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Tipo de Nota: 
Opinión
14 09 18

San Pedro Sula. Treinta y ocho grados centígrados a las 6:30 a. m.

Los Molinos de viento de Mägo de Oz suenan en los parlantes del Mitsubishi azul, que empieza a recorrer los 191 kilómetros que nos separan de La Ceiba.

Mis compañeros de viaje han recorrido esta ruta muchas veces. Tanto Sally como Rey son generosos en compartir su experiencia e historias en una carretera que deja atrás maquilas que son sinónimo de abusos laborales y grandes extensiones de palma africana, a las que suceden plantaciones de piña que se extienden hasta donde los ojos alcanzan, en las que seguramente son las tierras más fértiles del país, concesionadas a una multinacional. La carretera cruza también varios puentes sobre lechos secos de ríos que fueron desviados para alimentar esas plantaciones.

«It’s evolution, baby», dice irónicamente Eddie Vedder en el punto en que un resort remplazó el bosque y se impuso sobre varias comunidades garífunas para que turistas japoneses jueguen golf junto al Caribe.

Al llegar al destino, un letrero impreso sobre una cartulina rosa dice: «El silencio no es ausencia, sino presencia». Y solo puedo darle mucha razón al ver el Caribe y la gente que vive junto a él. La visita de campo incluye El Triunfo de la Cruz, una pequeña aldea garífuna junto al mar que le ha dado a Honduras algunos de sus mayores talentos en el futbol (razón por la cual la cancha es la infraestructura más grande de la población) y a la cual le cumple haber sido el primer punto de arribo de los españoles al continente y, por tanto, el primer lugar en que se celebró una misa católica («os dimos una lengua y una religión», decían en 1992 los que propugnaban aquello del encuentro de dos culturas, ¡ja!).

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De vuelta en la ciudad de Guatemala, luego de tres días, novecientos kilómetros y dos aeropuertos, empiezo mi informe de viaje escuchando Doomed, de Lola Pistola, publicado en Curfew (2017). Ese aire casi nostálgico de un relato sobre recuerdos y extraños cuchillos afilados dice mucho de la mujer que grabó su primer álbum luego de apartarse de AJ Dávila y nos recuerda que afortunadamente Puerto Rico no solo produce reguetón.

Organizo mis recibos y los pases de abordar y lleno las formas para liquidación de gastos. Mi informe de viaje hablará de zonas altamente concesionadas en las que campean la pobreza, el desempleo y la desnutrición, así como de un acuerdo gubernativo que declara secretos los estudios ambientales.

No hablará de las casi seis horas por día en carretera, de mi amor a primera vista con las montañas en Intibucá, de las conversaciones sobre Managua y Where the Streets Have No Name, de las sonrisas de la gente que organiza una radio en su comunidad ni de la hora del atardecer frente al mar en Tela, detalles superfluos que quedan mejor en esta breve crónica.

«It’s evolution, baby», dice irónicamente Eddie Vedder en el punto en que un resort remplazó el bosque y se impuso sobre varias comunidades garífunas.
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