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Los huesos que buscan su nombre (Parte II)
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Los huesos que buscan su nombre (Parte II)

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A esto se agrega una nueva tarea. En octubre de este año, en el extremo norte del cementerio, una zona reservada a los infantes, se descubrieron dos misteriosas fosas comunes. Están a menos de dos metros del barranco, en un área batida por los vientos. Son clandestinas: no están registradas por la administración de La Verbena, y por su naturaleza, violan todas las reglas del cementerio.
Es por eso que se han establecido criterios de prioridad. “El grupo de máxima prioridad, la categoría A, corresponde a heridas de arma de fuego en el cráneo. La categoría B son los traumas contusos punzocortantes o cortantes en el cráneo o postcráneo. La categoría C corresponde a las heridas en otras partes del cuerpo”, explica Jorge Barrios.
Una de las dos fosas comunes encontradas. Funcionaron de forma clandestina.
La otra fosa clandestina: no fue registrada por el cementerio La Verbena.
Es difícil ver el número de osamentas cuando ellas están amontonadas.
La FAFG ha extraído alrededor de 20 mil osamentas de los osarios de la Verbena.
Luego de las exhumaciones las osamentas pasan a un proceso de limpieza y análisis.
Un antropólogo limpia una osamenta. Atrás fotos de desaparecidos durante el conflicto armado.
Cada osamenta un caso, una historia.
El exterior de la FAFG yacen algunas fotos de desaparecidos durante la guerra.
Luego de la limpieza de osamentas, los huesos pasan al laboratorio genético de la FAFG.
Una genetista manipula un hueso para el análisis. De las ciencias "blandas" se pasa a las "duras".
Las pruebas de ADN son realizadas de acuerdo a prioridades por no contar con recursos suficientes.
El grupo de máxima prioridad corresponde a grupos con heridas de arma de fuego.
La tarea: comparar las muestras de los familiares de desaparecidos con las de las osamentas.
Hasta la fecha se han analizado 12 mil osamentas y realizado 800 pruebas de ADN en la Verbena.
Un agradecimiento de quien estuvo desaparecido y fue encontrado: Saúl Linares.
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Tiempo aproximado de lectura: 15 mins

“Vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”, podría ser la frase escrita
sobre el arco neobarroco que abre el cementerio de La Verbena. Algo dantesco tiene este recinto: forma un largo promontorio sembrado de tumbas, rodeado por los barrancos más vertiginosos de ciudad de Guatemala. Aquí, un grupo de científicos remueve miles de osamentas, en un tortuoso intento por devolver a las familias de los desaparecidos, los restos de sus parientes.

A lo lejos, viendo hacia el norte, el puente del Incienso y los asentamientos marginales, Trinidad, Buena Vista, 4 de febrero, aferrados a las abruptas laderas de un abismo; al sureste, tras otro despeñadero, el Cementerio General y el basurero de la Zona 3. Al fondo del barranco, un río de aguas negras en donde una legión de parias entre los parias, vive buscando desechos. El día anterior, un niño que buscaba chatarra fue arrastrado por un deslave.

En la entrada del cementerio de La V...

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