Esta habilidad que la escuela debió explotar exitosamente, fue en realidad, su acta de expulsión del sistema educativo y la razón por la cual, ella se convertiría en una adulta analfabeta.
La historia fue así, por allí por 1934, tendría mi madre 8 años y cursaba su segundo grado de primaria, en una escuela pública de Costa Rica. En ese entonces, no había educación preescolar estatal y los niños entraban directo a la primaria. Era hasta ese momento, cuando el niño comenzaba su etapa de aprestamiento, socialización y aprendizaje básico en lectoescritura y enseñanza de la matemática.
La maestra rápidamente se dio cuenta de la rapidez en el cálculo matemático de mi madre, y propuso adelantarla de segundo a cuarto grado. No consideró la docente, que los conocimientos en lectoescritura aún no estaban afianzados, ni que la niña no tendría la madurez emocional para continuar con éxito su proceso de aprendizaje.
El resultado, mi madre perdió el cuarto grado y su padre, mi abuelo, la sacó de la escuela porque, en sus propias palabras, “la niña no salió buena para la escuela”.
Traigo a colación la historia de mi mamá por dos razones. Primero, porque refleja la realidad de la Costa Rica de los años 30. Casi cuatro décadas después nací yo y esa realidad había cambiado considerablemente. Nosotros somos siete hermanos. Todos tenemos educación universitaria. En tres generaciones, se había cerrado la brecha. El sistema, no expulsaba niños. Los maestros eran mejor formados y la calidad de la educación mejoró sustancialmente.
Segundo, porque la historia de mi mamá me hizo pensar en los miles de niños indígenas guatemaltecos que son igualmente expulsados del sistema educativo porque se les niega la oportunidad y el derecho a ser educados en su propio idioma.
Desde la década de los cincuenta, expertos en educación han demostrado que el aprendizaje en el idioma materno es la mejor opción para los niños, porque mejora sus resultados de aprendizaje, su desarrollo social, su nivel de confianza y sus habilidades de pensamiento crítico.
Guatemala tiene una brecha que cerrar en esta materia. El Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, ICEFI y Save the Children, acaban de presentar los resultados del estudio “Educación Bilingüe en Guatemala: logros, desafíos y oportunidades”. En esta investigación, ellos evidencian que el nivel de cobertura actual en educación bilingüe (indicador obtenido al dividir la cantidad de niños que son atendidos en su idioma materno, entre el total de la niñez que demanda aprender en este idioma) es de apenas un 18,5% para nivel primario (niños de 7 a 12 años). Quiere decir, que más del 80% de los niños que hablan un idioma maya en sus hogares, reciben educación monolingüe, léase, en castellano.
Seguramente, la sentencia absurda de mi abuelo se debe de repetir miles de veces con estos niños. “No sirven para la escuela, mejor que se pongan a trabajar”. Por favor, no nos convirtamos en la generación que le negó un futuro a la niñez indígena y se negó el progreso como sociedad.




Me parece super acertada la columna, creo que además de eso es ahora con las nuevas tecnologías que estos niños tienen más oportunidades de cambiar sus futuros de una forma radical, en su idioma.
Educación en el idioma materno es en verdad un derecho y es lo ideal para desarrollar todas las capacidades que todos traemos. El problema, sin embargo, no se reduce a la oferta educativa. Es decir, no se reduce a garantizar que todo el mundo pueda estudiar en su idioma materno; ocurre también que no todos los idiomas abren las mismas puertas y los padres muchas veces prefieren una solución pragmática. Menciono esto porque en tiempos del extinto Pronade, tuve la oportunidad de conversar con maestros de primaria de Alta Verapaz y yo comentaba lo bueno que era poder estudiar en q'eqchi'. La respuesta que tuve fue un "sí...pero". Me comentaron que muchos padres de familia querían enviar a sus hijos a la escuela precisamente porque allí aprenderían español. El argumento era que los papás sentían que su español era muy rudimentario y que eso les había cerrado algunas puertas. Ellos no querían eso para sus hijos. El argumento era: "Q'eqchi' aprende en la casa; lo mando a la escuela a que aprenda español para que lo pueda hablar mejor que yo". Eso me hizo pensar que el problema no se reducía a lo que ocurría dentro de las aulas sino iba hacía la valoración que la sociedad en su conjunto da a la diversidad lingüística; y el irrespeto que aún se tiene por quien se expresa en un idioma distinto al español.
Estimado Miguelin, el punto es qué idioma se alfabetiza, y está demostrado que los niños aprenden mejor en su idioma materno. Esto no quiere decir que no se les deba enseñar el castellano, por el contrario, se llama educación bilingüe por esa razón. Estos niños deben aprender el español como se aprende un segundo idioma, o acaso nosotros aprendemos el inglés como idioma único? Nos alfabetizan en español y después, le entramos al segundo idioma. Es lo pedagógicamente correcto.
Por demás, me parece un genocidio cultural el hecho de que estén desapareciendo estos idiomas mayas.
Gracias por tus comentarios. Un abrazo,
Un artículo muy interesante. Hace poco vi la película Walkout, sobre las luchas de los latinos porque se incluyera el estudio de la cultura chicana dentro del pénsum de estudios y porque se les permitiera tener clases bilingues. Parece que hasta cierto punto tuvieron éxito. Y es que el lenguaje es mucho más que solo un conjunto de palabras. Lleva detrás una cultura, una cosmovisión y una forma de pensar. Estuve leyendo el libro "Filosofía Maya" (CHMAN NAB'L) de Mariano Sánchez Cabrera (Editorial Nojib'sa) que presenta parte de la filosofía maya a partir del idioma mam. Este libro me abrió una puerta a la riqueza filosófica que trae consigo un idioma, y lo ilógico de pensar que un idioma es superior a otro.
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