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Miguel A. Gálvez: “Se ha perdido la diferencia entre el bien y el mal”
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Miguel A. Gálvez: “Se ha perdido la diferencia entre el bien y el mal”

La corrupción está tan metida que ya no se logra diferenciar si algo es bueno o es malo”.
El Ministerio Público pueda dar a conocer una investigación siempre y cuando respete que la persona no es responsable.
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Al juez de Mayor Riesgo Miguel Ángel Gálvez Aguilar lo que menos le sobra es tiempo. Algunos de los casos más emblemáticos investigados por el MP y la Cicig (con La Linea y Cooptación del Estado) llegaron a su despacho, y eso se le han ido los últimos tres años de su carrera profesional. Aun así, se presentó como candidato a Fiscal General y logró con éxito ser incluido en la nómina de seis sobre la cual elegirá el presidente Jimmy Morales al sustituto de Thelma Aldana.

Miguel A. Gálvez: “Se ha perdido la diferencia entre el bien y el mal”

Gálvez tiene 59 años y una relación con la justicia de toda la vida. Es admirador de las sagas cinematográficas de La Guerra de las Galaxias y El Padrino. Hasta antes de 2015 no se le había cruzado por la mente que algún día sería el responsable de procesar a un expresidente y, mucho menos, tener el reconocimiento público con el que cuenta en la actualidad, por el simple hecho de hacer su trabajo. Tampoco había contemplado la posibilidad de postularse como candidato a Fiscal General hasta unas semanas antes de que la Comisión de Postulación lanzara la convocatoria. Uno a uno, el “honorable juzgador”, como han dado en llamarle en las redes sociales, pasó los filtros de la comisión hasta llegar a ser elegido (por 14 votos a favor y uno en contra) para integrar la nómina de la cual el presidente Jimmy Morales elegirá al sustituto de Thelma Aldana.

Su elección como finalista, dice, le sorprendió e hizo feliz. La mejor manera de ayudar a Guatemala, dice, convencido, es participando; ser o no el elegido, admite, es algo secundario.

El trabajo en el Juzgado de Mayor Riesgo ha venido de intenso a crónico en los últimos años. De ahí que su tiempo sea limitado. Para esta entrevista, después de rebuscar un espacio en su agenda durante varios días, opto por las primeras luces del día: a las seis de la mañana en un hotel de la zona 10. Era el único tiempo que tendría disponible durante el día. El resto de la jornada la pasaría en su juzgado, atento a las declaraciones del colaborador eficaz Juan Carlos Monzón por el caso Cooptación del Estado. Entró al lobby solo, sin seguridad, sin atraer la atención. Llevaba su maletín colgado sobre su hombro izquierdo. “Buenos días, juez”, lo saludaron algunas personas mientras se dirigía a la mesa.

Al sentarse, una camarera se acercó a ofrecerle café: negro con un chorrito de leche y azúcar. Aunque el dia apenas inicia, Gálvez lleva ya varias horas en píe. Viste un traje oscuro y corbata de líneas; da un sorbo a la taza y empieza a hablar sobre el plan de trabajo que impulsaría en el Ministerio Público en caso fue elegido; consisten en cinco ejes, dice. Hace dos semanas lo expuso ante la Comisión de Postulación, pero apenas le dio tiempo de explicar cuatro. Gálvez es conocido por explayarse y explicar minuciosamente cada detalle y frente a los comisionados, los diez minutos de exposición y cinco de preguntas le quedaron cortos.

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u plan, detalla, consiste en cinco ejes: acceso a la justicia, eficacia de la persecución penal, sistema de carrera profesional, gestión y administración transparente, y coordinación interinstitucional. Durante la hora que duro esta entrevista, Gálvez insistió en relacionar todos los temas con un recurrente: la corrupción y los actos de los funcionarios. Es un tema del que se ha especializado en los últimos tres años, por los casos que ha conocido su juzgado producto de las investigaciones del MP y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig). Su mayor preocupación, asegura, “es que se ha perdido la diferencia entre el bien y el mal”.

“Ya se imagina que viene un diputado y me dice que lo de las plazas es normal. Eso, discúlpenme, pero el análisis detrás es que la corrupción está tan metida que ya no se logra diferenciar si algo es bueno o es malo”.

¿Qué rol jugaría el MP para que se logre hacer esa diferencia?

El fiscal tiene que hacer convenios o contratos interinstitucionales con el Ministerio de Educación para ir a capacitar a los niños sobre la ética. También tendría que impulsarlo en las universidades. Hay que comenzar a ver el problema desde abajo.

¿Esa iniciativa también forma parte de su plan de trabajo?

Sí. Hay que crear una oficina para que tenga comunicación con alumnos, si quiere algunos fiscales que estén listos para dar capacitaciones. Nos enfocamos puramente en el delito, pero hay que ir más allá, a la raíz y trabajar con los niños.

¿Seguiría con la lucha contra la corrupción?

Sí, por supuesto.

¿Aunque no sea renovada el mandato de la Cicig?

Lo ideal sería que se prorrogue el mandato, pero hay que estar preparado. La Cicig tiene que hacer la transición y la transferencia de recursos.

¿Cómo reaccionaría en una crisis como la generada por declaración de non grato del comisionado Iván Velásquez?

Decretar el non grato no se puede. Dentro del mismo mandato que da vida a la Cicig hay alternativas. Para esto están los tratados. Lo que se tendría que hacer en ese caso es trabajar con la ONU para hacer la modificación.

Gálvez no duda de sus respuestas, sobre todo si se trata de temas de corrupción. Su iniciativa es trabajar el tema desde abajo. Los delitos, dice, son la consecuencia y no la causa. Pero sabe que, de ser electo, su plan de cinco años únicamente marcaría un inicio. “Al menos con comenzar es algo porque hay mucha limitación de recursos y lo que yo siento actualmente es que no hay voluntad política”, dice y toma otro sorbo de café.

¿En qué sentido falta voluntad política?

Del Ejecutivo.

¿Ve actualmente a al presidente Morales como un aliado en la lucha contra la corrupción?

¿Al Ejecutivo? No. No. No.

De ser elegido el próximo Fiscal General, ¿cómo sería su relación con el presidente?

Tendría que tratar de que sea estrecha. No sé cómo es posible que esté peleando si todos estamos por el mismo camino.

La tolerancia cero a la corrupción es algo que el juez resalta mucho. Aunque, admite, que le gustaría el MP fuera reconocido por perseguir delitos de otra índole, como extorsión, asesinato y problemas de recursos naturales.

“Yo siento que la licenciada Thelma (Aldana) le ha dado mucha importancia a ciertos tipos de delitos, especialmente lo que es la corrupción, pero el Ministerio Público no solo es corrupción. El Ministerio Público es un todo. Entonces, buscar la forma para que no solo se dedica a la corrupción, sino que se puede dedicar a todos los delitos de acción pública”.

También cuestiona las conferencias de prensa en las que el MP y la Cicig ofrecen información sobre los casos que investigan, los sindicados y las evidencias obtenidas. “Yo siento que hay limitaciones. El Ministerio Público pueda dar a conocer una investigación siempre y cuando respete que la persona no es responsable, el derecho a la intimidad y el no perjudicar la investigación. Dar una conferencia cuando no hay personas detenidas y explicar todo esto, definitivamente no”, explica con seriedad, aunque agrega que sí daría apertura a la prensa y que daría declaraciones oficiales después de que un juez competente emita una resolución tras la audiencia de primera declaración.

Gálvez suspende la entrevista durante varios minutos. Se excusa para llamar a su hijo y desearle un buen día en el colegio. La primera vez no consigue respuesta. Media hora después vuelve a tratar. Le pide que le avise a mediodía cómo va y le desea un buen día. El juez está consciente de los riesgos que corre su familia debido a su posición y los casos que conoce en el juzgado que dirige.

De llegar al MP, continúa, trabajaría en mejorar la eficacia del MP en temas de persecución penal. Después de 18 años de escuchar a fiscales litigar en procesos de toda índole, considera que hay que mejorar y modernizar la estrategia de litigio y la persecución criminal estratégica. Le gustaría que todas las fiscalías fuera como la Fiscalía Especial contra la Impunidad (Feci), que dentro de su equipo cuenta con peritos y analistas. En el resto de Fiscalías, dice, se deben pedir que estos expertos lleguen a auxiliarles. “¿Por qué no replicamos a la Feci en las demás fiscalías? O al menos hacerlo en las que ven delitos del crimen organizado, como la Fiscalía contra la Corrupción, la de Asuntos Administrativos y la de Asuntos Internos”, dice. Saca de su maletín un ejemplar de Ley de Dirección General de la Investigación Criminal, la abre y explica que eso “está contemplado” en esa normativa.

¿Considera que actualmente el MP es eficaz en la persecución penal?

No.

¿Qué piensan que como estadística de cada 100 asesinatos se investiguen solo ocho?

Definitivamente de la impresión que es como si fueran inexistentes las instituciones. El MP solo tiene presencia en el 40% del país. ¿Qué pasa con el 60 restante? Hay que ir pensando cómo crear fiscalías en toda la nación.

¿Hay presupuesto para eso?

Yo lo desconozco. Pero hay que hacer ese esfuerzo o al menos usar lo que ya tenemos. Les pongo este ejemplo: en 1987 se reunieron todos los ministros de justicia europeos y dicen que no tienen la capacidad de contrarrestar un delito. ¿Por qué? Porque necesitan demasiados recursos, entonces buscan simplificar el proceso penal. Por ejemplo, Alemania propone buscar los métodos alternativos de resolución de conflictos para que los delitos que no sean de perfil alto tengan un procedimiento abreviado. Así se reparten los recursos que se tienen en delitos que sí valen la pena.

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¿Qué tipo de delitos vale la pena mediar en un procedimiento abreviado?

Por ejemplo, las pensiones alimenticias, cierto tipo de violencias… claro que no violencia contra la mujer o relacionadas a esta; accidentes, algunos robos. En todo esto pudiera verse alguna alternativa contemplada en el Código Procesal Penal.

¿La resolución de conflictos ayudaría al Ministerio Público?

Eso descongestionaría un poco la carga del Ministerio Público.

¿Y en qué delitos se deberían enfocar las investigaciones?

Asesinato, narcotráfico, delitos de corrupción, trata de personas, secuestro. Hablamos de 22 mil detenidos. El 60% están en prisión preventiva y el 40% condenados. Si de ese 60% se revisa los tipos de delito y se puede buscar alguna medida alternativa, se disminuye del 60% al 30%. Entonces se pueden redistribuir los recursos en las cárceles y empezar a llevar un mejor control. Eso es algo que el MP no puede hacer entonces se necesita una instancia coordinadora del sector justicia.

¿Continuará con el tema de justicia transicional?

Por supuesto. De estos, la mayoría de estos procesos están abiertos. El problema es que estos tardan mucho tiempo. El Diario Militar, por ejemplo, nos ha tomado 12 o 14 años. No es sencillo.

¿Cómo sería su relación con la SAT?

Habría que coordinar con la SATG y con la PGN y la IVE, que también participan dentro de la fase de investigación. A veces parece que no hablamos el mismo idioma (al momento de investigar) pero si nos sentamos y coordinamos, entonces podemos ver alternativas.

Gálvez es un aficionado de las series de Netflix y las películas clásicas. Las ve “por poquitos”, cuenta. El denominador común de sus momentos de entretenimiento, giran (no podía ser de otra manera) alrededor del crimen organizado. Habla de El Padrino, la saga de Francis Ford Coppola, y de El Mecanismo, la serie recién estrenada, que dramatiza el caso Lava Jato, uno de los casos de corrupción más sonados de los últimos años de Brasil.

Fin de la entrevista: es hora de desayunar. Gálvez pide frutas con yogur, cereal con leche caliente, jugo de naranja y café. Termina de comer y se despide efusivamente. A la salida del restaurante lo para un hombre. Le dice algo al oído y le da una pequeña palmada en la espalda. El juez sale como entró, solo, y con el tiempo en su contra para llegar a la Torre de Tribunales.

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