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A ustedes, empresarios y empresarias
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A ustedes, empresarios y empresarias

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Tipo de Nota: 
Opinión
16 01 18

Hoy dedico mi columna a esos empresarios y esas empresarias que son ejemplo y mueven la economía de este país. Empresarios y empresarias de verdad.

Una economía de mercado necesita de empresas, y estas, a su vez, se nutren de la capacidad creativa, de la motivación por salir adelante y de la tenacidad intrínseca que cada ser humano posee.

La economía de Guatemala se sostiene por la empresarialidad, consecuencia de la inventiva, la necesidad de llevar comida a casa o el espíritu de riesgo: riesgo que implica muchas veces, a falta de créditos, usar todos los ahorros para empezar un proyecto o empresa.

Empresarios como Luis Carlos, que en Xela fabrica cortinas de metal; Lore, que en el Petén tiene un ecohotel altamente evaluado en revistas internacionales; José Antonio, que en sus viajes de aventura educa al viajero; Lorena, que organiza piñatas, o don Manuel, que tiene su venta de panes en la zona 5. Empresarios como Julieta, que prepara tamales y paches en Antigua, o Manuel que sale a las 4 a. m. con sus tres hijos y siete cabritas a vender leche en la zona 5. Empresarias como Antonia, que descalza vende huipiles en la calle Santander, o Luisa, de 12 años, que hace artesanías de pino.

No hablo de los rentistas que manejan las leyes y compran políticos a su favor y solo a su favor. Hablo de empresarias y empresarios de verdad. De esos y esas que mueven la economía del país a puro sudor y esfuerzo. Empresarios y empresarias que dan todo, ponen su fe en lo que creen y empeño en lo que hacen, que madrugan para llegar a tiempo y abrir su negocio, que se acuestan a medianoche, después de atender su jornada, y aún llegar a ver a sus hijos a casa. Empresarios y empresarias que empezaron de cero y que, por no haber heredado grandes capitales, agradecen cuando una persona llama o entra a su negocio cada día y la reciben con una sonrisa. Empresarios que no se agrupan en gremios para presionar al Gobierno para bajar el salario mínimo, sino que, al contrario, usan su creatividad para hacer crecer su negocio y pagar salarios éticos. Empresarios que no coluden para tener cuotas de poder tan grandes y hacer que se construya una carretera frente a su ingenio, se desvíen ríos hacia su finca o se impida la competencia de otros más pequeños que ellos y ellas.

Empresarios que no buscan integrarse en comités de crisis ni tienen líneas de teléfono directas con el presidente de turno, pues su objetivo es producir y vender con la más alta calidad, y no prosperar a través de favores políticos. Empresarios y empresarias que, aun sin ganar suficiente para poner árboles de Navidad en el parque o luces de colores que promuevan su restaurante, creen en la lealtad de sus clientes. Empresarias que llegan a casa al fin del día contando la plata para ajustar lo que cuesta comprar los útiles escolares de los hijos, la medicina de la madre, o, en el mejor de los casos, llevar a la familia a pasear el domingo.

Empresarios que no cenaron pavo en Navidad —sino, en el mejor caso, tamales— por pagar aguinaldos a tiempo. Empresarios que se preocupan genuinamente por Jorge, el mensajero, que fue asaltado el fin de semana, sin verlo como un número más en planilla.

Empresarios que conocen a sus clientes, como don Tono, que sabe que doña Lupe busca llantas usadas porque no le alcanza para comprar nuevas, por lo que al final de la venta se despiden mutuamente con un «Dios se lo pague». Empresarias que venden tortillas los tres tiempos y agradecen al final del día que, aunque Bimbo patrocine conciertos, en Guatemala, «a falta de pan, tortilla».

Es a ellas y ellos a quienes hoy dedico esta columna como un humilde reconocimiento. A ustedes, que sin estudiar en Harvard nos dan una clase magistral de empresarialidad, perseverancia y fe; que compiten en desigualdad con grandes monstruos que sin ética acaparan poder político y mediático, pero que no por eso desisten ni condenan, y que al levantarse se encomiendan a Dios y antes de acostarse agradecen. Empresarios y empresarias que probablemente deben hasta los cubiertos de la casa para salir adelante y no se rinden. Sé lo que se siente. Yo también he estado allí. Empresarios y empresarias con e de ejemplo y d de dignidad. A todos ustedes, con respeto, una ovación de pie.

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