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Las bases de Codeca quieren convertirse en partido político
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Las bases de Codeca quieren convertirse en partido político

En redes sociales muchos eran los comentarios que instaban a los campesinos a “montar un partido” y no protestar cortando la vía.
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Codeca bloqueó el martes más de una decena de carreteras para presionar la discusión de un pliego de peticiones y anunciar que “sus bases” están preparando un “instrumento político” con fines electorales. La protesta transcurrió sin incidentes; en el Congreso, un integrante de la Junta Directiva escuchó sus peticiones y ofreció convocarlos para discutirlas.

“Cuando salió Otto Pérez Molina no fue cosa de una marcha, es un proceso de resistencia”. Rafael Chanchavac, dirigente del Comité de Desarrollo Campesino (Codeca), se apoya en la épica de las protestas de 2015 que concluyeron con la renuncia y encarcelamiento del entonces presidente de Guatemala para explicar el paro desarrollado durante la jornada del martes 23 de mayo. Chanchavac era uno de los integrantes del grupo que, pasadas las 6 de la mañana, cortó la vía a la altura del kilómetro 53 de la carretera al Atlántico, a su paso por Sanarate, en El Progreso. Allí cientos de personas permanecieron hasta que, en la capital, la delegación campesina encabezada por Neftaly López, fue recibida por el diputado José Rodrigo Valladares Guillén —tercer secretario de la Junta Directiva del Congreso—, debido a que el presidente de ese organismo, Óscar Chinchilla, no tenía un hueco en su agenda. Según confirmó López, el encuentro se limitó a “una conversación sobre la agenda que vamos a presentar”.

Hablaron sobre la petición para perseguir a diputados corruptos, sobre nacionalización de bienes públicos y sobre seguridad alimentaria. "No se llegó a un compromiso concreto. Hablamos de varios temas, aunque no trajeron una propuesta concreta ni un documento. Hablamos sobre nacionalización de la energía eléctrica, la investigación a algunos diputados y una serie de temas sobre la renuncia de Jimmy Morales", aseguró Valladares. El parlamentario se comprometió a arreglar un encuentro con los directivos del Congreso en los próximos días. “Se les planteó que cuando se celebre la reunión puedan entregar un documento concreto para analizarlo", agregó, aunque, matizó, "no es que se acepten o rechacen sus propuestas, sino que serán sujeto de análisis". Tras el acuerdo, pasado el mediodía, las concentraciones en la carretera comenzaron a disiparse, dejando filas de vehículos de varios kilómetros.

La lista de reclamaciones de Codeca es extensa. Lo suficiente como para que se tome más como una hoja de ruta a largo plazo para un cambio estructural que como exigencias concretas a cumplir de forma inmediata. Desde la renuncia del presidente Jimmy Morales, hasta la nacionalización de los bienes y servicios privatizados, pasando por la investigación y sanción de los diputados envueltos en el denominado “caso Odebrecht”, destapado en 2016 y que vincula a una constructora brasileña con sobornos a diputados de 12 países, entre ellos Guatemala. Codeca también tiene como horizonte una “Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional”, proceso que también ha sido demandado por la Asamblea Social y Popular, espacio de coordinación del que no forma parte.

Sus integrantes (entre 50 mil y 60 mil participaron en las acciones de ayer, según Neftaly López, extremo que no fue posible verificar) bloquearon 22 puntos en las principales carreteras del país: Huehuetenango, Quiché, Izabal, Jalapa o Baja Verapaz. Una cifra que la dirección General de Protección y Seguridad Vial (Provial), redujo a 11 en su cuenta de Twitter.

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Las protestas dieron comienzo a las 6 de la mañana. En Sanarate, justo donde se ubica la gasolinera Shell antes de acceder al municipio, la vía fue cortada en dos puntos mediante piedras —tomadas de un pequeño derrumbe en la carretera— y una cuerda de la que colgaban diversos carteles con mensajes denunciando la corrupción o instando a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) a que continúe en la lucha contra los delitos económicos. Habían llegado desde San Pedro Pinula, San Luis Jilotepeque, Mataquescuintla y San Antonio La Paz y no tenían prisa en recoger el modesto campamento. Las directrices estaban claras: aguardar hasta que el grupo de la capital, el que debía reunirse con los funcionarios del Congreso, diese la orden. En caso de no ser recibidos, mantener el bloqueo.

Desde el inicio, cuando los primeros camiones se veían obligados a detener su marcha y sus conductores bajaban de la cabina con rostro resignado, Luis Marroquín, responsable de Codeca en el departamento de Jalapa, encabezaba una pequeña asamblea en la que reiteraba las demandas generales y marcaba algunas pautas: si cruzan ambulancias con emergencias podrán atravesar el cordón, si la policía quiere desalojar, se buscará el diálogo. A pesar de la distribución de panfletos en los que se explicaba detalladamente las razones de los paros —incluidos los asesinatos de niñas y adolescentes en los últimos meses en Guatemala—, cada participante añadía la suya. Como si, además del paraguas nacional, cada uno de los manifestantes se hubiese traído de casa su propia lista con reclamos.

“El gobierno nos discrimina. Las carreteras están en mal estado, el sistema de salud es un desastre, así como la educación”, denunciaba el propio Marroquín, de 53 años. Otro de sus compañeros al frente de la protesta, Rafael Chanchavac, recordaba que desde 2016 se había solicitado audiencia a Jimmy Morales en tres ocasiones, sin obtener siquiera un acuse de recibo. Según la Agencia Guatemalteca de Noticias, el vicepresidente Jafeth Cabrera, expresó haber mantenido “abiertas las puertas de la Presidencia y Vicepresidencia” y aseguraba “lamentar esta actitud”, en referencia a los bloqueos.

Nada más establecerse la barricada algunos policías llegaron al lugar, pero la protesta se desarrolló sin sobresaltos. Marroquín reiteraba que su intención era pacífica. “No vamos a confrontar, estoy seguro de que habrá colaboración”, aseguraba. Desde un picop al que se habían incorporado varios megáfonos llegaban más consignas: mantenerse en la carretera, no en la sombra o en las tiendas. No beber licores, ya que si alguien se encontraba en estado de ebriedad no estaría protegido ante una posible acción de la policía. “Yo anoche no dormí, tengo seis hijos y una nieta de dos meses. A eso de las cuatro de la mañana nos juntamos en dos buses y nos venimos para acá (…) Yo he estado participando en esto desde que comenzó allá en la aldea, hace unos cuatro años. Todo por la necesidad de que tengamos luz”, comentaba Josefa Ortega Cruz, de 55 años originaria de la aldea Sanyuyo, Jalapa, mientras sostenía una pancarta. En los brazos de la hermana de Josefa, dormía tranquilamente la nieta de meses.

Alberto Pradilla

No todos estaban satisfechos con las protestas, especialmente en el exterior de ese microcampamento campesino. Herbert Giovani, transportista, aguardaba en primera fila, justo frente a los agricultores, a que reabrieran la ruta. “Es malo porque nos perjudica a los trabajadores, no al Presidente”, argumentaba. Su carga de bolsas de plástico no iba a poder ser entregada a tiempo. Sin embargo, reconocía la legitimidad de las consignas de Codeca y él mismo se mostraba partidario de la exigencia de renuncia a Jimmy Morales. “Deberían ir a protestar al Palacio Nacional”, afirmaba.

Herbert no tenía opción de avanzar ni un metro. Otros vehículos se las arreglaban para esquivar el bloqueo. Por ejemplo, el transporte público. Los autobuses no podían avanzar a través de las dos hileras de campesinos. Pero sus ocupantes sí. De este modo, para las 7 de la mañana ya se habían improvisado paradas de transporte a ambos lados del piquete, que era atravesado a pie por quienes se dirigían al trabajo o a la escuela. Como si se tratase de un cambio de autobús o de un transbordo de metro. “De algo hay que vivir”, se excusaba Mario Alberto Ruiz, piloto de un bus que anunciaba su salida inminente hacia Guatemala. Según reconoció, a los pasajeros se les cobraba dos veces: Q10 desde su lugar de origen hasta la barrera y otros diez por el cambio de vehículo.

Lee también: Codeca: Las contracciones de Jimmy y otras demandas

No se puede entender los cortes del martes sin ver el pasado reciente, con la marcha celebrada en marzo, y el futuro, donde aparecen los planes de constituir un mecanismo electoral. Ahí es donde se ubica una protesta que, como reconocía Neftaly López, busca «posicionarse políticamente». En redes sociales (Codeca y #BloqueosGT fueron Trending Topic durante buena parte de la jornada) muchos eran los comentarios que instaban a los campesinos a “montar un partido” y no protestar cortando la vía. Según López, Codeca no planea convertirse en un partido, pero sus bases están preparando un “instrumento político”. Lo cual es diferente a que se realice una especie de trasvase de dirigentes desde el movimiento social a la futura formación.

Lo de este martes 23, dependiendo de cómo reaccione el Gobierno, podría ser solo un ensayo. “Ellos (en referencia a los representantes del Congreso) llamarán y nosotros veremos qué pasa”, dice López. Las comunidades, agrega, “tienen su agenda, siguen activas y trabajando”. En su opinión, posiciones como la del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (Cacif) no auguran nada bueno. Especialmente después de que los representantes de los empresarios tratasen de la que la Corte de Constitucionalidad vetase las protestas.

Según el relato de López, corroborado por Guzmán, los representantes del Congreso con quienes mantuvieron el encuentro acordaron comunicarse con ellos esta misma semana para fijar una reunión en la que discutir sobre la agenda del Comité. La pregunta está en si los diputados están dispuestos a discutir seriamente las demandas de Codeca o buscan ganar tiempo y ubicarse mejor en una negociación a la baja o se trata de una mera representación. “Si son inteligentes, hablarán”, reitera López, quien estima que más de 300 municipios guatemaltecos se encuentran en algún tipo de conflicto, principalmente sobre energía eléctrica o tierra. “Tenemos tiempo para esperarlos”, dice en referencia al plazo de una semana apuntado por sus interlocutores. Sí que reconoció que los antecedentes no le permiten ser optimista. Y mantuvo su disposición a seguir movilizándose.

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