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Terremoto, Conferencia Episcopal y el Diálogo Sur-Sur
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Terremoto, Conferencia Episcopal y el Diálogo Sur-Sur

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Tipo de Nota: 
Opinión
20 11 12

Read time: 3 mins

El terremoto del 7 de noviembre que afectó Guatemala, puede ser considerado como una segunda oportunidad para el gobierno de Otto Pérez y su Partido Patriota.

En ese momento el mandatario estaba pasando por su crisis más severa en cuanto a credibilidad y capacidad de maniobrar el timón en tiempos difíciles y el remezón telúrico le vino a representar un suspiro, porque ante una emergencia tan fuerte, a todos solo nos queda unirnos al Estado para salir del pantano momentáneo. Pero al pasar los días… volverán a aflorar los mismos problemas que estaban en un punto álgido antes de la estremecida sísmica.

Además de algunas físicas, en Guatemala otras estructuras estaban a punto de colapsar, antes del 7 de noviembre; estructuras sociales muy representativas, que habían llegado al límite de la paciencia ante un Estado incapaz y dirigido por políticos corruptos; Estado al que se le venía desnudando su peor cara, pues representa el rostro más cruel de la inequidad prevaleciente: pobreza, marginación, falta de educación y de salud. Esta realidad es la que se apaciguó (o sigue escondida) con el reciente sismo. Ese duro contexto saca sus colmillos diarios a más de la mitad de guatemaltecos.

Por eso impresiona la firma postura de la Conferencia Episcopal de Guatemala (CEG) que en Cobán, Alta Verapaz, se manifestó en torno a la conflictividad social. Cito textualmente “el Gobierno debe disipar las sospechas, que se convierten en rumores, de ser un gobierno militarista, intolerante, proclive a favorecer la iniciativa privada y sus proyectos por encima del bien común, y que emplea la fuerza para sofocar cualquier intento de crítica a su gestión”… “Se siguen impulsando programas asistenciales sin atacar las causas estructurales de la pobreza de los guatemaltecos”, fuente: Prensa Libre, 18 septiembre 2012.

Y si a estas circunstancias adversas se le suma el tema de la violencia que sufre el guatemaltecos, los colmillos son más amenazantes. Siglo XXI destacó que la CEG asegura que uno de los grandes problemas que enfrenta la sociedad es “el temor a perder la vida, a ser asaltado y extorsionado, a no tener empleo y a no encontrar espacios de sobrevivencia laboral”. Agrega que los temores que se apoderan de los guatemaltecos los hacen no solo desconfiados, sino agresivos y dispuestos a reaccionar con violencia ante ese flagelo.

Por eso, resultó tan importante, que esta misma semana, Guatemala fuera la Capital Mundial de la Filosofía, evento organizado por la UNESCO y su representante, Edgar Montiel, con la presencia de una buena cantidad de hombres y mujeres pensantes del globo. Este evento forma parte de la idea un gran Diálogo Filosófico Sur-Sur que UNESCO está propiciando, para intercambiar experiencias de las grandes corrientes de pensamiento, no solo las eurocéntricas, sino -especialmente- aquella que provienen de las prácticas diarias de los filósofos de la vida común, como nuestros chamanes, los patriarcas indígenas de nuestra América, los ancianos mayas o quechuas, o aimaras, chibchas o aztecas. En tanto se ha convocado a un grupo de valiosos intelectuales latinoamericanos, para que presenten ante UNESCO México y Guatemala, la necesidad de incorporar estos y otros temas tratados en nuestro país esta semana, en la que coincidió una reunión de filósofos centroamericanos, con el objeto de establecer ¿Qué pueden hacer las ideas por nuestros países?

Solo cuestionando la realidad, no conformándonos con el mundo que nos han heredado, solo con la búsqueda constante de nuestros verdaderos valores podremos salir adelante. La Filosofía se está adelantando en este camino de investigar posibilidades nuevas, creativas, para encontrar caminos inexplorados por otras disciplinas en la construcción de un mundo más humano, más justo. Solo lo haremos, si trabajamos juntos Sur-Sur. Extraordinario esfuerzo que debemos apoyar.

* Publicado en La Hora, 19 de noviembre

Al Estado se le venía desnudando su peor cara, pues representa el rostro más cruel de la inequidad prevaleciente: pobreza, marginación, falta de educación y de salud.
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