacía ver distante de la población. Una mujer de alta sociedad, siempre vestida de blanco y zapatos de tacón, con cabello arreglado y el rostro maquillado en medio de poblaciones afectadas por la pobreza. 

En lugar de reformular su estrategia, la campaña mantuvo la misma línea de inicio a fin, con la variación de que al final de la campaña se permitió usar gorra y tenis y que su equipo de comunicación usaba los videos y fotografías de las giras para adaptarlos a la música de tendencia en TikTok, que se convirtió en la red social que más ayudó a la visibilización de los partidos. 

«En TikTok, una herramienta importante en cualquier estrategia de un partido político, no pasó del storytelling al storydoing, como lo hizo Carlos Pineda», destaca Maza, quien añade que en esa red social a las personas les atrae más ver a una persona que hace cosas que si solo las dice. 
El final de la campaña estuvo más enfocado en atacar a sus oponentes que en destacar sus propuestas. Dedicó mensajes a Carlos Pineda, cuando todavía era candidato; siguió con Sandra Torres después del incidente violento entre simpatizantes en Tucurú, Alta Verapaz,  y cerró su campaña con dedicatoria a Mulet, con quien mantuvo un enfrentamiento constante porque buscó bloquear su participación. 

En otro guiño a su voto cautivado, Zury Ríos logró que los expresidentes Álvaro Uribe, de Colombia y Sebastián Piñera, de Chile, hablaran a su favor en videos que subió a sus redes sociales. Ambas publicaciones tuvieron, en conjunto, 700 «me gusta». 

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El partido negó tener un estratega de comunicación externo o un encargado de campaña. La relación con medios y la imagen de Zury Ríos estuvo a cargo de personas como Alfred Kaltschmitt, columnista, consultor de comunicación y fundador de Radio Infinita; el cineasta Kenneth Müller, quien se hizo cargo del área de fotografía y video y Luis de León, hijo del escritor Luis de Lión, quien coordinó la comunicación con la prensa. Ninguno de los tres atendió las consultas de Plaza Pública.

Estática en su posición triunfalista, en la imagen de una  mujer con carácter fuerte, con voz de mando, la primera en ser inscrita, la primera en «ganar un foro», la primera en votar el domingo de las elecciones, quedó en sexto lugar con 6.56% de votos, frente a 17.3% de personas que votaron nulo y 6.9% que dejaron la papeleta en blanco. 

Luego de perder la elección, Zury Ríos desapareció del escenario. El lunes emitió un escueto comunicado en el que agradeció el apoyo, pero no reconoció la derrota. El documento iba firmado solo por ella, no hubo ningún pronunciamiento del candidato a vicepresidente, Héctor Cifuentes. 
La historia se repite. La presidencia se le escapa de las manos a la heredera de una familia que carga el peso de no haber podido gobernar por elección popular, a pesar de su larga batalla en las cortes para desafiar la prohibición constitucional para participar. 

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