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Un buen émulo de Herodes
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Un buen émulo de Herodes

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Tipo de Nota: 
Opinión
22 06 18

Cuando Jimmy Morales Cabrera asumió la presidencia de la república en 2016, Guatemala ya destacaba por sus estadísticas de horror en el tema de los niños y las niñas.

Durante el gobierno de su antecesor, Otto Pérez Molina, se mantuvo y acrecentó la desnutrición infantil, que afectaba al 50 % de los infantes menores de cinco años. Hacer nada para remediar esa circunstancia ha significado no solo mantener ese dato del horror, sino acumular población que, si sobrevive, lo hace en condiciones que imposibilitan su desarrollo pleno como personas.

De esa suerte, Morales Cabrera no provocó directamente la situación que ha dado lugar a la precariedad y a la miseria casi absolutas en más de la mitad de las niñas y los niños ahora entre los 0 y los 12 años de edad. Digamos que no es su culpa directa. Sin embargo, eso no lo exculpa. Y no lo exculpa porque ha sido incapaz de poner en marcha una sola política que se enfoque en detener el avance de la crisis, menos aún acciones encaminadas a resolver el problema de tajo.

Obsesionado con el único tema que lo concentra, expulsar a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) y a su jefe, Iván Velásquez, Morales Cabrera ha incumplido su función como gobernante. Lejos de ello, ha incurrido en acciones que lo pintan como un émulo de Herodes, ese personaje bíblico a quien en el Nuevo Testamento se le atribuye la matanza de inocentes en Judea.

Cuando apenas llevaba 14 meses en el cargo, vio con indolencia los tratos crueles e inhumanos a los menores confiados al cuidado del Estado en los mal llamados hogares seguros. Ignoró las denuncias presentadas con anterioridad y nombró a personas no idóneas a cargo de estos lugares. Como resultado se produjeron graves violaciones de derechos humanos que condujeron al amotinamiento de un grupo de niñas, niños y adolescentes que huyeron de dichos centros el 7 de marzo de 2017. Un día después, luego de que fueran encerradas en un salón, 56 niñas fueron víctimas del incendio provocado no por quien prendió el fuego, sino por quien impidió la salida de ellas.

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De acuerdo con declaraciones de agentes de la Policía en el lugar, la orden fue dada por el mismo mandatario. Allí, el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, murieron quemadas 41 niñas, en tanto que otras 15 resultaron con graves quemaduras e irreparables secuelas físicas y emocionales. Cinismo, indolencia, incapacidad y perversidad dominaron la acción gubernamental en este hecho, que aún continúa en la impunidad.

En días recientes niñas y niños de Guatemala menores de diez años han sido encarcelados en instalaciones de la agencia de inmigración de Estados Unidos. En el marco de la política de cero tolerancia a la inmigración ilegal, las autoridades estadounidenses tratan como criminales a quienes cruzan su frontera sin documentación en regla. Cuando quienes lo hacen van con niñas o niños, son separados y puestos en lugares diferentes. De hecho, se informa de casos en los que el paradero del adulto responsable de un niño o de una niña es desconocido.

Unas grabaciones fortuitas dan fe del desgarrador estado de las niñas y los niños. Entre ellos, el de una niña guatemalteca que llora inconsolable por vivir la tortura que le ha tocado. Mientras otros Gobiernos con personas de sus países afectadas han reaccionado incluso planteando posibles demandas, el mandatario guatemalteco ha intentado justificar su inacción con absurdos que incluyen desde declaraciones que plantean un inexplicable «respeto a la política migratoria estadounidense» hasta la casi criminalización de quienes migran ante la falta de condiciones.

Niños sin futuro, niños torturados, niños abandonados a su suerte en cárceles del extranjero. Esa y no otra es la vergonzante política de un gobierno incapaz de cumplir con la más elemental de sus funciones. Si es que aún le queda una micra de conciencia, Jimmy Morales Cabrera debe dar la cara y dejar un cargo que le ha quedado sumamente grande.

[El presidente Morales] ha incurrido en acciones que lo pintan como un émulo de Herodes, ese personaje bíblico a quien en el Nuevo Testamento se le atribuye la matanza de inocentes en Judea.
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