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Un conflicto ignorado

Lo cierto del caso es que mientras más aprendemos, más nos damos cuenta de que las religiones fueron nuestro primer—y peor— intento de responder a las preguntas grandes de la existencia humana; de buscarle un sentido a nuestra vida y de enfrentar nuestros temores—especialmente a nuestro temor a la muerte.
Tipo de Nota: 
Opinión

Un conflicto ignorado

08 de Junio de 2012
Tiempo aproximado de lectura: 8 mins

Redes-lateral

En 1997, el prominente paleontólogo y biólogo evolucionista Stephen Jay Gould escribió un ensayo para la revista Natural History en el que exponía sus opiniones sobre la relación entre la ciencia y la religión. Dos años más tarde, este texto se iba a convertir en la base para un libro (Rocks of Ages) dedicado a explorar la relación entre ambas y a refutar la percepción de que existe un conflicto entre los descubrimientos de la ciencia moderna y las diferentes creencias religiosas de la humanidad. Es, también, una postura muy aceptada por la mayoría de personas.

Gould, a pesar de no ser creyente, dijo haber sido inspirado por la encíclica papal de Pio XII, Humani Generis (1950), para adoptar la posición de que la ciencia y la religión son dos dominios o “magisterios” diferentes del conocimiento humano que no se traslapan entre sí (Non—overlapping magisteria o NOMA). Gould define un magisterio como un dominio en el cual una forma de enseñanza tiene las herramientas apropiadas para resolver los problemas que le conciernen. La ciencia, según Gould, se encarga del mundo empírico: de estudiar los materiales de los que está hecho el Universo, de indagar en la naturaleza y de describir la forma en la que éste funciona. El magisterio de la religión, en cambio, se ocupa de preguntas sobre propósitos finales, sentido vital y valores morales. Estos magisterios, según Gould, nunca se traslapan y no abarcan todos los dominios del conocimiento humano; existen otros como el de las artes, por ejemplo, que se ocupan de otras áreas importantes.

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