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Puta (pero libre, soberana e independiente)
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Puta (pero libre, soberana e independiente)

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Opinión
15 09 18

Mujer contra mujer.

El veneno llega suavecito, quedo y hasta dulce como la voz de la Torroja en el éxito ochentero.

Y es que el machismo asumido entre mujeres es así. Evidente en miradas hipócritas, susurros por la espalda y juicios amargos. Mortal, pero acompañado de sonrisa mutua.

No hace mucho fui a una fiesta en la cual las conocidas abrazaban duro a sus maridos cuando llegaba yo a sentarme a la mesa. Y es que ahora soy soltera.

Y ser soltera en ese contexto implica que representás un doble riesgo. Riesgo porque sus maridos te verán más atractiva (porque, por principio emocional básico, lo sos). Y doble porque también les recordás —o restregás— que las cárceles no le hacen bien a nadie.

Libre, soberana e independiente: tanto como la bandera de Guatemala sobre un cielo azul.

Ser soltera tiene su precio. Precio más elevado que el más alto de los mástiles. Más que los pedestales morales en los que colocamos la sacrosanta e inmaculada unión matrimonial.

Ser soltera implica una penalización a pasos. Estigma a capítulos, como en las telenovelas, porque el veneno es más letal así, por sorbos.

Y ese castigo viene en el siguiente orden: decidís divorciarte, hacés los trámites, firmás el papel, respirás con resignación, mirás al cielo tomando coraje, lo anunciás y —repentina e indiscriminadamente— te volvés puta.

Puta porque nadie te honra: hasta ayer fuiste señora de alguien, ahora sos mujer de nadie. Puta porque te urge otro marido que te sostenga y te valide. Uno que le agregue un de (de decente) a tu nombre y te haga de su puta propiedad. Puta porque te animaste y —encima— te atrevés a ser feliz.

[frasepzp1]

«¡Puta! ¿Y ahora quién te va a mantener?», preguntó viéndome a los ojos. «Esas son las cosas que uno tiene que pensar primero. Estar feliz pasa ya a segundo plano».

Y —¡puta!— los patojos. ¡Qué mal ejemplo el que les das! Porque la autonomía y la libertad son prohibidas. Porque la independencia es mal vista y ahora tus hijos son eso: unos hijos de puta.

Y la directora del colegio dejó de entregarme las calificaciones porque no era yo quien pagaba. Y la líder me invitó a retirarme del grupo de oración para que no me sintiera mal por tener que llegar sola. Excomunión porque no cumplí la promesa de aguantar hasta la muerte y no luché por mi matrimonio. Y también la sociedad que me convirtió en un meme porque ahora me toca ser luchona y las bendiciones que son mis hijos se vuelven una burla. Y mi castigo, pues, será la doble jornada laboral y un menor sueldo porque, ¡puta!, me atreví a ser libre. Y el cuchubal, que eleva sus oraciones y cejas porque ¡Dios guarde! Soberana, oración y amistad, pero de lejos. Porque su marido anda cerca y vos sos puta. Y «el diablo es diablo, chula».

Pero el precio (más elevado que el más alto de los mástiles) vale la pena cada vez. Cada vez que me subo a mis propios pedestales, donde coloco y quito a mis propios santos y hago un colocho con la inmaculada unión matrimonial y grito a los cuatro vientos: soy libre, soberana e independiente (tanto como la bandera de Guatemala sobre un cielo azul) y sonrío de medio lado.

(Continuará).

Y —¡puta!— los patojos. ¡Qué mal ejemplo el que les das! Porque la autonomía y la libertad son prohibidas. Porque la independencia es mal vista y ahora tus hijos son eso: unos hijos de puta.
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