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La lectura es como el colesterol: hay buena y mala
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La lectura es como el colesterol: hay buena y mala

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Tipo de Nota: 
Opinión
5 07 18

Read time: 3 mins

Para formar un hábito se requiere de constancia. Hay que repetir la acción cotidianamente hasta que se vuelva rutina. Además, si esa acción causa placer, será más fácil que se convierta en hábito.

Nosotros los padres de familia cumplimos un rol fundamental en la formación de hábitos en nuestros hijos. Por ejemplo, les enseñamos a cepillarse los dientes después de cada comida, a bañare a diario, a recoger sus juguetes, a cuidar de las mascotas, etc. A estas rutinas es necesario (diría que urgente) incorporar el hábito de la lectura.

De mi experiencia con mis hijas aprendí que dejarlas seleccionar sus libros es mejor táctica que tratar de inducirlas con recomendaciones. Hasta cierta edad éramos nosotros, sus padres, quienes definíamos lo que iban a leer. Pero, conforme fueron creciendo, los libros que les seleccionábamos iban quedando a medio camino, olvidados en algún estante. Por supuesto esta situación nos llenaba de angustia y pensábamos que las había atacado el mal del burro. Para suerte nuestra, el colegio donde estudiaban nos regaló la solución con sus 30 minutos de lectura en la primera hora de la mañana. La propuesta era muy simple: cada niño y adolescente debía llevar algo para leer durante esa media hora. Los chicos tenían la libertad de leer lo que quisieran (excepto pornografía, supongo yo). El placer estaba en su libertad de escoger y decidir, algo que a esa edad se atesora. Mis hijas no eran un caso singular o especial: la mayor parte de los chicos de ese colegio son herederos de la pasión por la lectura a partir de esta práctica.

Sin embargo, el hábito no hace al monje, dicen. Vivimos en una era en la cual abunda la información. Las redes sociales nos han ampliado el acceso al conocimiento, pero también les han robado tiempo a los libros, a la lectura pausada que busca asimilar conceptos, la que nos obliga a pensar. Las redes nos seducen con la lectura rápida, instantánea y muchas veces poco profunda, que pulula por doquier en ese mundo virtual. Tragamos y tragamos palabras que tienen poco contenido y mucha grasa. Por eso he llegado a la conclusión de que la lectura es como el colesterol. Hay buena y mala.

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Las malas lecturas tienen efectos muy parecidos al mal colesterol y pueden causar que el cerebro se atrofie. Así como escribir 280 caracteres en un tuit no te hace escritor, tampoco leer los titulares del diario o los comentarios en Facebook te hace lector. Se requiere más kilometraje, más esfuerzo y dedicación. Es decir, hace falta leer de verdad. Si usted nunca ha leído un libro, no puede llamarse a sí mismo lector. Y si solo ha leído uno, de seguro es un mal lector.

Las redes sociales pueden ser muy útiles si sabemos usarlas bien, si seleccionamos bien nuestras fuentes de información y racionamos su uso. De lo contrario, son colesterol malo, que solo llena nuestro cerebro de tocino. Los libros, en cambio, se parecen más al colesterol bueno cuando se convierten en el vehículo para que viaje nuestro intelecto, pues estimulan nuestras neuronas y nos abren al conocimiento.

Próximamente, del 12 al 22 de julio, se estará realizando en Fórum Majadas la Feria Internacional del Libro en Guatemala. Es una excelente oportunidad para atorarse de conocimiento. Vaya, busque los libros de su interés y devórelos con gusto porque le estará dando a su cerebro colesterol del bueno. También aproveche esta ocasión para iniciar a sus hijos en el hábito de la lectura. El tiempo es oro y hay que aprovecharlo.

Las redes sociales nos han ampliado el acceso al conocimiento, pero también les han robado tiempo a los libros, a la lectura pausada que busca asimilar conceptos, la que nos obliga a pensar.
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