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La colonia El Milagro desde adentro
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La colonia El Milagro desde adentro

Hace más de 12 años que en Flomitax llegaron a un acuerdo con las maras del Barrio 18, tienen las cuotas de extorsión ya presupuestadas como un gasto administrativo más.
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Esta es la radiografía de una zona roja, vista a través de sus habitantes: Esteban y Mónica, que no pueden abandonar el negocio de buses ni seguir en él; Dolores, que lleva una vida esquivando a los delincuentes; Francisco, que toma fotos a escondidas; y Milton, que estaba en el sitio equivocado en el momento equivocado. La Colonia El Milagro es un punto rojo en Mixco. Vivir allí no es sencillo.

Son las cinco de la mañana, en el bulevar principal de la colonia El Milagro ya se escuchan las bocinas de las camionetas y la gente abarrota la parada de autobuses. El panadero, el repartidor de periódicos, la señora que vende panes con huevo, llevan ya un buen rato trabajando. El Milagro se despierta antes que el sol. Nadie sabe qué pasará hoy, si también habrá disparos, si alguien será asaltado, si los pequeños empresarios recibirán las temidas llamadas del extorsionador.

La colonia, ubicada en la zona 6 de Mixco, es uno de los puntos rojos del municipio. Aquí ocurren cerca de la cuarta parte de todos los hechos delictivos de Mixco. El alcalde, Neto Bran, cuenta que incluso le han pedido que le cambie de nombre a la colonia, porque el estigma que lleva impide que sus vecinos puedan obtener trabajo, les tachan de delincuentes de entrada. Bran lanza sus esfuerzos por rescatarla. Organizó patrullajes y presencia de policía municipal. Prohibió el consumo de licor. También las fiestas en la calle. Logró 50 días sin asesinatos, pero los sicarios lograron romper esa aparente calma a finales del año pasado.

Es una zona compleja, con callejones laberintícos y demasiada población. Viven allí cerca de 36 mil personas, muchos comerciantes o empleados informales. En la zona hay presencia de dos maras que se disputan el territorio. Cuenta con una escuela, un instituto público y varios privados. Hay un tienda en cada esquina y un centro de salud. Además un centro recreativo con psicina y un gimnasio municipal.

Esta es la historia contada desde su gente. Este es El Milagro desde adentro.

Esteban y Mónica

La primera vez que Esteban y Mónica, hermanos propietarios de buses, oyeron acerca de las extorsiones fue hace 12 años. Ese día el director de la Flomitax, la cooperativa de buses y ruleteros de El Milagro, llamó a Esteban y le dijo que habían matado a un afiliado por no pagar extorsión. El mensaje era claro: ahora todos los agremiados  debían entregar mensualmente una cuota de dinero para poder trabajar (y vivir).

Después de más de una década, el pago de extorsión sigue siendo un tabú entre los propietarios de buses que circulan en esa colonia. Nadie sabe cómo funciona, excepto el presidente de Flomitax; tampoco nadie pregunta, pues hacerlo significa encaminarse hacia el cementerio. Lo único que saben es que deben pagar Q150 semanales por cada autobús y que la entrega debe ser puntual. Los empresarios han perdido el derecho a la duda y no protestan por ello para no repetir la misma historia de hace ocho años. En 2009 los asociados decidieron ponerle fin a este pago que estaba acabando con sus negocios. Se organizaron para indagar y tratar de protegerse. ¿El resultado? La muerte del sobrino de estos hermanos y cuatro asociados más involucrados con la investigación. Desde ese día, para ellos la justicia y la búsqueda de respuestas es una ruta que no vale la pena recorrer.

Simone Dalmasso

También han abandonado la posibilidad de llevar el caso por la vía legal. No creen que la policía pueda hacer algo por ellos.

A pesar de saber poco sobre el mecanismo de las extorsiones, de algo están seguros los propietarios: hay gente infiltrada en el negocio.

—Las extorsiones en nuestra empresa son diferentes —explica Mónica— porque nosotros somos los dueños, entonces pagamos para que no nos hagan daño. Pero las extorsiones a los choferes son otra cosa...

Detiene el relato y duda un segundo si contar algo que es un secreto a voces para los asociados. Decide continuar

—Prácticamente ellos son los extorsionadores —dice bajando un poco el tono de su voz.

—¿Los choferes? —le pregunto, mientras ella asiente con la cabeza

—Los choferes y ayudantes, aunque no todos —afirma—. Ya se involucraron mareros ahí, entonces ellos se dan cuenta de cómo es el negocio y saben que entra dinero.

Las extorsiones no funcionan de la misma manera en esta colonia que en las demás. En lugares aledaños como la colonia Primero de Julio, los extorsionadores llaman directamente al propietario y le entregan claves que debe escribir en la camioneta para comprobar que pagaron. Pero en El Milagro los mareros se comunican con intermediarios de dos formas: a través de los choferes o por el director de la Flomitax, y cada uno tiene diferentes funciones. Mandan las advertencias con los conductores cuando no han pagado la cuota. En el caso de Flomitax, se gestiona el pago de la extorsión y los dueños pagan una cuota fija en las oficinas del lugar.

Esta información la confirma un portavoz de Flomitax, aseguran que hay mucha gente infiltrada. Pero amplían el círculo: creen que incluso algunos vecinos y otras asociaciones de buses están involucrados. Uno de los responsables de la asociación, que pide omitir su nombre por seguridad, cuenta que hace más de 12 años que llegaron a un acuerdo con las maras del Barrio 18, y que ya tienen las cuotas de extorsión presupuestadas como un gasto administrativo más.

Cada semana, por la circulación de los 46  buses, pagan una cuota de Q7 mil quetzales fijos a final de cada semana, es decir Q150 por unidad. Además de esto  pagan cuatro “sueldos” extras, entre ellos el aguinaldo, Bono 14 y del 15 de septiembre. Cada uno de estos oscila entre los Q10 mil y Q40 mil.  Es decir que al año, los asociados de Flomitax pagan más de Q400 mil, dinero que deben sacar de los Q2 de pasaje que cobran a cada usuario.

Simone Dalmasso

Aunque los pagos llegan puntuales de parte de la asociación, la violencia no cesa. Según Edgar Guerra, de la Defensoría al Usuario del Transporte  Público, de la Oficina del Procurador de los Derechos Humanos, los buses que pagan extorsión también están expuestos a asaltos.  Dice que “muchas veces los asaltos y las extorsiones provienen del mismo grupo criminal”.

En esta colonia el enemigo está cerca y conoce a sus habitantes y sus familias por nombre y apellido. “Saben quiénes somos, qué hacemos y qué camionetas tenemos”, dice Mónica, quien sigue en la lucha por mantener un negocio que va en declive.

Hugo Maúl, analista del Centro de Investigación de Estudios Económicos (CIEN), dicequelas extorsiones pueden acabar fácilmente con negocios que incluso tengan un giro de capital de Q1 millón. Añade que el “impuesto de guerra”, como le denominan los extorsionadores, “suele ser peor cuando dos bandos en disputa piden extorsiones.

Esteban y Mónica concuerdan en que antes el negocio de las camionetas era bueno, pero ahora se “pasan penas”, pues las ganancias son equiparables con las de la cuota de extorsión. Piden Q250 diarios a los choferes por el alquiler de los buses. Con ese dinero deben costear la reparación y mantenimiento de las unidades y lo que queda es su ganancia.

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 El dinero que ganan es tan poco y el riesgo tan alto que incluso han llegado a tomar medidas para salir sigilosamente de este negocio. Una de ellas fue manejar un día sí y un día no, dejar las camionetas sin reparar o intentarlas venderlas. Pero nada de esto ha funcionado.

En mayo de 2017 mataron a cinco choferes y ayudantes en menos de dos semanas, lo que los llevó a realizar un paro. Después de casi una semana sin circular, regresaron a las calles, esta vez con agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) a bordo de las unidades. Pero un par de semanas después los agentes se fueron y todo siguió funcionando igual.

Los asociados de Flomitax presentan los números más altos de muertes de choferes: 12 fallecidos en los últimos cinco años.

Según datos del Ministerio de Gobernación, de enero de 2012 a abril de 2017, 475 choferes y ayudantes han muerto en el país, frente a 12 personas que han sido detenidas por ese delito en ese mismo lapso. La oficina de prensa de Gobernación envió los cuadros con datos de capturas realizadas por este delito en los años 2012, 2014 y 2017 y todos tienen el mismo número: cero. No se capturó a nadie en estos años.

El Milagro en patrulla

Simone Dalmasso

Suena el teléfono de la subcomisaría 16 de la Policía Nacional Civil(PNC). Una persona del otro lado de la línea dice que acaban de matar a un hombre. Los agentes toman rápidamente nota del lugar donde sucedieron los hechos, suben de prisa al picop Hilux negro 4x4 y arrancan. Manejan lo más rápido que el tráfico les permite hacia la sección “S” de la colonia El Milagro.

“Es enfrente del lote número 62”, les informaron, pero ellos no saben exactamente dónde queda ese sitio. La colonia es un laberinto de callejuelas y lotes que no siempre sigue un orden lógico. Dan varias vueltas y se encuentran con un hombre tendido sobre el suelo. Muy cerca, ven a dos jóvenes armados dispararle a una segunda persona. Los tienen. Los agentes confían en que esta será una captura segura. Pero los asesinos suben a una moto y huyen a toda velocidad.

La persecución avanza por el bulevar, pero rápidamente la moto se mete en uno de los callejones del sector. Los policías intentan hacer lo mismo, pero desafortunadamente su vehículo es muy grande, por ello continúan a pie. Corren lo más rápido posible para alcanzarlos en el siguiente callejón. Preguntan a los vecinos si han visto a los asesinos. La gente prefiere no responder o niegan saberlo. Es el fin de la persecución.

Para Osvaldo Sánchez, jefe de la subcomisaría del Milagro, los problemas de sus elementos son tres: el primero es que los delincuentes conocen muy bien la colonia. El segundo es que muchos vecinos protegen a los delincuentes, les abren las puertas de sus casas o se niegan a delatarlos. El tercero es que ellos no tienen motos y los criminales sí. En la subestación hay dos patrullas para los 22 agentes asignados a cada turno diario, pero ninguna moto.

Francisco

Simone Dalmasso

Buscar una aguja en un pajar. Es así como se puede describir la búsqueda de alguien que haya sufrido extorsión en la colonia El Milagro, no por falta de víctimas, sino por el miedo que tienen de hablar los que lo sufrieron en carne propia. Después de tres meses de búsqueda, Francisco Melgar es el único que se atreve a contar su historia.

Un día mientras comía con sus hijos y su esposa, Francisco Melgar recibió una llamada en su celular. Esa llamada cambiaría la forma en la que ahora ve el mundo. “Yo contesté amablemente, como siempre lo hago” dice el fotógrafo. La voz del otro lado del teléfono le sonaba conocida, era una persona joven, pero le exigía una extorsión a cambio de no asesinarlo.  Creyó que podría controlar la situación y continuó con la llamada.   Le exigieron Q50 mil o de lo contrario le harían daño a su familia. Cuenta que se asustó, pues aunque su negocio iba bien, no tenía esa suma de dinero.

“Yo empecé a negociar”, dice, como si de un producto de compraventa se tratase. Al final, ninguna propuesta, ni ruego, ni suplica lograron disminuir la cuota.

Melgar, más conocido en El Milagro como don Turín, es un fotógrafo de más de 25 años de experiencia, que decidió emprender su propio negocio. Lo ubicó frente a la parroquia Jesús Obrero. La gente lo contrataba para tomar fotos de eventos religiosos. Era un negocio que generaba lo suficiente para no pasar hambre.

Según el estudio “Criminalidad y emprendimiento en Guatemala”, realizado por Javier Calderón Abullarade del Proyecto del  Monitor Global de Emprendimiento (GEM) “la mayoría de emprendedores, entre el 70% y el 50%, fueron víctimas de extorsiones al menos una vez, y entre el 10% y el 40% lo fueron al menos dos veces”. El estudio concluye que en el país se pierden al menos Q5,3 millones al año por extorsiones

“Lo preparan a uno psicológicamente”, cuenta Melgar.Los delincuentes lo llamaron durante una semana entera. La primera medida que tomó fue cerrar el negocio, y por lo tanto no generaba ingresos. Este negocio familiar, de dos generaciones, iba en picada. Pero el cierre no fue lo peor que les pudo pasar a los Melgar.

Cuando don Turín llegó a poner la denuncia a la PNC, se llevó una gran decepción. “Ahí le dicen a uno que ellos pueden actuar hasta que algo pase”, dice. Ese “algo” pasó a la semana siguiente. Un día, su sobrino de 31 años, que vivía con ellos estaba en el local cuando unos hombres entraron y lo “acribillaron a balazos”. Murió en el lugar.

—¿Cómo superó todo eso?

—Eso no se supera seño —responde—. No sé cuánto lleve eso, pero uno queda con un temor y una zozobra bien horrible.

Después del crimen, la familia no salía de casa y don Turín entró en depresión. “Solo quería dormir. Me levantaba a comer porque tenía que comer; quisiera uno irse lejos, a otro planeta”. Concluye que él ya no es el mismo de antes. “Psicológicamente lo matan a uno. Cuando alguien se le queda viendo a uno en la calle o le pregunta algo comienza el temblor de cuerpo”.

Hoy don Turín ya no tiene abierto su local y trabaja “bajo de agua”. Como si tomar fotos fuera ilegal, como si formar una empresa fuera un crimen. Y al hacerlo a escondidas, el negocio ya no le genera tantos ingresos como antes. Ha intentado buscar empleo en alguna empresa, pero no lo consigue, ya que a sus 54 años cada vez es más complicado.

Simone Dalmasso

Hugo Maúl explica que “encuestas que se han hecho a pequeñas y medianas empresas, muestran que cuanto más pequeña es la empresa, la extorsión resulta ser más confiscatoria”, es decir, toma un mayor porcentaje de las ganancias. Esto trae varias consecuencias. La primera es que cohíbe a la gente que quiere emprender algún negocio. Otra es que se crean empresas con giros muy pequeños de dinero y finalmente, mata los negocios, como sucedió con el estudio fotográfico.

Según Aramiz Rivera, asesor del Viceministerio de Gobernación, la razón de muerte más frecuente en El Milagro son las extorsiones. Datos proporcionados por el Ministerio Público muestran que desde 2012 se han realizado 2,195 denuncias de extorsión en Mixco, de ellas 1,464 son a comercios. Estos datos suelen ser imprecisos, debido a que la gente prefiere no denunciar por miedo. Sólo 34 casos han llegado a una sentencia.

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Confusión de datos

El jefe de la subcomisaría 16 de la PNC, Osvaldo Sánchez, es un hombre de estatura baja, bigote ralo sobre las comisuras de sus labios, que guarda siempre una postura erguida. Asegura que en su demarcación “no ha habido un asesinato en los últimos dos meses”.Sin embargo, solo cinco días después de esa entrevista, esos dos meses de calma se rompieron con el asesinato de tres personas. Su estación originalmente era la encargada de cubrir la mitad de la colonia El Milagro, pero en agosto pasado fue cerrada la estación que atendía la otra parte debido a un incendio.

Es una zona complicada. Los barrios vecinos no son precisamente tranquilos. Está ubicada alrededor de otras zonas consideradas rojas, como Lo de Bran, Carolingia, Sacoj Chiquito y Ciudad Quetzal. Sin embargo, en el mapa de criminalidad, proporcionada por la municipalidad de Mixco,  El Milagro es el mayor  foco de violencia.

A pesar de ser un punto rojo nadie sabe con exactitud cuántas personas mueren allí ni cómo ni por qué. La desinformación que se maneja en las entidades de gobierno es enorme. La PNC dice que no tiene registros específicos de la colonia y que ellos solo recopilan la información por zonas. La Dirección de Seguridad Municipal de Mixco contabilizó 30 asesinatos en esa colonia, durante los primeros seis meses de 2017 .

Un informe del Viceministerio de Seguridad registra 32 muertos en la colonia, de enero a julio de 2017. Sin embargo, Sonia Agustín, de la Unidad de Información Pública del Ministerio de Gobernación, no sabe de dónde provienen esas cifras. Cuando se le muestra el informe enviado por el viceministerio se sorprende e insiste en que no hay registros tan específicos.

Simone Dalmasso

El informe del viceministerio lo elaboró Aramiz Rivera, asesor de seguridad. Él determinó que en los primeros siete meses de 2016 murieron 16 personas y en los mismos meses de 2017 murieron 34. No existen datos históricos que permitan conocer la cantidad de muertos en 2015 o en años anteriores.

El aumento de 2017 podría deberse a que a comienzos de año la colonia contaba con cuatro puntos de seguridad. En febrero, con el retiro de los militares de las calles, quedaron solamente dos: las estaciones policiacas. Pero en agosto se cerró la subcomisaria incendiada.

Los vecinos del lugar especulan que la violencia se debe a la disputa del territorio entre pandillas. Rivera lo confirma y asegura que en El Milagro hay presencia de maras Barrio 18 y Salvatrucha.

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Dolores

Dolores Chowis, sus vecinos le llaman “Don Lolo”. Este hombre de 87 años es conocido como el historiador del barrio. Sus arrugas muestran el paso de la historia que cuenta. “Llegué al Milagro el 31 de enero de 1961”, dice con certeza.

A finales de los años 50 hubo una intensa migración interna en Guatemala. Pobladores de muchos departamentos arribaron a la ciudad en busca de nuevas oportunidades. Para entonces, en el país había una tenue aparición de la Revolución Industrial, señala Ana Lucrecia Argueta en su tesis “Análisis de equipamiento urbano y renovación del sistema vial interno en la colonia El Milagro”, presentada en la Universidad San Carlos de Guatemala. “En ese tiempo había poca gente en la colonia”, recuerda don Lolo, quien fue testigo de cómo El Milagro fue poblándose en un rápido proceso.

Para 1964, ya eran miles los que llegaban de la provincia a la colonia. La mayoría, dice Argueta, venían de los departamentos de Jalapa, Jutiapa, Zacapa y Chiquimula. Esta situación fue aprovechada por tres familias, quienes comercializaron la mayor parte del territorio que hoy conforma la colonia El Milagro. Las familias Montenegro y Patzán ayudaban a administrar las tierras de los dueños, los Pezzarozzi. Estos tres clanes se encargaron de dividir y vender los terrenos.

Según Argueta, la colonia estaba dividida en dos espacios: el recreativo y el habitable. Las primeras áreas estaban conformadas por barrancos y zonas verdes. Las segundas, por terrenos aptos para vivienda. Pero como más gente llegaba, la distribución distó mucho del plan inicial dando como resultado callejones angostos y calles de una sola vía.

Margarita García llegó a la colonia en 1976. Detrás de las rejas de su tienda, cuenta que El Milagro solía ser un lugar pacífico. Relata cómo empezó la violencia en la colonia: “los jóvenes jugaban, hacían una rueda y se pegaban con palos y piedras; así comenzó todo, después hasta querían quemar camionetas”, dice. Ese grupo es considerado la primera mara del lugar. Se trataba de jóvenes del barrio que se autodenominaban “Los Chayanes”.

Las cosas han cambiado mucho desde 1961 cuando llegó don Lolo. En ese año, unas tres mil personas vivían en la zona, pero ahora ya superan los 36 mil, según las cifras de proyección del Instituto Nacional de Estadística (INE).

A pesar de esto, en la colonia también existen avances positivos. El más grande para muchos, como para el exalcalde Amílcar Rivera (2008-2012), es la construcción del pozo, en 1992, que llegó a solucionar los problemas de escasez de agua. Otros servicios con los que cuenta la colonia son varios colegios privados y tres escuelas públicas. Tiene un centro de salud semiprivado, tres clínicas médicas y dos dentales, todas ellas privadas.

En los primeros meses de 2017 la municipalidad inauguró un gimnasio, una piscina pública y cerró un callejón para que los jóvenes lo utilicen como cancha. Otros lugares de recreación son los dos campos y un salón municipal.

El actual alcalde, Neto Bran, emprendió una cruzada para acabar con los asesinatos. Organizó patrullajes con policías municipales, inauguró un bunker de policía y cerró bares y ventas de licor. Consiguió poco más de 50 días sin homicidios: “¿Llegó a pensar que algún día pasaríamos 50 días sin muertos en el Milagro? Es un gusto contarle que hoy cumplimos 50 días sin muertos” escribió Bran en su perfil de Facebook. Lastimosamente solo una semana después la buena racha se acabó, hubo un ataque armado contra una mujer en el sector X de la colonia y unos días más tarde, durante las celebraciones de fin de año, murieron asesinadas dos personas en la colonia.

La extensión territorial de esta colonia es de 1.43 kilómetros cuadrados y hay un estimado de 36,581 habitantes, por lo tanto, por cada kilómetro cuadrado hay un total de 25,581 personas. Se encuentran condiciones de hacinamiento, y hay casos donde en una casa pueden vivir hasta 18 personas. A nivel república, hay 155 personas por kilómetro cuadrado.

Milton

Simone Dalmasso

El café es demasiado dulce. Quizás la mamá de Milton, quien lo preparó, no lo sintió así, pues el momento que está pasando es demasiado amargo. Son las ocho de la noche y Milton, de 14 años, está acostado en un ataúd. Murió de un balazo en la frente.

El “Sector San Mateo” es un salón comunal de la iglesia católica Jesús Obrero. Es ahí donde velan a Milton con la puerta entreabierta. Entre el piedrín de este sitio en remodelación y el cemento, se ven unas 15 personas en total. De 11 bancas que hay solo se llenan cuatro del lado izquierdo.

Sobre el ataúd hay una foto de Milton. Según su tío, medía 1.70 metros y pesaba 135 libras. “Era grande, pero muy inocente”, dice mientras se le hacen agua los ojos. En la imagen aparece de fondo el volcán de Pacaya y al frente está él, un niño moreno con grandes orejas y sonrisa amplia.

Don Marcos, su padre, quien está sentado en una silla de ruedas frente al ataúd, llora silenciosamente. Siente culpa. Un día antes, la tarde del 25 de agosto, le pidió a su hijo que fuera a la tienda. Fue la última vez que lo vio con vida.

Al salir de su casa, Milton presenció la muerte de Daniel, de 20 años, a mano de dos hombres pertenecientes a la Mara 18. Cuenta la familia que ser testigo de un asesinato le costó la vida a Milton, quien murió en las gradas de su callejón con una bala a quemarropa. Don Marcos, no puede evitar culparse. “¿Qué iba a saber usted que lo iban a matar por salir a comprar a la tienda?”, le dice la familia.

Este no es un funeral como los demás. La gente llega a dar las condolencias, toman un tamal y un café, y sin comerlo en el lugar se van. El sitio parece cafetería de autoservicio. Nadie quiere quedarse mucho tiempo. Se escucha a alguien decir: “A ese lo mataron porque seguro andaba en algo malo”.

De toda la escuela, tan solo 10 compañeros llegaron. “La gente tienen miedo de venir, porque murió baleado. Uno nunca sabe a qué hora vienen a ajustar cuentas”, dice con serenidad uno de los asistentes.

La socióloga Evelyn Espinoza dice que este comportamiento es común en áreas rojas. “Lo que tiende a pasar es que hay una gran desorganización comunitaria. Los vecinos interactúan poco entre ellos por temor y eso hace que los lazos sociales dentro de la comunidad sean débiles”, explica. Agrega que “la violencia sucede por eso, porque las comunidades no están organizadas”.

En la subcomisaría hay un total de 66 agentes que se dividen en tres grupos cada uno de 22 agentes. Unos de descanso, otros de turno y los últimos de planta. Aramiz Rivera atribuye la violencia a la falta de personal PNC en el área. “Al haber falta de recurso humano las personas que están integrando una pandilla van a aprovechar esa debilidad”, asegura. Un ejemplo de ello es que en El Milagro por cada 554 personas hay 1 agente de PNC, mientras a nivel nacional es por cada 457.

Pero los muertos no parecen ser un tema prioritario para los políticos. Para el exalcalde Amílcar Rivera, la violencia y el tráfico merecen la misma preocupación. “Uno de los problemas actuales más fuertes que tiene la colonia es un problema que padece todo el país, la delincuencia, pero también lo es el tema de su salida y su entrada, en cuanto a infraestructura, que básicamente para poder entrar y salir estamos hablando de hora y media”, dice. A nivel municipal, las prioridades parecen muy marcadas. Neto Bran, actual alcalde de Mixco, ve en El Milagro a una de las colonias más grandes y populosas de Mixco, “una de las más importantes electoralmente hablando”, que “pone y quita alcaldes” dice. Desconoce cuántas personas viven en el lugar, “unas 250 mil”, aproxima. Se pasó por mucho. 

Pero aún hay gente que lucha para que el lugar sea mejor. Don Vitalino Cuca es un ejemplo de ello. Nació en una familia pobre, pero siempre fue un soñador.El sacerdote de la iglesia local, al ver sus ganas de salir adelante, lo invitó a que representara a El Milagro en un evento donde se reunirían religiosos de muchas partes del mundo. Le fue muy bien, tanto que logró conseguir donaciones para terminar la construcción de la parroquia. En el lugar conoció a mucha gente que le ayudaría a llevar a cabo sus siguientes proyectos.

La construcción de la segunda escuela pública de la colonia se logró a través de gestión de donaciones a nivel internacional. Pronto se dio cuenta que no había un centro de salud y el más cercano quedaba a cuatro kilómetros. Con la ayuda del holandés Jack de Wit, logró terminar el centro de salud.

Años después con la unión de varios vecinos, fundó la Asociación Comunitaria de Vecinos en Acción (ACOVA), proyecto que lleva agua a toda la colonia a un precio bajo.Esto lo logró con la ayuda del gobierno suizo y la holandesa Diana Perrot.

Cuca sigue trabajando, esta vez en el colegio e instituto técnico Dr. Theo Bloem (nombre del mayor colaborador). Más de 40 niños que estudian ahí están becados. En el lugar se dan clases de natación (con piscina propia), inglés y marimba. También tienen un programa los sábados para que los niños puedan distraerse, y un instituto técnico para que los jóvenes puedan acceder al campo laboral más fácilmente.

Cae la noche y la gente se va a dormir, a soñar, quizá, con ver florecer un milagro en El Milagro.

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