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Nuestro diagrama de Venn social
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Tipo de Nota: 
Opinión
21 02 18

Son tantas las necesidades del país, son tan pocos los recursos disponibles para atenderlas y son tan cortos los tiempos políticos para movilizar las instituciones públicas que parece que estamos necesitados de cambiar la estrategia.

¿Qué tal si, en vez de (des)gastarnos en una conversación compleja y con pocas capacidades de éxito, mejor tratamos de encontrar uno o dos grandes temas clave, un par de grandes áreas de trabajo, detrás de los cuales sumar voluntades para poder actuar y enfocar energías?

Es verdad que la coyuntura actual de lucha contra la corrupción y contra las mafias va a seguir consumiéndonos por un buen tiempo. Y así debe ser. Esto no se va a agotar pasado mañana. Es un problema demasiado profundo, demasiado enraizado, de demasiadas cabezas.

Pero lo que no nos puede pasar es, además, quedarnos paralizados por temor o por la incertidumbre que este genera, esperando primero resolver el problema de la corrupción y luego volver a retomar la conversación de cómo hacer crecer la economía y desarrollarnos como sociedad. Así que lo más probable es que nos toque aprender a caminar por unos buenos años en estas dos pistas paralelas y procurar seguir avanzando en ambas.

Lo que tampoco nos puede pasar, porque francamente no parece que podamos darnos el lujo de perder ya mucho tiempo, es volver a ensayar soluciones complejas, como varias otras experiencias que ya hemos probado y que nos han dado resultados muy limitados. Son demasiados frentes abiertos y, con estos, la probabilidad de fracaso crece de manera exponencial.

Quizá si intentamos partir de algo menos comprensivo, pero que nos una, que sume. Un área de trabajo que abra espacios políticos y técnicos para el aporte de todos o, cuando menos, de una buena parte de la población. Intentar por alguna de las muchas variables que sabemos que están inhibiendo nuestro desarrollo y sobre las que una amplia mayoría pueda estar bastante de acuerdo. Algún área sobre la cual la evidencia sea incontestable y que sabemos que ha estado históricamente subatendida en Guatemala. Algún tema que, aunque sepamos que no dará frutos inmediatos, sí que sentará bases para un cambio cualitativo en la trayectoria de nuestro desarrollo.

Con una estrategia así, tal vez hasta la comunicación política se haga más coherente, la auditoría social pueda ser más sencilla y quizá se logre una mejor coordinación entre diferentes instituciones públicas. Tal vez si encontramos esta intersección en nuestro diagrama de Venn social, también vamos a poder pensar con mayor claridad en los mecanismos de transmisión y multiplicación de efectos. Y eso sí que amplificaría los resultados de nuestra acción social y política.

De repente cambiando de estrategia, de lo complejo a lo simple, podamos ser capaces de construir y comunicar una narrativa mejor, más joven y fresca, para los problemas viejos que nos aquejan.

Pero ¿existe tal cosa?, preguntará alguien. Yo creo que tal cosa existe, respondería yo si me lo preguntaran. Pero ¿tenemos el tiempo para eso? Preguntará alguien más. Yo creo que sí, respondería yo si me lo preguntaran.

Esa es una de las pocas ventajas de estar tocando fondo, de estar pasando por crisis profundas. Y Guatemala lo está.

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