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Los caballos de Calígula
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Los caballos de Calígula

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Tipo de Nota: 
Opinión
6 08 18

Si Calígula nombró cónsul a su amado caballo Incitatus, debe de haberlo hecho para insultar y subordinar a una institución, el Senado romano.

Mucho se ha escrito acerca del emperador Calígula que, bajo una mirada contemporánea y liberal con matices de moral victoriana, lo hace lucir como mentalmente incapacitado y moralmente censurable. Sin embargo, coincido con quienes detrás de la fachada de estadista desquiciado encuentran decisiones calculadas, que en ese entonces eran demostraciones de poder.

Una lógica similar a la anterior se puede observar hoy en día tanto en Guatemala como en otras latitudes. Desgraciadamente, esa lógica que golpea a las instituciones es coherente con el ideario neoliberal que sataniza al Estado, lo debilita y lo transforma en un aparato policial al servicio del capital.

Así, el Incitatus moderno se incrusta en el Congreso de la República, en los ministerios de Estado o en las cortes. Cualquiera que sea el órgano de Estado o la institución autónoma a que nos remitamos, estará poblado de personajes que transitan de la sinrazón al cinismo, pero que sirven al proyecto neoliberal. El ejemplo más reciente y escandaloso es el aeropuerto —todavía internacional— La Aurora, por el cual ha desfilado la fauna más corrupta e inepta, siempre obediente y que provoca dos efectos: la inviabilidad operativo-financiera y un rechazo de la gente y de las organizaciones usuarias del aeropuerto que termina por justificar su privatización.

En ese sentido, es razonable considerar un proceso de concesión del aeropuerto, pero no a cualquier empresita de cartón y tampoco a precio de vaca muerta. Del mismo modo, si vamos a pensar el aeropuerto con visión gerencial, es menester que los hangares, servicios y espacios comerciales se liciten y asignen a precios de mercado, con total transparencia. De lo contrario, solo estamos privatizando la corrupción, ya que el ingreso que el Estado no perciba es dinero que nos roban a todos y a todas.

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Por lo tanto, la precaria institucionalidad chapina debe ir saliendo de los Incitatus con iniciativa. Y por eso la lucha contra la corrupción no es una tarea inútil. No es posible rescatar la salud, la educación, la seguridad, el deporte, el medio ambiente, o luchar contra la pobreza extrema siendo tolerantes con la corrupción. Tampoco es posible crear condiciones electorales para que proyectos progresistas compitan de forma viable.

¿Y qué sigue después? Allí está el punto más complicado. Desde ahora debemos mantener un rumbo estratégico, pues los caballos no tienen toda la culpa. Quienes deben preocuparnos son los nuevos Calígulas, que se asoman por doquier con un discurso autoritario, religioso, moralizante, patriarcal, empresarial, individualista o neoliberal. Esos Calígulas, que no necesariamente son políticos, tienen muchas caras y los hay tanto chapines como extranjeros. De esa manera, no basta con que un Ángel González o un Manuel Baldizón enfrenten la justicia. Es necesario que cualquier empresario o empresaria con poder se dedique a su negocio y saque las manos del Estado.

Hoy resulta indignante que continúen los asesinatos políticos gracias a un Estado infectado de mafias de cuello blanco o de botas lustradas. Y aunque se infiera quiénes son los perpetradores, es necesario poner la vista en quienes se benefician con un Estado antidemocrático, violento, corrupto. Esos son los Calígulas que deben ser identificados, y la mayoría están fuera de nuestra percepción.

Los caballos no tienen toda la culpa. Quienes deben preocuparnos son los nuevos Calígulas, que se asoman por doquier con un discurso autoritario, religioso, moralizante, patriarcal...
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