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Solo el pueblo puede salvar al pueblo
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Solo el pueblo puede salvar al pueblo

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Tipo de Nota: 
Opinión
6 09 18

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El pasado viernes 31 de agosto, Jimmy Morales, haciendo alarde de la fuerza militar y policial, decidió anunciar que no renovará el mandato de la Cicig, cuyo período vence el 3 de septiembre de 2019.

Tres días después, en desacato a la Corte de Constitucionalidad, emite una orden para prohibir el ingreso del comisionado Velásquez al territorio nacional. Ese mismo día los diputados conocen el primer debate de la iniciativa de reformas a la Ley en Materia de Antejuicio, que eliminaría el filtro de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) a las denuncias contra funcionarios.

Las voces de indignación y repudio no se han hecho esperar. Países como Noruega, Suecia, Alemania y España, entre otros, han expresado su preocupación por las acciones del Ejecutivo. También organismos internacionales como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el secretario general de las Naciones Unidas han expresado públicamente su preocupación y rechazo a tales medidas.

En Estados Unidos, las voces están divididas. Norma Torres, Ileana Ros-Lehtinen, James McGovern, Eliot L. Engel y Albio Sires, integrantes de la Cámara de Representantes, han emitido comunicados de respaldo a la Cicig y al comisionado. Sin embargo, el secretario de Estado, Michael Pompeo, fue ambiguo y prefirió omitir preocupación o condena alguna. En su mensaje se limitó a agradecer los esfuerzos de Guatemala en el combate al narcotráfico y en seguridad. La embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, también parece haber tomado partido a favor de este silencio cómplice que favorece las acciones de Jimmy Morales. Por otro lado, al presidente Trump solo le preocupan las próximas elecciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, que se realizarán en noviembre. Es decir, lo que pase en Guatemala le importa un comino.

En una buena lectura de esta coyuntura política de Estados Unidos, y valiéndose de sus alianzas surgidas a la luz del traslado de la embajada de Guatemala a Jerusalén, Jimmy Morales decidió accionar contra la Cicig. Aprendió la lección de Otto Pérez: él no irá a prisión y, si para eso tiene que romper el orden constitucional, está dispuesto a hacerlo. Sabe muy bien que eliminando la Cicig se garantiza impunidad. También está dispuesto a deshacerse políticamente de todos sus adversarios: el procurador de los derechos humanos, la fiscal general del MP y la misma Corte de Constitucionalidad.

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Las armas de la política son el diálogo y la negociación, pero Jimmy Morales ya cerró ese espacio. No quiere hablar con los medios de comunicación y tampoco tiene capacidad para negociar en el Congreso de la República. Ahora solo le queda el uso de la fuerza y la intimidación. Por eso sale acompañado de militares.

Guatemala está viviendo un momento complejo que marcará su futuro. Los gringos están entretenidos en su propia casa y no parecen interesados en meter las manos al fuego en nuestros países. Ya ven cuántos muertos lleva Ortega en Nicaragua y ellos no han movido un pelo. Pareciera que estamos solos en esto.

Solo el pueblo puede salvar al pueblo. De nosotros depende entender la gravedad de esta coyuntura y actuar a la altura de lo que exige este momento. Más allá de las diferencias que podamos tener en temas sociales como el aborto o el matrimonio gay, hoy urge que nos unamos para proteger la democracia. Guatemala corre el riesgo de volver a la impunidad, a que los criminales se sientan a sus anchas, intocables y seguros de hacer fechorías. Pero más que nada existe el riesgo de que se imponga la fuerza ante la razón.

Guatemala corre el riesgo de volver a la impunidad, a que los criminales se sientan a sus anchas, intocables y seguros de hacer fechorías.
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