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Mañana será otro día

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Tipo de Nota: 
Opinión
17 02 18

Mañana será otro día para mí, para vos.

Podremos recorrer el camino al trabajo después de comer algo, pensando en las cosas del día o en que se te olvidó pasar a la tintorería. El lunes, temprano, veremos en las ventanillas de los carros a los niños recién peinados que pensarán en sus amigos de clase, en el partido de la tarde, en su perro enfermo.

Existe otro día para ver a la gente que quieres, hablar con ellos, comentar las noticias del día, la lluvia repentina, la ropa que no se seca en el tendedero. Somos privilegiados en este país del despojo.

Para nosotros queda esperanza de que el sistema se desmorone. A lo lejos vemos que se está quebrando, que los indiferentes ya no lo son tanto, que pasar cuatro horas diarias en el tráfico no es humano. Todas las semanas muere gente que se cae de la camioneta llena. Muerte en asaltos, extorsiones, abusos de brochas, metidas de mano, labios lascivos rozando tu nuca. Qué asco.

Sí, la corrupción mata, la impunidad es coartada.

La dignidad humana resquebrajada cada mañana. La voluntad de cambio olvidada. No es normal vivir así. Somos los últimos en todo bienestar y los primeros en muerte y perversión. No, patrones. No somos extremistas. No nos hemos polarizado. Los procesos judiciales nos han mostrado el sistema perverso y queremos cambiarlo. Eso nos hace ciudadanos, no comunistas.

No queremos vivir en el siglo XIX. No les debemos nada. Somos iguales y queremos que todos puedan pensar, cuando les vaya mal, «mañana será otro día», no el día de muerte y sangre y de niños bufones de esquina.

Es cansado pensar que mañana será otro día sin cambios: diputados asesinos de sus enemigos, jueces con mansiones injustificadas, cuentas en Malta, paraísos fiscales con bancos opacos, mansiones de playa de millonarios instantáneos, motos que cuestan más que una casa. Este es el país en el que vivimos y queremos cambiarlo.

La guerra está abierta y luchamos contra monopolios televisivos, radios manipuladoras, tontos con plumas. Contra todo el dinero que nos podamos imaginar. Contra el poder del poder. Contra diputados atrincherados y lejanos. Contra alcaldes cínicos manejando nuestro dinero y llevándolo a cuentas de esposas, amantes, nueras, socios. Nos enfrentamos a políticos unidos en un frente contra el cambio. En este barranco profundo en el que vivimos, solo existe un único y gran partido político: el partido aquí no pasará nada.

El poder con su discurso de que queremos cambiar el sistema sin ganar elecciones. Por favor. No se puede jugar con la perversión y el engaño, con cartas marcadas, con reglas que no conocemos. No, ese no es un argumento. A diario el MP y la Cicig nos muestran el juego que jugaron y los blindajes que tienen.

El gran hoyo negro del sistema corrupto nos está tragando. Queda poco fuera. Hemos perdido amigos, familia, socios, y estamos tristes por ello. Se ha llevado también parte de nosotros. Hemos transigido, mirado a otra parte. Hemos callado cuando deberíamos haber gritado.

Tal vez esos malditos tienen razón: querer ver la sonrisa de las cosas nos hace revolucionarios.

Y mañana será otro día, por lo menos para mí.

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