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Opinión
14 05 18

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Ante la lambiscona visita de Jimmy Morales a Israel, invito al presidente de la república a un recorrido por la historia del Levante mediterráneo, a desempolvar una saga de opresión oculta. Efectivamente, sus decisiones en torno al Estado judío equivalen a un apoyo tácito al apartheid jurídico-militar en Palestina.

La semana pasada vimos un comentario del cabildero profesional Nicholas Virzi en el cual aseguraba que «reconocer a Jerusalén como lo que es […] es una excelente decisión de política exterior». ¿Y qué es, pues, Jerusalén? Verán, Jerusalén es, esencialmente, una ciudad bajo litigio político permanente: capital, insignia y espacio sagrado histórico para dos naciones cuyos Gobiernos no parecen estar dispuestos a resolver sus diferencias. Hablo, desde luego, de Palestina e Israel. Eso es Yerushal...

El Organismo Ejecutivo se pasó por las cachas toda una historia de sangre y dolor en una medida canalla y «amateur» que será recordada con ignominia por la comunidad liberal internacional.
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Los palestinos son, de hecho, esclavos legales en pleno siglo XXI, y Jimmy Morales parece estar muy feliz operando uno de los látigos verdugos.