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¿Hacia dónde va, don Jimmy?
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¿Hacia dónde va, don Jimmy?

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Opinión
14 05 18

Porque no va por la Vía Apia ni buscando un sacrificio en aras del país que gobierna. Más parece que usted, presidente, al mejor estilo de Abdalá Bucaram, derrapa hacia un despeñadero.

La pregunta es pertinente porque, a la luz de sus actos, tal parece que está dispuesto día a día a cometer desatinos que lo hunden cada vez más en la soledad y el aislamiento. Y el país está entrando en un desgobierno como no se ha visto en la historia contemporánea de Guatemala. Ajá, pero esa es la quaestio: ¿hacia dónde nos está arrastrando a causa de sus desatinos?

Entre el 26 y el 27 de agosto del año pasado puso usted la pica en Flandes. Su burdo intento de expulsar al comisionado de la Cicig, don Iván Velásquez, fue abortado por la Corte de Constitucionalidad, y así comenzó su tránsito hacia un abismo del cual no saldrá indemne. Ni porque concluya el período presidencial para el cual fue elegido. Así que no espere con tanta alegría ese final porque será entonces cuando comience su verdadera Vía Dolorosa. Aunque, por lo que se ve y lee, junto con su familia va en breve a Israel. Y quién sabe si su transitar por la calle de la ciudad vieja de Jerusalén no empiece precisamente durante ese viaje.

¡Carajo, don Jimmy! ¿No se da cuenta de que a cada momento se hunde más y más a causa de sus propias trampas? Sus titiriteros no titubearán —créalo por favor— para enviarlo a la cárcel junto con su hermano y su hijo. No porque lo vayan a empujar, sino simplemente porque, a la hora de los trancazos, nada harán por su persona. Y por más que usted crea ser un ungido, no vendrá una muchedumbre de ángeles a sacarlo del atolladero. Qué va, don Jimmy, Qué va.

El día 10 de los corrientes cometió otro disparate: solicitar el cambio del embajador de Suecia, don Anders Kompass. Por Dios, presidente. ¿Se da cuenta de con quién se fue a meter? El señor Kompass no solo está acreditado ante Guatemala. También funge como representante de Suecia ante Honduras, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Panamá y Belice. De tal manera, el Gobierno sueco bien podría trasladarlo a El Salvador y él seguir incidiendo en nuestro país. Por cierto, muy positivamente.

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El señor Kompass fue representante, aquí en Guatemala, de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre los años 2002 y 2005. Lideró la División de Operaciones de la Oacnudh en Ginebra de 2009 a 2016. El año pasado arribó de nuevo a Guatemala, coincidiendo su retorno con la balandronada suya en contra de don Iván Velásquez. Es un diplomático de carrera y, como decimos en buen chapín, muelas gastadas en el ámbito diplomático internacional. En tanto, usted, ¿qué tiene para hacerle frente como no sea su deslucida canciller, a quien se le dificulta hasta leer en voz alta un pequeño párrafo?

Pero lo peor, presidente, lo peor son las razones que usted esgrime para tomar tales decisiones, porque bien sabe que, por objeción de conciencia, no debería terciar en esos asuntos. Su hermano y su hijo están encausados. Encima, las causas que esgrime son más falsas que una ficha de tres centavos de quetzal.

De tal manera, la pregunta no solo es hacia dónde va usted. La pregunta también significa adónde nos lleva. Mire los últimos hechos:

  1. El miércoles 9 de mayo asesinaron en San Luis Jilotepeque a don Luis Marroquín, líder del Codeca y defensor de derechos humanos.
  2. El día 10, tan solo 24 horas después, asesinaron a don José Can Xol, un líder q’eqchi’ que fue acribillado a tiros en Choctún Basilá, una aldea de aquí, Alta Verapaz.
  3. En el entretanto, las huestes del impresentable Joviel Acevedo, haciendo de las suyas en la Plaza de la Constitución. Y un daño irreparable (principalmente) a niñas y niños que a estas alturas ya deberían estar adentrados en el aprestamiento y el aprendizaje de la lectoescritura y las matemáticas.

Tan solo tres descarnados escenarios que a usted, presidente, le han venido guangos. ¿Sabe por qué? La respuesta es muy sencilla: la ética le vale un comino.

Finalmente le recuerdo: afrontó usted, desde su inopia académica, al país y al Gobierno que otorga los Premios Nobel. Todo por salvar el pellejo de sus familiares enjuiciados y el propio.

Así que, en aras del decoro, por favor, no nos siga avergonzando.

Por más que usted crea ser un ungido, no vendrá una muchedumbre de ángeles a sacarlo del atolladero.
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