El cabello blanco grisáceo que apenas se deja ver por las orillas de la gorra que lo protege del sol. Siempre he querido pedalear a su lado y sugerirle que cambie la gorra por un casco. Lo del silbatazo debe ser su forma de anunciarse y visibilizarse.
El día había empezado bastante nublado y poco halagador. Para esa tarde había una convocatoria a un recorrido en bicicleta. Por lo del día mundial sin carros. Así que llegada la hora me dirigí al punto de reunión. Esperaba encontrarme con 20 o 30 personas lo que consideraría un éxito. Con lo nublado, puede que fuéramos menos.
Durante el día las condiciones fueron cambiando, la tarde despejada invitaba a pasear. Esa es una de las ventajas de la bicicleta. Cada salida, cada viaje, cada ruta, es un paseo. Una aventura. Al llegar al lugar me percaté que mi pesimismo muchas veces no tiene justificación alguna. Ya habíamos más de 30. Con la noche cayendo detrás de los altos edificios en este sector de ciudad, la cantidad fue aumentando.
Después del compás de espera acordado, decidimos tomar rumbo al norte, al otro extremo de la ciudad. Más de cien ciclistas pedaleando en medio del tráfico nocturno. Tomamos un carril y ahí íbamos todos, con sonrisas de sorpresa. Parecíamos niños. Felices. Conociendo gente, gritando. Un verdadero paseo. Algarabía rodante.
Creo que uno de los objetivos se cumplió. Eso de andar en grupos visibilizándonos de una mejor manera que el viejo del pedalazo y silbato, es mucho más eficiente. Necesitamos ciclovías sin lugar a dudas. Cuentan las leyendas municipales que un proyecto que las contempla, está en el escritorio del rey de esta ciudad. Me lo imagino jugando con los fólderes. Este sí, este no, este sí, este otro no. En las afueras del despacho vitalicio, los empleados deben esperar comiéndose las uñas mientras apuestan por el proyecto elegido.
Eso pasa cuando no se eligen a los políticos adecuados. Y pasa porque no los hay. Y pasa porque el sistema electoral es un fracaso, y pasa… Mucho se ha dicho ya del tema y poca trascendencia ha tenido. Desde luego que el resultado, pues casi 30 años y un basurero en medio de la ciudad amenazando con sus vapores y fluidos. Entre otras cosas de las que también se ha escrito demasiado.
Al final del recorrido, fue una buena noche del día mundial sin carros en ciudad de Guatemala. A pesar del tráfico que era el mismo, empezar por esos pequeños movimientos, es muy valioso. La bicicleta no solo sirve para ejercitarse o como una manera de pasear o de transportarse. Sirve para eso y mucho más.
Estoy seguro que si existiera por lo menos una ciclovía verdaderamente funcional en la ciudad, habríamos muchos más ciclistas. Desde luego que esto no es la panacea a los problemas del tráfico y demás. Es iluso e irresponsable pensar eso. Pero sí que sería una pequeñísima luz que puede servir para entender e intentar otras maneras de relacionarnos con el hábitat urbano.
Al día siguiente no pude ver al viejo ciclista. Imagino que sale cuando necesita hacer mandados y eso probablemente no sea a diario. Ni a las mismas horas. Pero me alegra verlo. Un día de estos, cuando lo vuelva a ver, me gustaría decirle que use casco. Y me gustaría también indicarle de alguna ciclovía por donde pudiera circular con mucha más tranquilidad.




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