Quisiera saber qué pasó al fin de cuentas y, la verdad, saber si aún está con vida.
Pero sé que no debo, que no le haría bien a nadie, que podría hacer esa llamada y entararme pero luego, ¿qué? ¿Tomar un avión y jugar durante unos días a que somos amigos?
No creo.
Pero aún así, me corroe la curiosidad de saber qué pasó, de enterarme si al final hizo lo que anunció y, peor aún, lo que insinuó que haría.
Y mientras pasan los días y yo sin saber, intento persuadir, no, ni siquiera persuadir, implantar en la cabeza de mi mamá la idea de hacer la llamada, de inquirir.